Hay personas que encuentran la profesión como medio de vida. Otras, en un propósito, en una causa. En el caso de Paola Lazo, ambas cosas parecen haberse cruzado desde muy temprano. Mucho antes de convertirse en académica, activista, funcionaria pública o directora de Fundación Marisa, recuerda ser una niña incapaz de permanecer indiferente ante el dolor ajeno.
Cuando veía a alguien atravesar una situación difícil, dice, “se me apachurraba la panza”. Esa sensación, que entonces no sabía nombrar, terminaría convirtiéndose en la brújula que ha guiado gran parte de su vida. Creció en un hogar donde la solidaridad no era un discurso, sino una práctica cotidiana. Mientras su madre dedicaba su tiempo al trabajo social, su padre mantenía un profundo interés por las causas sociales y la vida pública como abogado. “Crecimos con esta mirada donde casi era obligado movernos para los demás, pues venimos a este mundo no solo para llevarnos cosas para nosotros, sino que hay que devolverle al mundo lo que nos da”.
Quizá por eso comenzó a trabajar a los 15 años. Quizá por eso se convirtió en maestra antes de saber hacia dónde la llevaría ese camino. Y quizá por eso, décadas después, sigue convencida de que la transformación social comienza por una pregunta aparentemente sencilla: cómo educamos a las personas para vivir juntas en igualdad.
“Desde muy chiquita recuerdo que me afectaba cuando veía a alguien en condiciones de desventaja. Hoy que he podido estudiar más, me doy cuenta que incluso la rabia también nos mueve a querer cambiar las condiciones del otro. Lo veo desde una mirada compasiva, me preocupo y me quiero comprometer con hacer cosas”

Una mirada crítica desde la infancia y la escuela
Cuando habla de igualdad de género, no lo hace desde la teoría abstracta. Habla de una cancha escolar. Formó parte de la fundación del Colegio Huellas, primero como maestra y después como directora, donde se dio cuenta de cómo los niños ocupaban naturalmente el centro del patio mientras las niñas permanecían en la periferia.
Lo que parecía una dinámica cotidiana terminó convirtiéndose en una metáfora de algo mucho más profundo: quién aprende desde pequeño que el espacio público le pertenece y quién aprende a observar desde la orilla. Desde entonces, gran parte de su trabajo ha consistido en cuestionar aquello que parece normal.
Fue durante sus estudios de posgrado cuando comenzó a acercarse a la teoría feminista y a los estudios de género. Entonces comprendió que muchas de las desigualdades no son casualidad, sino resultado de estructuras profundamente arraigadas.
Esa nueva mirada la llevó a involucrarse en espacios de investigación, derechos humanos, participación ciudadana y política pública. Consolidó una trayectoria enfocada en la igualdad sustantiva y la transformación social, una experiencia que hoy converge en su labor como directora de Fundación Marisa.
FUNDACIÓN MARISA
Creada en 2019, es una organización sin fines de lucro que promueve la igualdad de género, la justicia a través del diálogo social y la investigación. Busca ser una voz influyente y un agente social en la implementación de acciones y proyectos que combatan las desigualdades y fomenten la autonomía de la mujer.
Su quehacer se sostiene bajo 5 pilares:
● Cuidados
● Trabajo decente
● Redes de autonomía
● Cultura y deporte
● Masculinidades

El diálogo social como herramienta de transformación
En Fundación Marisa impulsa iniciativas enfocadas en los cuidados, la autonomía de las mujeres y la construcción de una sociedad más igualitaria (promoviendo ejes clave como el trabajo decente, las redes de autonomía, la cultura y deporte, y las masculinidades conscientes). Le inquieta la creciente polarización digital, la normalización de discursos de odio y lo fácil que la desinformación puede distorsionar décadas de avances. Le preocupa que cada vez más jóvenes consideren que la violencia de género es una exageración o que la igualdad ya está conquistada.
Insiste en la necesidad de construir puentes antes que trincheras. De generar espacios de diálogo social, reflexión y participación que permitan entender la igualdad no como una agenda exclusiva de las mujeres, sino como una tarea colectiva.
Con una larga trayectoria dedicada a la educación, la investigación y la vida pública, su convicción sigue siendo la misma. Cambian los espacios, cambian los desafíos y cambian las herramientas, pero permanece intacta la idea que la acompaña desde niña: que ninguna sociedad puede avanzar realmente mientras una parte de ella siga observando desde la orilla.



