ENTREVISTA: Bertha Wario · Constance Cifuentes · Nidia Martínez
FOTOGRAFÍA: Daniel Arroniz y Alejandro Almaraz
DISEÑO: Armando González y Carlos Lemus
BTS: Lily Quirino
En 1986, Saltillo vivió algo que parecía improbable para una ciudad industrial del norte del país: convertirse en el hogar temporal de selecciones internacionales durante la mayor fiesta del fútbol mundial.
Inglaterra entrenaba en la Sección 38. Portugal se instalaba entre Saltillo y Arteaga. Los hoteles Camino Real y La Torre recibían figuras que millones de personas veían en televisión. Mientras la ciudad observaba con asombro la llegada de jugadores, periodistas y aficionados extranjeros, pocos imaginaban que, cuatro décadas después, volvería a formar parte de una conversación global ligada al fútbol.
La diferencia es que hoy Saltillo ya no es aquella ciudad rodeada de campos de tierra y operaciones improvisadas. Es una ciudad que ha crecido, que ha fortalecido su identidad turística y que comienza a comprender el alcance del deporte como motor de proyección internacional.
Pero entre ambas épocas existe un hilo conductor: personas que entendieron que el deporte también puede construir comunidad, identidad y visión de ciudad. Y en esa historia aparecen tres nombres fundamentales: Hernán Garza, Alejandro Hütt y Javier Díaz.

Hernán Garza, entre dos mundiales
Memorias de 1986
Hablar de Hernán Garza es hablar de una de las figuras más importantes en la organización de eventos deportivos en el norte de México.
Director del Abierto GNP Seguros y una de las figuras más reconocidas en la organización de eventos deportivos en el norte del país, Hernán Garza fue pieza clave en la coordinación logística de la sede regiomontana durante el torneo de 1986. Pero aquella historia también pasó por Saltillo: varias selecciones internacionales se hospedaron y entrenaron en territorio coahuilense.
“Portugal se quedó en la capital de Coahuila, Inglaterra también, y entrenaban en Arteaga y San Antonio de las Alazanas”, recuerda.
La logística de aquella época era completamente distinta. No existían redes sociales, monitoreo en tiempo real ni sistemas digitales de coordinación. Todo dependía del criterio humano, de llamadas telefónicas, planeación manual y capacidad de reacción.
Aun así, el evento funcionó. Hernán recuerda especialmente la preocupación de los saltillenses por los llamados “hooligans” ingleses, cuya reputación precedía a la selección británica. Había tensión. Había incertidumbre. Pero nada ocurrió. Saltillo respondió con hospitalidad.
En aquel entonces, el fútbol todavía era un evento de jugadores conviviendo con familias, entrenamientos abiertos y figuras internacionales caminando por espacios que hoy parecerían impensables para selecciones de élite.
“No había temor. Había entusiasmo”, sintetiza Garza.

Alejandro Hütt y la evolución del fútbol global
Cuando el fútbol tocó la ciudad
En la década de los 80, el deporte todavía no estaba blindado por protocolos, zonas exclusivas o estructuras multimillonarias. Hoy sí, y es ahí donde aparece otra figura clave para entender esta transición: Alejandro Hütt.
Es el Host City Manager de Monterrey rumbo al torneo internacional de 2026, pero en 1986 era apenas un adolescente que comenzaba a descubrir cómo funcionaba un evento deportivo de escala global.
Gracias a la relación de su padre con Hernán Garza, terminó involucrándose en la operación local como coordinador de estadísticas.
Sin saberlo, estaba observando desde dentro una maquinaria en la que décadas después le tocaría coordinar.
“Marcó mi vida. Fue lo que me motivó a trabajar en esta industria”, reconoce Hütt.
Su historia ayuda a entender cuánto ha cambiado el fútbol. Hace cuatro décadas, el reto principal era mover selecciones entre ciudades y resolver imprevistos de manera artesanal. En esta ocasión, la operación involucra seguridad, movilidad, experiencia turística, coordinación internacional, transporte, patrocinadores y miles de voluntarios.
Pero hay algo que permanece intacto: el deseo de que las ciudades anfitrionas y subsedes se luzcan frente al mundo.

