De acuerdo con el anecdotario familiar, la historia de Fabiana Margáin con la danza comenzó a los tres años, durante unas vacaciones en Cancún. Sin pena alguna, subió a un foro para participar en un concurso de baile al ritmo de Sopa de Caracol.
Entre participantes de distintas edades, la más pequeña de la familia Margáin Sada conquistó al público y se llevó la victoria. Con el tiempo entendió que ese fue el primer destello de una vocación que ha marcado su vida.
Ya adulta canalizó esa pasión en un proyecto que reúne arte, movimiento y bienestar. Está al frente de Fabiana Dance Center, donde niñas y adolescentes se forman en disciplinas como ballet, jazz, hip hop, acrobacia y telas, además de FABIANA Full Body Energy, un programa de entrenamiento inspirado en la danza.

Su filosofía parte de una idea sencilla: el ejercicio no tiene por qué sentirse como una obligación.
“Lo más importante no es cómo entras a una clase, sino cómo sales de ella. Que llegues con la energía baja y salgas con la energía alta. Eso, para mí, no tiene precio”, advierte Fabiana, quien está casada y tiene tres hijas.
Talento y disciplina
De niña, Fabiana ingresó a la Escuela Superior de Música y Danza, tras superar una rigurosa audición, y durante dos años y medio recibió formación profesional en ballet clásico. Más adelante estudió la licenciatura en Educación, organizó cursos de verano, montó coreografías infantiles y participó como bailarina en los musicales “Footloose” y “Romeo y Julieta”, producciones con derechos de Broadway presentadas en Monterrey.
Aquella experiencia terminó por cambiar el rumbo de su carrera. Al finalizar las temporadas comenzaron a buscarla personas interesadas en tomar clases con ella, una demanda que la llevó a abrir su academia en 2010.
Con los años desarrolló un método que fusiona danza y acondicionamiento físico, convencida de que el movimiento fortalece no solo el cuerpo, sino también la confianza y el estado de ánimo. La pandemia terminó por impulsar esa idea.

Cuando suspendieron las clases presenciales, comenzó a transmitir entrenamientos gratuitos por Instagram y durante seis meses impartió sesiones diarias para una comunidad que pronto rebasó las fronteras de México.
“Uno piensa que solo preparó una playlist y una clase, pero luego escuchas historias y entiendes que esto va mucho más allá”, advierte.
Para Fabiana, enseñar tampoco consiste únicamente en perfeccionar una técnica. Cree que el talento necesita disciplina, pero también motivación y un ambiente donde las personas disfruten aprender.
“Una niña puede tener mucho talento, pero si no hay disciplina detrás, ese talento se pierde”, señala.
Pero el verdadero impacto de su trabajo aparece fuera del salón, asegura. Hace poco preparó un baile para el cumpleaños número 97 de una mujer que, en su día a día, utiliza un andador para desplazarse. Al escuchar “La vida es un carnaval”, la festejada se levantó para bailar junto a su familia.
“Me abrazó al final y me dijo: ‘No sabes lo que esto significa para mí'”, cuenta.
Esa escena resume el verdadero propósito que Fabiana ha encontrado en la danza. Más allá de enseñar pasos o preparar coreografías, busca que cada clase deje una huella en quienes participan.
Porque para ella, moverse es mucho más que ejercitar el cuerpo: es una forma de recuperar energía, fortalecer la confianza y conectar con la alegría.
“Uno piensa que solo preparó una playlist y una clase, pero luego escuchas historias y entiendes que esto va mucho más allá”.



