En 1943, mientras Monterrey comenzaba a consolidarse como una ciudad industrial, Bernardo Elosúa Farías puso en marcha una empresa con una misión clara: proteger y decorar superficies. Quién diría que aquella compañía fundada con principios y valores, como la calidad y el compromiso social, terminaría convertida en una de las marcas mexicanas más sólidas de la industria de pinturas.
Más de ocho décadas después, Grupo Berel está a punto de vivir un nuevo capítulo en su historia: participar como World Cup Host City Supporter de Monterrey rumbo a la Copa Mundial de la FIFA 2026™.
Para Bernardo Elosúa Robles, director general y tercera generación de la familia fundadora, esta participación representa mucho más que un patrocinio deportivo. Se trata de una oportunidad para mostrarle al mundo el carácter de la ciudad que vio nacer a la marca.
“Somos orgullosamente regios y queremos a nuestra ciudad. Creemos que es un gran evento que puede difundir nuestra marca, pero además lo que se está haciendo dentro del patrocinio es mejorar zonas y darle color, que es realmente a lo que nos dedicamos”, explica.
La conexión entre Berel y Monterrey no es casual. Desde sus orígenes, la empresa ha crecido de la mano de la ciudad y de su gente. Lo que comenzó como una marca regional, ahora es una compañía con presencia nacional, que exporta a Estados Unidos y se ha diversificado hacia nuevas categorías como impermeabilizantes, aerosoles, recubrimientos industriales y productos para madera.
EL PESO DEL APELLIDO
Bernardo es el presidente del consejo de la empresa que lleva las primeras letras del nombre y apellido de su abuelo; mismo que comparte, y que, con el paso de las décadas, se convirtió en una de las marcas más reconocidas del país. Sin embargo, habla del tema con serenidad, más desde la responsabilidad que desde el protagonismo.
“Me tocó con esa suerte”, dice. “Pero también tengo primos que participan en la empresa. Hoy me toca liderarla, pero mi abuelo nos dejó una educación y una enseñanza de buscar hacer lo mejor, hacer el bien y ser emprendedores”, añade.
La transición de Berel hacia una compañía de alcance nacional, también obligó a evolucionar internamente. Lo que antes se transmitía de manera natural dentro de la familia, el reto ahora es dejarlo establecido como parte de la identidad institucional.
“Las reglas no escritas” —como él mismo las llama— se transformaron en una cultura corporativa visible para todos los colaboradores.

“Antes muchos de los grandes empresarios enseñaban con el ejemplo. Hoy tenemos que asegurarnos de que esos valores permanezcan, esté quien esté al frente”, sostiene.
Esa visión ha permitido que la empresa conserve un sello profundamente humano, aun en medio de su crecimiento.
El respeto, insiste, sigue siendo uno de los principios. Respeto al consumidor, al colaborador, a la comunidad y también a la palabra empeñada.
“No se trata solamente de vender pintura. Se trata de cumplir lo que prometes”, advierte Bernardo.
MÁS QUE FUTBOL
En una ciudad donde el futbol se vive con intensidad, Berel encontró desde hace años una forma natural de conectar con la comunidad. La empresa ha patrocinado tanto al Club Tigres como al Club de Futbol Monterrey, más conocido como Rayados, una decisión que, lejos de generar divisiones, busca cercanía con toda la afición regiomontana.
“La plaza es futbolera. La afición es tigre o rayada y los consumidores son de los dos, entonces vamos con los dos”, comenta entre risas.
Rayado de corazón —“nunca dejaré de ser rayado”, admite— recuerda que su afición nació junto a su padre, quien lo llevaba constantemente al estadio y a los juegos de los Sultanes.
“Mi papá era muy aficionado al deporte. Íbamos mucho al estadio y eso se vuelve un vínculo que se queda para siempre”, señala.
Dentro de su propia familia, admite que conviven seguidores de ambos equipos.
“Tengo hijos tigres y tengo hijos rayados”, cuenta. “Creo que todos queremos ganar, pero lo importante es saber competir”.
Esa filosofía dio origen a una de las campañas más representativas de la marca: “Pasión y Paz en el Futbol”, una iniciativa que promueve la convivencia sana entre aficiones y que ahora cobra todavía más sentido ante la llegada del Mundial.

