Karina Herrera: del dolor a la tanatología

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Cuando su padre murió, en julio de 2021, Karina Herrera ya había dedicado diez años al estudio de la tanatología. Aún así, experimentar el duelo personalmente fue muy diferente a conocerlo en teoría.

“Era como una nube, todo lo que había aprendido se me olvidó”, recuerda. Aquella experiencia terminaría marcando un antes y un después en su vida: el dolor la llevó a profundizar en su formación y a convertir la tanatología en su verdadera vocación.

Aunque había estudiado educación y una especialidad en consultoría familiar, durante mucho tiempo su vida estuvo centrada en ejercer el rol de esposa y madre de cuatro hijos. Cuando los hijos crecieron tuvo más tiempo libre y decidió cursar un diplomado de tanatología.

Continuó con una maestría y una certificación en tanatología, motivada por un interés creciente en comprender el proceso del duelo. Pero fue tras la muerte de su papá cuando decidió trabajar su propio proceso de forma más profunda y compartir lo aprendido con otras personas.

Hace cuatro años abrió una cuenta en Instagram (@kintsugitanatologia) donde publica reflexiones sobre pérdida, nostalgia y conciencia de vida. Al principio, admite, fue difícil. “No me gustaba hablarle a una cámara. Pensaba: ‘¿Quién soy yo para hablar de esto?’”. Con el tiempo encontró naturalidad frente al celular y comenzó a construir una comunidad donde actualmente se concentran más de 23 mil seguidores.

Más que buscar popularidad, dice, su mayor recompensa son los mensajes que recibe. “Hay mucha gente que se siente sola, que no tiene con quién hablar”, explica. Esa necesidad de ser escuchados es algo que también observa en sus sesiones de acompañamiento.

Vivir en el presente

En la tanatología, señala, no existen fórmulas rígidas. Cada duelo es distinto y cada persona necesita ser acompañada de manera diferente. Por eso, asegura, la herramienta más importante es la escucha.

“Muchas veces la persona solo necesita hablar y sentirse comprendida”, dice. Las sesiones suelen ser breves y se centran en ayudar a que quien vive una pérdida pueda reorganizar su vida después del dolor.

Lejos de enfocarse únicamente en la muerte, Karina asegura que la tanatología le enseñó algo más profundo: a vivir con conciencia. Despedirse con cariño, decir “te quiero” con frecuencia y estar presente con las personas que ama forman parte de esa nueva forma de mirar la vida.

“La vida se puede acabar en cualquier momento”, dice. Pero la clave, insiste, no es vivir con miedo, sino con atención. Para ella, acompañar el duelo también es una forma de recordar lo esencial: que las palabras, los gestos y el tiempo con quienes queremos importan hoy. 

Porque cuando llega la pérdida, asegura, lo que más pesa no es el dolor, sino los “hubiera”.

El arte japonés que inspira su proyecto

El proyecto de Karina toma inspiración del kintsugi, una técnica japonesa que repara piezas de cerámica rotas con resina mezclada con polvo de oro.

En lugar de ocultar las grietas, estas se resaltan.

La metáfora refleja su visión del duelo: después de una pérdida, las personas no vuelven a ser las mismas, pero pueden reconstruirse y encontrar nuevas formas de fortaleza y belleza.


Claves para acompañar en duelo

Para Karina, apoyar a una persona en duelo no requiere grandes discursos, sino sensibilidad:

  • Escuchar con atención.
  • Validar lo que la persona siente.
  • No juzgar ni minimizar el dolor.
  • Acompañar sin invadir.


Un don para compartir

Karina descubrió desde joven que tenía un don para escuchar y aconsejar a quienes necesitaban ser comprendidos. “Tengo muchos sobrinos y siempre venían a contarme lo que les pasaba: cortaban con su novio o su novia, tenían problemas… y yo escuchaba y ayudaba”, recuerda. Su voz dulce y su semblante tranquilo inspiraban confianza inmediata. Esa capacidad de acompañar siempre estuvo presente en su vida, y más tarde encontraría en la tanatología su camino profesional.

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