Desde pequeña, Emily Cinnamon Álvarez ha vivido de cerca la disciplina, la exposición pública y un legado deportivo que pocos conocen desde dentro. Sin embargo, lejos de definirla por un apellido, hoy encuentra en la equitación, en la calma y en los sueños que persigue el espacio donde fortalece su identidad y construye una historia sostenida por su propio esfuerzo.
Entre el ritmo acelerado de la vida pública y las expectativas que la rodean, encontró en los caballos un refugio. Un lugar donde solo existen ella como jinete y su caballo; uno de los vínculos más importantes de su vida.
“Cuando estoy en los caballos es como mi lugar, donde sé que puedo ser yo y hacer lo que me gusta; es donde estoy rodeada de la energía que me gusta tener en mi vida. Cuando estoy arriba del animal, siempre es el caballo y yo”, comparte.
Inicios, equinoterapia y la pasión por el salto
Después de trece años dentro de la equitación, sigue regresando a la pista con la misma emoción del primer día. La historia comenzó cuando tenía apenas seis años. Muy pronto desarrolló una fascinación por los animales, particularmente por los caballos, presentes incluso incluso en sus dibujos. Fue entonces cuando su mamá tomó la decisión de acercarla a ese mundo e inscribirla en clases de equinoterapia.
“Ahí empiezo a convivir y conectar con los caballos. Con el tiempo, yo ya me había enamorado de estar alrededor de ellos. Hubo un momento en que cerraron el hípico donde estaba y yo pedí seguir montando. Con el apoyo de mi papá, entré a otro espacio donde daban clases de volting y de salto”.
Al principio, alternó ambas disciplinas, pero el salto terminó por ganarse su corazón. “Empiezo a concursar y a saltar y yo me preguntaba: ‘¿De que me perdí todo el tiempo?’. O sea, me di cuenta que eso era lo que me gustaba, porque yo era muy hiperactiva; entonces esto era una dosis de muchísima adrenalina. Hasta la fecha, cuando me bajo del caballo, sigo temblando por la adrenalina y es un sentimiento inexplicable”.
Con el tiempo, la equitación dejó de ser únicamente un deporte para convertirse en una extensión de su vida. Trece años después, su pasión fue más allá y terminó transformando no sólo su manera de crecer, sino que también forjó buena parte de su carácter. Para Emily, cada vez que monta, el resto del mundo desaparece. En ese instante covergen la concentración, la confianza y la adrenalina que antecede a cada salto. Es una disciplina que le exige, pero que también le recuerda el por qué se enamoró de ello.
Los retos del camino

En cualquier disciplina, la trayectoria de un deportista rara vez es lineal, y la de Emily no fue la excepción. Recuerda especialmente una serie de lesiones, sumada a momentos de incertidumbre, falta de motivación y demanda académica que la llevaron a retirarse temporalmente de la equitación.
Dos años después, Emily ganó el primer lugar en su primer torneo de retorno, pero una paradoja se hizo presente: su ilusión parecía haberse apagado y como si no fuera suficiente, el destino decidió ponerla a prueba. Una caída aparatosa le zafó la clavícula, forzándola a un nuevo periodo de inactividad y sembrando en ella una incertidumbre que parecía inevitable: ‘Esto no es para mí’, se repetía.
esde pequeña, Emily Cinnamon Álvarez ha vivido de cerca la disciplina, la exposición pública y un legado deportivo que pocos conocen desde dentro. Sin embargo, lejos de definirla por un apellido, hoy encuentra en la equitación, en la calma y en los sueños que persigue el espacio donde fortalece su identidad y construye una historia sostenida por su propio esfuerzo.
“Es un tema de calma, siento que cuando estoy en los caballos es como mi lugar, donde sé que puedo ser yo, donde sé que estoy haciendo lo que me gusta, que estoy rodeada de la energía que a mí me gusta tener en mi vida. Cuando estoy arriba de un caballo siempre es el caballo y yo. No existe nadie más.”
Al volver a intentarlo, un segundo accidente fracturó su codo. “Entonces yo dije: ‘¿Sabes qué? No’, recuerda. “Pasa el tiempo, venden mis caballos y mi papá me regala a los que tengo ahorita”. Fue en ese punto de quiebre donde ocurrió la transformación. Emily recuperó la confianza y comprendió el sentido de los tropiezos previos, recordando la razón que la había llevado a enamorarse de estre deporte, siendo clave para pisar con firmeza hasta la fecha.
“Siento que la lección que me dejaron todas estas situaciones que yo tuve en tan poquito tiempo fue que a veces lo que esperamos no viene cuando nosotros lo queremos, sino cuando nosotros estamos listos y estamos preparados para recibirlo. Entonces, siento que eso fue lo más impactante que tuve que vivir para poder darme cuenta que uno tiene que ser paciente, pero seguir persiguiendo los sueños”.
Esa experiencia cambió su manera de entender la equitación: no se trata únicamente de competir o conseguir resultados, sino de aprender a levantarse, confiar nuevamente y seguir adelante.
Una historia propia