“Queremos mantener a las familias en el escenario del futbol y dejar claro que la rivalidad debe existir en la cancha”, señala. “La pasión y la paz pueden coexistir”.
La campaña incluso reunió a representantes de Tigres y Rayados para combinar los colores de ambos equipos en una playera simbólica de Monterrey. Así se envió un mensaje fraterno, en el contexto de una ciudad marcada por una de las rivalidades deportivas más intensas del país.
Para Elosúa Robles, el futbol también tiene un componente aspiracional, especialmente entre los jóvenes.
“Cuando un niño se hace aficionado a un equipo, normalmente tiene que ver con una etapa feliz de su vida. El deporte genera recuerdos, identidad y ganas de superarse”, opina.
UNA CIUDAD QUE RESPIRA FUTBOL
Monterrey volverá a colocarse en el mapa mundial en 2026. Y aunque la ciudad ya cuenta con experiencia mundialista desde México 86, la expectativa ahora es distinta.
“El BBVA (llamado Monterrey, para efectos de la justa deportiva) es hermoso”, dice sobre el estadio sede. “Como ciudad tenemos una gran oportunidad de destacar como afición y con los servicios que ofreceremos”, agrega.
Para Berel, el Mundial representa mucho más que semanas de actividad turística o partidos internacionales. Es la posibilidad de proyectar la identidad regiomontana hacia millones de personas alrededor del planeta.
“Queremos que el mundo conozca a Monterrey y a su gente trabajadora”, afirma.
Pero la apuesta de la marca no se limita a la visibilidad. Como parte de su participación como Host City Supporter, la compañía trabaja en proyectos de intervención urbana, recuperación de espacios y creación de murales que permanecerán mucho tiempo después de que termine el torneo.

Más de mil 200 viviendas y alrededor de 30 murales forman parte de este esfuerzo que busca transformar el entorno mediante el color y el arte urbano.
“La creatividad de los muralistas ha logrado esa vinculación entre ciudad, futbol y color”, explica.
La intención es que el visitante encuentre una ciudad viva, renovada y orgullosa de sí misma. Que el legado del Mundial no desaparezca cuando termine el último partido.
“El Mundial dura unas semanas, pero las intervenciones urbanas permanecerán durante años”, comenta Bernardo.
En distintas zonas de Monterrey, las fachadas comienzan a llenarse de color y referencias ligadas a la cultura local y a la pasión futbolera.
“Queremos dejar un entorno urbano mejorado, lleno de color, como testigo de identidad y unión de la ciudad”, afirma.
INNOVAR PARA CRECER
La innovación también ha sido parte esencial de la evolución de Berel.
Uno de sus desarrollos más importantes, en años recientes, es Berelex Green, considerada la primera pintura ecológica en México y reconocida internacionalmente, en el 2024, por el organismo R&D 100 Awards, conocido como “el Oscar de la innovación”, donde compitió junto a compañías globales y organismos como la NASA.
Actualmente, más del 80 por ciento de las ventas de la empresa corresponden a productos eco confiables,con certificaciones internacionales.
“Estamos en una industria que puede ser considerada poco amigable con el planeta, pero todos vamos aprendiendo cómo ser cada vez más sostenibles”, explica. “La innovación constante es uno de nuestros pilares”.
Para Bernardo, el talento humano es una de las grandes fortalezas de la compañía y también una muestra de la capacidad que tiene Monterrey para competir a nivel global.
“Ojalá más empresas mexicanas se animaran a participar en concursos internacionales de innovación. Monterrey tiene la capacidad de liderar muchas cosas en el mundo”, advierte.
Ese mismo espíritu de evolución ha llevado a la empresa a fortalecer programas de responsabilidad social, apoyo a escuelas, becas estudiantiles, organizaciones civiles y proyectos para personas con discapacidad visual.
“El consumidor también forma parte de estas causas cuando elige Berel”, señala. “A veces no puede llegar directamente a ellas y nosotros funcionamos como un vehículo”.
EL COLOR DE LA MEMORIA
Cuando se le pregunta qué recuerda del Mundial de México 86, Bernardo Elosúa Robles responde de inmediato: el partido entre México y Alemania en el Estadio Universitario.
“Ahí lo vivimos”, dice con una sonrisa.
Cuatro décadas después, Monterrey volverá a ser sede mundialista y Berel estará ahí, como una marca local que participa en uno de los eventos más importantes del planeta.

“Cuando nos invitaron, la respuesta fue buscar el cómo sí”, recuerda. “Claro que hay presupuestos y limitaciones, pero había que estar”.
Porque, al final, la historia de Berel también es la de una ciudad marcada por sus raíces, por su capacidad de reinventarse y por el carácter trabajador de su gente.
El mensaje de Bernardo para los anfitriones regios es claro. “Que lo disfruten. Que sean apasionados en el juego, pero pacíficos en las calles”, recomienda.
Monterrey se prepara así para mostrarse ante el mundo no solo como sede mundialista, sino como una ciudad donde el futbol forma parte de su identidad y donde el color se convirtió en una expresión del orgullo regiomontano.

