Andrea Balderas Sorchini: la futbolista que nunca dejó de creer en sus sueños
Andrea Alejandra Balderas Sorchini entendió desde muy joven que perseguir un sueño también implica aprender a desafiar los límites impuestos por los demás. Exfutbolista profesional, arquitecta y actualmente gerente administrativo, su historia está marcada por la disciplina, la resiliencia y la convicción de que ningún obstáculo es más grande que la pasión por aquello que se ama.
A sus 32 años, Andrea mira hacia atrás con orgullo. Su carrera la llevó a formar parte de la primera generación de futbolistas que abrió camino en la Liga MX Femenil, una etapa que transformó para siempre el deporte en México y que hoy inspira a miles de niñas que sueñan con vestir un uniforme profesional.
El sueño comenzó mucho antes de la Liga MX Femenil
Si hoy pudiera encontrarse con aquella niña que comenzaba a jugar futbol en Coahuila, el mensaje sería claro.
Que nunca deje de soñar, que todo el sacrificio ha valido la pena y que estamos muy orgullosas de ella, porque nunca dejó de luchar por lo que quería.”
Es una frase que resume años de esfuerzo, entrenamientos y decisiones difíciles. Un recordatorio de que los resultados más importantes suelen construirse en silencio, mucho antes de que lleguen los reconocimientos.
Abrir camino cuando todavía no existía el camino
Ser parte de las primeras generaciones de la Liga MX Femenil significó comenzar prácticamente desde cero. No había la infraestructura, el respaldo ni las condiciones que hoy existen para las futbolistas mexicanas.
“Al principio fue difícil porque empezamos absolutamente desde cero. No teníamos ni cancha de entrenamiento propia, pero me da mucho gusto ver lo mucho que ha crecido la liga, el nivel y la seriedad que le han dado a este proyecto, que ahora hace posible el sueño de muchas niñas.”
Ver la evolución del futbol femenil le confirma que cada sacrificio tuvo sentido. Aquellos primeros pasos permitieron construir una liga mucho más sólida para las nuevas generaciones.
Aprender a crecer lejos de casa
Como sucede con muchos atletas de alto rendimiento, Ale tuvo que cambiar de ciudad y de equipo en distintas etapas de su carrera. La oportunidad de crecer profesionalmente también significó alejarse de su familia.
“Sacrificas el ver a tu familia. Creo que es lo más difícil porque aprendes a crecer solo, a hacer todo por ti mismo. Aunque tu familia siempre esté apoyándote, siempre va a faltar ese abrazo de fuerza de mamá o papá.”
Ese proceso de independencia también fortaleció su carácter y le enseñó que el crecimiento personal muchas veces ocurre fuera de la zona de confort.
Romper prejuicios también forma parte del juego
Cuando Ale comenzó a jugar futbol, todavía existían numerosos estigmas sobre las mujeres que practicaban este deporte. Sin embargo, encontró una razón suficiente para seguir adelante: su propia felicidad.
Yo lo hacía porque era algo que me hacía feliz, porque era un lugar en el que me sentía segura. Había muchos prejuicios, pero precisamente ese era el reto: romper todas esas barreras cuando a todo te decían que no. Remar contra corriente no está mal, te hace más fuerte.”
Su historia demuestra que muchas veces el cambio comienza cuando alguien decide no aceptar un “no” como respuesta definitiva.
Los momentos que marcaron una carrera
Elegir un solo recuerdo resulta imposible después de tantos años de competencia. Cada etapa dejó una enseñanza distinta.
Su debut profesional, su primer gol, disputar la primera final regia en la historia del futbol femenil y levantar un campeonato con América ocupan un lugar especial en su memoria. Sin embargo, Andrea reconoce que incluso los momentos más complicados terminaron convirtiéndose en algunos de los más valiosos de su trayectoria.
Arquitectura y futbol: dos sueños al mismo tiempo
Mientras desarrollaba una carrera profesional dentro de las canchas, Andrea también estudiaba Arquitectura y llegó a representar a México en competencias universitarias.
Lejos de elegir entre una pasión u otra, encontró la manera de hacer compatibles ambos proyectos.
Siempre tuve el apoyo de mis compañeros de clase y de mis maestros. La directora de Arquitectura estuvo apoyándome en todo momento porque sabía que era buena estudiante y el plus era ser buena atleta. Todo fue poner las cosas en una balanza para cumplir mis metas y objetivos en ambas actividades.”
Su experiencia confirma que el alto rendimiento también puede convivir con la formación académica cuando existe organización y compromiso.
Exatlón: volver a creer en sí misma
Uno de los momentos más inesperados de su carrera llegó cuando decidió hacer una pausa para participar en Exatlón. Más que una competencia, aquella experiencia terminó transformándose en un proceso personal.
Fue una experiencia muy importante en mi vida porque yo ya quería renunciar desde antes a mi deporte y esto me ayudó a seguir creyendo en mí, a seguir luchando contra todos mis miedos. Conocí historias increíbles y todos estábamos luchando contra algo interno que nos había pasado en el deporte.”
Aquella decisión le permitió recuperar la confianza y recordar por qué había comenzado a competir tantos años atrás.
Un legado para las nuevas generaciones
Hoy, con una etapa profesional cerrada dentro del futbol, Andrea tiene claro cuál quiere que sea el mensaje que permanezca para las niñas de Coahuila y para cualquier joven que persiga un sueño.
Hagan el deporte que hagan o estudien lo que quieran estudiar, nunca se rindan. Vamos a tener que romper muchas barreras y muchos miedos, pero al final, aunque no lo noten por momentos, todo va a valer la pena. El ‘no’ ya lo tenemos de cajón, pero ¿y si sí? Nunca dejen de soñar y disfruten todo lo que hacen con mucha pasión. Todo esto conlleva muchísima disciplina y sacrificio, pero nada es imposible.”
La historia de Ale Balderas Sorchini no habla únicamente de futbol. Habla de perseverancia, de abrir caminos donde antes no existían, de estudiar mientras se compite al más alto nivel, de levantarse después de las derrotas y de demostrar que los sueños también se construyen con disciplina.
Porque, al final, quienes se atreven a remar contra corriente suelen convertirse en la inspiración de quienes vienen detrás.