Desde pequeña, Emily ha aprendido a convivir con una realidad donde muchas miradas llegan antes que las palabras. Ser parte de una familia reconocida dentro del deporte le permitió conocer de cerca una mentalidad de alto rendimiento, pero también entender que ningún legado se sostiene por sí solo. Para ella, heredarlo no significa cargar con una etiqueta, sino asumir una responsabilidad: la oportunidad de tomar aquello que ha aprendido y transformarlo en algo que lleve su propia esencia.
Yo siento que puedes estar rodeado de un legado increíble e impresionante, pero al final de cuentas el que tiene que seguir con ese legado es uno mismo. Todos los días tienes que levantarte y construirlo. No nada más porque alguien ya es lo mejor de lo mejor significa que tú eres lo mejor de lo mejor; esa persona trabajó, se sacrificó, perdió y ganó para estar donde está”.
Más que buscar compararse con una historia previa, quiere que sus logros tengan un significado personal y sean resultado de sus propias decisiones. Esa misma búsqueda de construir una identidad propia también se refleja en la manera en que Emily decide mostrarse ante los demás. Aunque ha crecido cerca de los reflectores, siempre ha valorado los espacios donde puede ser simplemente ella: una joven que disfruta estar con su familia, salir con amigos, descubrir nuevos intereses y vivir momentos lejos de cualquier expectativa externa.
Durante mucho tiempo mantuvo sus redes sociales privadas. Para ella, compartir su vida no era una necesidad, sino una decisión que debía tomar cuando se sintiera lista. “Yo siempre viví un poquito alejada de todo eso. Siempre viví un poquito alejada de que ‘ay, tienes que subir una foto cuando hayas acabado’. Entonces cuando abrí mi cuenta y vi todo lo que estaba pasando, fui viendo qué sí quería dar a conocer y qué no quería dar a conocer”.
Con el tiempo encontró una forma de utilizar sus plataformas para mostrar su verdadera esencia. No solamente es la joven que monta a caballo o que aparece en las noticias de los medios, sino alguien con gustos, rutinas y momentos propios. “Quiero que la gente vea que aquí también soy una persona normal. Yo también salgo, voy por un café, voy a comer, voy al súper. Somos personas normales”.
El próximo salto

Además del deporte, Emily ha encontrado en la moda otra forna de expresarse: un lenguaje donde puede experimentar, jugar con su estilo y mostrar una faceta distinta a la que muchos conocen. Incluso, destaca su participación con otras marcas, así como pasarelas, entre ellas Paris Fashion Week 2026. Sin embargo, más allá de una imagen, lo que Emily busca es seguir construyendo una personalidad que represente quién es realmente.
Hoy, con 18 años, comienza una etapa donde sus intereses empiezan a tomar forma. La equitación seguirá siendo una parte fundamental de su vida, pero también visualiza un futuro donde pueda combinar sus pasiones con una visión empresarial. Su objetivo es prepararse, crear proyectos propios y convertirse en una mujer capaz de liderar, tomar decisiones y abrir caminos desde su propia perspectiva.
“No quiero ser una mujer de un solo negocio. Sé que quiero poder abrir un poco más el panorama en los jóvenes, enfocarme en muchas de esas cosas, pero sí conectando con el mundo que conozco, que es el de los caballos”.
Para Emily, el liderazgo significa construir con preparación, autenticidad y propósito. Se trata de confíar y avanzar hacia el siguiente salto. Porque la historia que quiere escribir apenas comienza. Una donde sus raíces forman parte de su esencia, pero sus decisiones, sus sueños y su carácter serán los que definan hasta dónde puede llegar.
Detrás de la pista

