Dulces Montes: la historia que Juan Carlos Montes Johnston continúa

Una historia cocinada a fuego lento entre tradición familiar, innovación y el arraigo de todo un pueblo

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14 Min Lectura
Poncitlán despierta distinto.

Hay mañanas en que el aire se carga de un olor suave, tibio y re
conocible: la leche fresca y el azúcar transformándose lentamen
te en memorias. En la Plaza Principal, la gente comienza su ruti
na diaria, y entre calles transitadas de peatones y conversaciones audibles, se escucha la voz de una niña:

- Aaah, huele a Dulces Montes”

No es una frase extraordinaria. Es el día a día de los poncintlenses. No hace falta identificar de dónde proviene. No es de una cocina doméstica ni mucho menos de una panadería: viene de una historia que tiene hirviendo más de 80 años a fuego lento entre las calles del municipio. Es el olor del dulce de leche que se respira, se vive y se hereda. Es sentido de pertenencia de la gente. Desde 1938, Dulces Montes está marcando pauta en la historia de Poncitlán, pero no desde un sentido económico, como fabricante de caramelos y chocolates, sino desde la tradición y el legado.

Hoy, bajo la dirección de la segunda generación, Juan Carlos Montes Johnston, esa historia sigue creciendo sin renunciar a las recetas tradicionales que la hicieron posible: un equilibrio entre lo artesanal y una visión moderna.

DE LO AMARGO A LO DULCE

Corrían los años treinta cuando Don Miguel Montes Castellanos, recién casado, comenzó a trabajar con su padre. Poco después, una diferencia entre ambos lo dejó sin empleo y con la incertidumbre de quien apenas empieza a construir una vida. Entonces apareció su madre. Con 500 pesos y una pequeña casa, le dio algo más que ayuda: una oportunidad.

Don Miguel la tomó. Compró un cazo de cobre, leña, leche, azúcar y algunas especias. Con eso bastó para encender una apuesta improbable que, sin saberlo, comenzaba a cocinar una historia de casi nueve décadas. Ese 15 de julio de 1938 en Poncitlán, México quedó marcado. Emprendió un proyecto como productor de dulce de leche en la cochera de su casa.

“Y empezó a hacer sus primeras máquinas; las hacía él de madera prácticamente, muy rústicas. Después ya pudo comprar unas inglesas que eran de segunda mano; con eso empezó ya a automatizar la planta”, expresa Juan Carlos al platicar sobre el desarrollo de Dulces Montes.

EL SALTO

El verdadero salto fue con el ingenio de Don Miguel en su máxima expresión. Estaba creciendo; con sus visitas constantes en tren a Guadalajara logró cubrir el mercado local como único vendedor. Pero tenía la ambición de crecer y entonces se le ocurrió una idea simple pero brillante.

“Fue a la oficina de correos del pueblo y le dice al señor, quien era su compadre, ‘Oye, pásame un listado de las poblaciones de arriba de 10 mil habitantes y quién es el administrador’. Le pasó la lista de los administradores y a cada uno le mandó una caja de dulces de leche con una carta comentando que si les gustaba el producto lo recomendaran con los principales comerciantes de su pueblo”.

Y así, Dulces Montes comenzó a posicionarse en la industria del dulce. De voz en voz, de muestra en muestra, los pedidos llegaron y la empresa empezó a funcionar a escala mayor hasta posicionarse al día de hoy como la marca de dulces de leche líder en México y el fabricante con mayor crecimiento en el sector mayoreo en los últimos 5 años.

GRUPO EMPRESARIAL 

Dulces Montes fortalece su operación a través de empresas
especializadas que forman parte de su integración vertical y es
tructura empresarial:

● Corosa: Fabricación de material de envolturas
● Chocofi: Fábrica de chocolates y confitados
● D’Consumo Compañía especializada de productos
al consumo
● Rancho La Manga: Producción de leche

A FUEGO LENTO

Crecer entre los pasillos de Dulces Montes significó para Juan Carlos Montes Johnston entender, desde muy temprano, que una empresa familiar no sólo se hereda: se aprende. Antes de asumir la dirección general, su historia con la compañía había comenzado décadas atrás, a los 7 años, por lo que ya conocía el ritmo de trabajo de la fábrica.

Más tarde vendrían los estudios y la especialización en alimentos, confitería y chocolatería en varias partes del mundo. Antes de dar el paso en la empresa familiar, adquirió experiencia empresarial propia y una preparación silenciosa que, sin saberlo, lo estaban alistando para tomar la batuta.

“Por cuestión de la vida llegué a ser director general de Montes y compañía, y representa un gran honor para mí el legado que dejó mi papá para darle seguimiento y representar a la familia Montes”, comparte. Desde que se incorporó, su objetivo ha sido crecer y posicionar la marca de manera internacional, dando como resultado el ingreso a diez países más en los últimos tres años.

La innovación es una constante, pero lo es también honrar sus cimientos productivos, así como continuar el legado social de su padre, al impactar directamente en el desarrollo de la población de Poncitlán. “En aquel entonces, en ese ir y venir de mi padre, le decían que por qué no se traía la planta a Guadalajara y él dijo: ‘No, yo a mi gente no la voy a dejar sin trabajar; ellos tienen una calidad humana increíble’”.

En ese momento, era la única fábrica de la región que daba empleo a los obreros por lo que su existencia marcó un antes y después, generando un cariño en su gente que hasta la fecha permanece. Por lo tanto, el liderazgo de Juan Carlos va más allá de estrategias operativas, al igual que su padre y sus hermanos, prevaleciendo el factor humano como eje de cada decisión.

