Francisco Aguilar: sanar, conectar y cuestionar

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Mucho antes de que ser creador de contenido fuera una aspiración profesional, Francisco Aguilar ya experimentaba con las redes sociales como una herramienta de supervivencia.

“Empecé en 2013 para dar a conocer mi marca”, cuenta. La decisión no fue casual: vivir con síndrome de Treacher Collins —una condición genética y congénita poco conocida, que afecta el desarrollo de los huesos y tejidos de la cara— le cerró puertas laborales. 

“Mucha gente no me quería contratar… entonces dije: ¿cómo hago para que conozcan mi trabajo?”, cuenta el joven de cabellera platinada.

Lo que inició como un escaparate de moda pronto evolucionó. Su estilo personal llamó la atención de su audiencia, que pedía conocer más allá de las prendas. “Me decían: ‘tu forma de vestir es demasiado cool, enséñanos más’”, recuerda.

El momento determinante ocurrió durante la pandemia, cuando apostó por contenido más íntimo. “La moda puede ser superficial… yo quería conectar”, afirma. Así, comenzó a hablar de amor propio, espiritualidad y experiencias personales, un giro que detonó su crecimiento en plataformas como TikTok, donde supera los dos millones de seguidores.

Su autenticidad se convirtió en sello distintivo. “Yo no soy el típico borreguito que sigue tendencias… no me importa lo que digan los demás”, sostiene. 

Esa postura, especialmente en un entorno como Monterrey, donde persisten valores tradicionales y expectativas marcadas sobre la apariencia, el comportamiento y los roles de género, le permitió conectar con audiencias diversas. En una ciudad donde aún pesan las expectativas sobre mandatos sociales, como tener pareja o casarse, su propuesta resultó disruptiva.

“Salirme de esa ‘cajita’ fue lo que hizo que la gente se identificara”, reconoce.

Disciplina y estrategia

Aguilar enfatiza que su contenido no pretende sustituir la ayuda profesional. “No soy especialista en salud mental. Lo que comparto es mi manera de ver la vida”, aclara.

Sin embargo, reconoce el impacto de sus mensajes. “Hay gente que no sabía ni qué era mi síndrome… y ahora lo conocen. Eso ya es ganancia”, sostiene. 

La creación de contenido, advierte, dista de ser sencilla. Implica disciplina, estrategia y sacrificios personales. “Es muy fácil hacer un video viral, lo difícil es mantener a la gente contigo”, explica.

Su proceso creativo mezcla observación cotidiana y estructura narrativa. Cada video, dice, tiene intención: “Hay un gancho, un desarrollo, una conclusión… todo tiene un porqué”, dice.

En esa lógica, incluso los momentos difíciles se transforman en contenido. “Cuando no estoy bien, lo aprovecho… hablo de eso. Se vale no estar bien”, afirma.

Al final, el mensaje a sus millones de seguidores en redes sociales, es directo: romper con las expectativas sociales.

“Salgan de esa borregada, de esos estereotipos… sean ustedes mismos”, comenta.

Para Aguilar, ahí está la verdadera revolución digital: no en los números, sino en la capacidad de inspirar a otros a aceptarse tal y como son.

Formación y salto mediático

Antes de consolidar su voz en redes, Francisco Aguilar fortaleció su visión creativa con estudios en moda en Milán, una de las capitales internacionales del diseño. 

A su regreso participó en realities de moda —difundidos en plataformas como Sony y Netflix—, un entorno de alta exigencia creativa y exposición mediática. Esa experiencia no solo puso a prueba su talento como diseñador, sino también su capacidad para sostener una narrativa personal frente a la cámara.

Francisco afinó su criterio, desarrolló disciplina bajo presión y, sobre todo, entendió el valor de diferenciarse. Elementos que, tiempo después, trasladaría con naturalidad al ecosistema digital.

Claves de su contenido

  • Autenticidad sobre tendencias
  • Temas: amor propio, moda, espiritualidad y vida cotidiana
  • Diversidad de tonos: reflexión, humor y crítica social
  • Escucha activa de su audiencia
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