Desde afuera, la equitación muestra una faceta sofisticada: caballos impecables, uniformes cuidados y escenarios perfectamente calculados. Sin embargo, detrás de cada salto existe una historia que pocas veces se ve: horas de entrenamiento, esfuerzo físico, días difíciles, caídas que duelen y la disciplina, un pilar fundamental para lograr grandes resultados. Esa combinación entre elegancia y exigencia es precisamente lo que ha hecho que este deporte se convierta en una parte esencial de su vida.
Más allá de los resultados, la equitación ha influido mucho en la construcción de la persona que es hoy. “Me ha forjado como persona. Me ha visto crecer, y ha estado en mis momentos buenos y malos. Siempre ha sido un apoyo muy grande para encontrarme a mí misma y ser la mujer que soy. Porque también, cuando son los días libres de entrenar, lo uso para meditar. Siento una conexión muy fuerte con mi caballo, y es donde me relajo y empiezo a obtener mis respuestas”.
Entre caídas, competencias y aprendizajes, Emily encontró en la pista una escuela de constancia, paciencia y fortaleza; valores que hoy también la compañan fuera del mundo ecuestre.
Valores que permanecen

La equitación le enseñó a Emily que ningún resultado llega por casualidad, pero esa forma de entender el esfuerzo no nació únicamente dentro de una pista. Creció en un entorno familiar con una mentalidad donde la constancia, la preparación y el compromiso no eran solo valores, sino una forma de entender la vida para alcanzar cualquier objetivo.
“Siento que siempre es perseguir los sueños, ¿no? Porque todos los días es un pasito más para conseguirlos. Y si hoy me levanto con el 20% de mi energía, pues ese es mi 100%. Entonces, explotar ese 100% de hoy”.
Esa mentalidad es una de las mayores enseñanzas que reconoce de su familia: comprender que el esfuerzo es personal y que los resultados se construyen con paciencia. Una filosofía que también aplica en la equitación, donde no basta con tener talento; se necesita paciencia, compromiso y voluntad.
“La disciplina ha sido lo que más me han inculcado en la vida”, comparte Emily. “Siempre tiene que existir disciplina en cualquier hábito, en cualquier cosa que haga”.
Hoy, esos principios siguen guiando la manera en que enfrenta cada reto. Formar parte de una familia reconocida dentro del deporte le permitió conocer de cerca una mentalidad de alto rendimiento, pero también entender que ningún legado se sostiene por sí solo.
“Quiero lograr muchas cosas por mi nombre, por mi esfuerzo, por mi disciplina y por mis propios sacrificios”
¿Quién es Emily?

- Sus momentos de calma: Disfruta los espacios tranquilos, pasar tiempo consigo misma, con familia y amigos, así como desconectarse.
- Su lugar favorito: La pista y los caballos son su refugio donde encuentra concentración, equilibrio y conexión personal.
- Disciplina diaria: Además de entrenar equitación, mantiene hábitos como el ejercicio, una alimentación balanceada y hábitos saludables.
- Una nueva faceta: La moda llegó como una oportunidad inesperada: ha participado en sesiones y eventos como el Paris Fashion Week, aunque su camino principal sigue estando en sus propios proyectos.
- El futuro que quiere construir: Una vida donde pueda unir sus pasiones con su visión empresarial: crear proyectos propios, abrir nuevos caminos y construir un nombre que lleve su sello.
A veces lo que esperamos no viene cuando nosotros lo queremos, sino cuando nosotros estamos listos y estamos preparados para recibirlo”


