Entre saludos, reencuentros y copas levantadas, la Medalla del Nazas volvió a reunir a la comunidad de la ingeniería lagunera en una celebración que combinó reconocimiento y convivencia.
La entrega de la medalla marcó el momento central de la noche, pero alrededor de ella se tejió una atmósfera más amplia, festiva, que incluyó dinámicas de integración y una convivencia que reforzó los lazos del gremio.
Más que un acto protocolario, la cita se vivió como un recordatorio del valor colectivo detrás del desarrollo de La Laguna: una comunidad que celebra sus logros, pero también la forma en que los construye en conjunto.























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