Detrás de cada visita: El equipo humano que hace posible la magia en el Museo Arocena

Conoce al equipo humano de más de 50 personas que trabaja día a día para hacer posible la magia y la experiencia cultural en el Museo Arocena

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Todos los días, antes de abrir las puertas y mucho tiempo después de que el último visitante se retira, existe un equipo humano que hace posible la magia. En el Museo Arocena colaboran más de 50 personas integrando un engranaje que raras veces se ve en salas, pero que determina por completo la vivencia de quien camina por sus instalaciones.

Todos trabajamos por un objetivo común: lograr que nuestros visitantes vivan el arte, la historia, la cultura y el pensamiento crítico; que disfruten el espacio y se lleven una gama inolvidable de vivencias”, explica Fabiola Favila Gallegos, Directora del Museo Arocena.

La trayectoria del museo se refleja en la de su propia gente: están quienes llegaron cuando la institución era apenas un proyecto, quienes han acompañado sus distintas etapas de transformación y quienes se han sumado recientemente con nuevas herramientas y perspectivas.

El testimonio de quienes dan vida al Museo Arocena

Esa aportación adopta múltiples formas. Para quienes han permanecido durante buena parte de estas dos décadas, la evolución institucional ha ido de la mano con su propio crecimiento personal.

Carlos Sáenz, del área de Comunicación, Difusión y Programación de Cine, lo resume desde un vínculo entrañable: “Prácticamente es nuestra segunda casa”.

Quizá por ello una de las mayores satisfacciones del equipo ocurre cuando el público adopta el espacio como propio.

A María Isabel Fernández Estrada, Coordinadora de Comunicación y Difusión, le entusiasma encontrar en redes sociales a personas que se refieren al Arocena como “mi lugar”: un rincón para disfrutar del cine, recorrer una exposición o simplemente pasar la tarde. Para ella, esas publicaciones son la prueba fehaciente del impacto real del museo:

Es ahí donde compruebo lo que verdaderamente se lleva el visitante al cruzar nuestras puertas”.

Detrás de una exposición memorable hay alguien que investigó minuciosamente cada pieza. Detrás de un recorrido escolar, alguien que transformó el conocimiento en un descubrimiento fascinante. Detrás de una sala impecable, alguien que llegó horas antes que el primer espectador. Detrás de una obra protegida, alguien que vela por su conservación, sus riesgos y su historia.

Veinte años después, el Museo Arocena también se cuenta y se celebra a través de las personas que han aprendido, trabajado y florecido junto con él.

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