EVOLUCIÓN Y TRASCENDENCIA

Aunque reconoce que la responsabilidad final recae sobre sus hombros, asegura que el rumbo de la empresa nunca se define desde la imposición ni la prisa, sino desde la escucha y el consenso. “Preguntamos, analizamos y escuchamos a la gente involucrada y eso me ha llevado a tomar decisiones acertadas. Una decisión no se debe tomar de inmediato”.

Esa filosofía se ha puesto a prueba desde el momento en que asumió la dirección en uno de los momentos más complejos que vivió la industria empresarial: la pandemia por COVID-19. Mientras otras compañías, para sobrevivir, integraron estrategias como ofertas extraordinarias o disminución de sus equipos, él apostó por proteger el corazón de la empresa.

“Aguantamos y cuando el mercado se reabre, otros tenían saturados sus mercados porque daban muchas ofertas, había presión y para arrancar a un nivel óptimo les tomó hasta 2 años. Nosotros no, arrancamos como si nada”. La estrategia resultó acertada y su mercado estaba libre retomando la marcha de inmediato con un crecimiento que terminó por duplicarse en los años posteriores.

Juan Carlos entiende que una compañía no se sostiene únicamente por sus números, sino por las personas que la construyen todos los días. Esa convicción también se refleja en una práctica poco común: cuando algunos colaboradores llegan a la jubilación, lejos de cerrarles la puerta, Dulces Montes los incorpora como asesores y formadores de nuevas generaciones.

De esta manera, preservan una experiencia que para él sería imposible reemplazar. Es, quizá, la forma más fiel de honrar el principio que heredó de su padre: crecer sin dejar a nadie atrás. Así, la esencia de la empresa no sólo está en las fórmulas de sus productos, sino en el equilibrio entre tradición, visión y humanidad.

COMPROMISO SOCIAL 

Más allá de su crecimiento empresarial, Dulces Montes ha impul
sado durante años distintas iniciativas sociales, educativas, de
salud y deportivas orientadas al desarrollo de niños y jóvenes,
reafirmando su compromiso con las comunidades y familias que
han formado parte de su historia.

PUNTO EXACTO

Dulces Montes fue la marca pionera en caramelos de leche en México, conocidos como Caramelos Tomy. Ocho décadas después, su portafolio se traduce en 25 marcas y más de 200 productos. Con 88 años en la industria de confitería y chocolate, entre caramelos suaves hasta chiclosos, la innovación es una constante, pero lo es también perfeccionar la tradición.

El principal diferenciador proviene de uno de sus mayores secretos revelados desde el origen: la leche. Esta llega fresca, directamente de los establos, para incorporarse de inmediato a un proceso de pasteurización y transformación para conservar sus propiedades y, por supuesto, su sabor.

Partiendo de esta idea de preservación de la pureza original de los ingredientes, que en su mayoría son locales, se han convertido en un referente al sostener fórmulas rústicas perfeccionadas con tecnología moderna; recetas heredadas que hoy conviven con sistemas automatizados para la demanda internacional sin comprometer la calidad.

Esa consistencia ha permitido que una marca nacida en Poncitlán trascienda fronteras. Tan solo en los últimos tres años, Dulces Montes ha ingresado a diez nuevos mercados internacionales, consolidando su presencia en países donde la exigencia del consumidor obliga a sostener estándares cada vez más rigurosos.

Lejos de adaptar una calidad para exportación y otra para el mercado nacional, la filosofía permanece intacta: ofrecer exactamente el mismo nivel de excelencia sin importar el destino. La visión de Juan Carlos permitió que en tan solo cuatro años y medio se lograra duplicar los resultados, apostando por decisiones estratégicas y sostenibles.

Parte de esa evolución también reside en mantenerse a la vanguardia. Mientras la tradición permanece intacta en la fabricación, la tercera generación ha comenzado a redefinir la conversación digital de la marca a través de estrategias de branding y redes sociales que conectan con diferentes generaciones para acercar a nuevas audiencias.

EL ÚLTIMO TOQUE

Dulces Montes produce más de 4 mil toneladas mensuales de dulces a través de sus ocho plantas productivas ubicadas en Poncitlán, Tlajomulco de Zúñiga y Guadalajara. Su capacidad de evolución y sostenibilidad ha dado como resultado su posicionamiento en el sector empresarial, pero el verdadero impacto radica en el desarrollo social y económico especialmente de Poncitlán.

Su historia se ha ido cocinando a fuego lento bajo la visión de la familia Montes y el esfuerzo de sus colaboradores, pero hay un ingrediente igual de esencial que es la comunidad que rodea a la fábrica. Los habitantes forman parte de la línea del tiempo de la empresa, así como la marca se ha vuelto inseparable de la memoria colectiva de Poncitlán.

Desde sus inicios, han impulsado distintos proyectos sociales priorizando no sólo su propio desarrollo, sino el de toda la región. Desde programas de bienestar para sus colaboradores como el programa de apoyo escolar anual hasta la colaboración y patrocinio en causas deportivas y recreativas, el principal ingrediente de la receta original de su fundador, Don Miguel Montes Castellanos está inmortalizado: “La gente es primero”.

Más allá de su amplio portafolio, Dulces Montes es un legado que ha endulzado la memoria de generaciones enteras de todo un país. Fiel a sus recetas y cercana a su gente, es un referente de calidad, pero también un símbolo de identidad para Poncitlán, una historia compartida que sigue escribiéndose.

25

200

12

8

+4 MIL

49%

30%
marcas

productos

países en los que tiene presencia

plantas de producción

toneladas mensuales de dulces

de participación en caramelos con Damy y Tomy

de participación en suaves con Surtidos Montes, Súper Natilla, Ricos Besos, Cachitos y Vainilla Caramel

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