Gina Manautou: por amor a la moda

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En una pequeña plaza sobre la avenida Bosques del Valle, los aparadores de Mona Mour despiertan la curiosidad por la belleza de sus prendas. Pero basta cruzar la puerta de la boutique para descubrir que el verdadero distintivo está en la atención personalizada.

Gina Manautou de Maiz, con una cálida sonrisa e impecable de pies a cabeza, hace sentir especial a cada visita. Escucha lo que busca, entiende la ocasión que está por vivir y la acompaña hasta encontrar el vestido que mejor refleje su estilo. 

“Lo más importante para nosotros es el servicio al cliente”, dice con la naturalidad de quien ha convertido esa idea en la esencia de un negocio que está por cumplir diecinueve años.

Sueño compartido

Mon Amour nació hace casi diecinueve años como un proyecto familiar, que poco a poco encontró su lugar entre las boutiques de alta costura de Monterrey. 

Desde niña, Gina creció rodeada del gusto por la moda gracias a su madre. Con el paso de los años, surgió una idea que permaneció largo tiempo en su mente: abrir una tienda propia.

La oportunidad llegó cuando su esposo la animó a dar el primer paso. Sus hijas, Gina y María Fernanda, compartían el mismo entusiasmo y decidieron emprender juntas.

“No pensamos primero en una tienda; pensamos en un sueño”, recuerda.

Los primeros años transcurrieron dentro de su propia casa, en un espacio que antes había sido un gimnasio. Ahí comenzaron a recibir clientas y a construir una reputación basada, más que en las marcas, en la confianza.

Los vestidos llegaban desde Argentina. El negocio encontró rápidamente su rumbo cuando incorporó colecciones de México y Estados Unidos. Tres años después, el crecimiento las llevó a mudarse a un espacio más amplio y, desde entonces, la boutique no ha dejado de evolucionar.

La moda comienza al escuchar

Quien entra a Mon Amour podría pensar que encontrará únicamente vestidos exclusivos de Oscar de la Renta, Carolina Herrera, Zuhair Murad, Marmar Halim y otros diseñadores internacionales.

Pero Gina insiste en que eso nunca ha sido suficiente.

Antes de sugerir un vestido, ella y su equipo necesitan saber el tipo de evento al que asistirá la clienta, el estilo con el que se siente cómoda, los colores que favorecen su tono de piel y hasta la personalidad que quiere proyectar.

“No te vamos a vender lo más caro por vender lo más caro”, advierte.

En ocasiones, incluso prefieren recomendar una pieza más sencilla o sugerir otra tienda si consideran que ahí encontrará una mejor opción.

“Prefiero no vender antes que una mujer salga con algo que no le queda”, asegura.

La honestidad, asegura, termina siendo la mejor estrategia de negocio.

Con rostro familiar

Mona Mour también es el reflejo de una familia que encontró en la moda un proyecto de vida.

Cada una de las tres mujeres asumió un papel distinto. Gina se convirtió en la anfitriona y asesora de las clientas; su hija Gina tomó las riendas de la administración; María Fernanda impulsó las redes sociales, el comercio electrónico y nuevos proyectos.

“La unión ha sido nuestro éxito”, dice.

Esa complicidad también las lleva varias veces al año a Fashion Week, donde conocen nuevas colecciones, fortalecen relaciones con diseñadores y seleccionan cuidadosamente las piezas que llegarán a Monterrey.

La exclusividad forma parte de su propuesta, pero no por una cuestión de prestigio. Cada vestido se registra para evitar que dos clientas asistan con el mismo diseño a un mismo evento. Es un detalle que refleja el cuidado con el que entienden el servicio.

Reinventarse para seguir 

Como muchos negocios, Mona Mour enfrentó uno de sus mayores desafíos durante la pandemia.

Las restricciones obligaron a cerrar temporalmente las puertas, pero también impulsaron nuevas ideas.

Mientras fortalecían las ventas en línea, nació The Roum, un espacio especializado en moda circular donde las clientas pueden vender vestidos de diseñador para darles una segunda vida.

La iniciativa surgió como una respuesta a un momento complicado, pero terminó convirtiéndose en una nueva línea de negocio que hoy complementa la oferta de la boutique.

Elegancia que permanece

Después de casi diecinueve años, Gina mantiene la misma rutina. Se ejercita y luego llega a la boutique para recibir a sus clientas y convivir con su equipo de trabajo. 

Afuera, los aparadores continúan atrayendo miradas sobre la avenida Bosques del Valle.

Adentro, la verdadera razón por la que tantas mujeres regresan sigue siendo la misma: la calidez de una boutique donde cada vestido encuentra a su dueña.

Palabra de Gina

  • El color es fundamental
  • Elegir un estilo que favorezca
  • La elegancia está en el equilibrio
  • Menos es más
  • No dejarse llevar sólo por la moda

“No pensamos primero en una tienda, pensamos en un sueño.”

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