Javier Díaz: del sueño olímpico al futuro de Saltillo
De lo local a lo internacional
Mucho antes de encabezar el gobierno de Saltillo, Javier Díaz González entendió que la disciplina no es únicamente una herramienta deportiva; es una forma de construir los cimientos de la vida.
Esa idea comenzó a tomar forma en la alberca del Molino de La Aurora, donde pasó gran parte de su infancia entrenando como muchos otros niños de la ciudad.
Lo que inició como clases de natación terminó en una obsesión silenciosa por mejorar y exigirse más. A los 11 años dijo en una entrevista que quería representar a México en unos Juegos Olímpicos, lo que ya hablaba de su pasión y dejaba ver la dimensión de su ambición deportiva.
Sonaba imposible: un joven saltillense, lejos de las grandes potencias deportivas, apostando por una disciplina tan demandante como la natación.
Pero Javier aprendió pronto que los sueños grandes no se alcanzan de una sola vez. Primero buscó ser el mejor de Saltillo, luego de Coahuila y después abrirse camino a nivel nacional.
La constancia terminó marcando el camino.
La natación también le enseñó algo que todavía hoy repite con convicción: antes de que el cuerpo se rinda, suele hacerlo la mente.
Esa preparación mental fue la que lo llevó a representar a México en Sídney 2000 y Atenas 2004, experiencias que terminaron moldeando su manera de entender el esfuerzo, la presión y el orgullo de representar a México frente al mundo.
Comenta que hay una imagen que conserva intacta: caminar hacia el estadio olímpico mientras anuncian a México frente a miles de personas.
“Ahí entiendes que todo valió la pena”, recuerda.
El legado que busca construir Saltillo rumbo al Mundial 2026
La ciudad que quiere dejar legado
Quizá por eso, cuando habla del momento que vive Saltillo, lo hace desde una emoción genuina, porque lo entiende desde su experiencia.
Para Javier Díaz, la oportunidad de que la ciudad forme parte del entorno que rodeará la gran fiesta futbolística internacional de 2026 representa mucho más que turismo o promoción. Es una oportunidad para mostrar lo que el sureste de Coahuila ha construido durante décadas.
La estrategia contempla actividades culturales, deportivas y artísticas distribuidas en plazas, colonias y espacios públicos.
Pero bajo ese esquema existe una idea más profunda: utilizar el deporte como herramienta de reconstrucción social.
Ahí aparece una de las partes más reveladoras de su visión.
El alcalde habla de plazas rehabilitadas, canchas recuperadas y espacios que antes estaban marcados por vandalismo y abandono, pero que hoy reúnen familias, entrenadores, niños y jóvenes alrededor del deporte.
“No solamente forma atletas. Forma ciudadanos”, sostiene.
Y quizá ahí está el verdadero legado que busca dejar esta generación: una ciudad que entienda que el fútbol sigue siendo un lenguaje universal capaz de conectar comunidad, identidad y futuro.
Javier insiste en que lo verdaderamente importante será lo que ocurra alrededor de esos días.
La visión no se limita a recibir visitantes ni a proyectar una imagen positiva de la ciudad; la apuesta es convertir ese momento en una experiencia colectiva para los propios saltillenses.
Mientras Monterrey concentrará la atención adentro de la cancha, Saltillo buscará construir algo distinto alrededor de ella: una celebración en donde el deporte funcione como punto de encuentro entre comunidad, identidad y futuro.
Desde el Biblioparque Norte hasta colonias, centros comunitarios y avenidas principales, la ciudad planea desplegar semanas enteras de actividades pensadas para que el ambiente se viva mucho más allá del estadio.
Y ahí está el verdadero significado de este momento para Saltillo.
No se trata solamente de formar parte del contexto de un evento internacional, sino de demostrar que una ciudad se fortalece desde sus espacios públicos, desde su vida cultural y desde la manera en que conviven sus habitantes.
Javier Díaz lo resume desde una lógica que parece acompañarlo desde sus años como atleta: hay partidos que duran 90 minutos y otros que terminan por cambiar la historia de una ciudad.
El legado que queremos dejar es que tengamos la oportunidad de acercar espacios deportivos a las colonias y que los jóvenes entiendan que los sueños se cumplen”.
Javier Díaz, alcalde de Saltillo y exatleta olímpico en Sídney y Atenas.


