En Saltillo, donde las tradiciones pesan y los cambios avanzan con calma, hay historias que no piden permiso: simplemente nacen desde la necesidad. Así empezó OMD.
Dalhí Pachelli Ramos, no planeaba revolucionar la forma en que se alimentan los perros en la ciudad. Solo quería algo básico: que sus perrhijas vivieran mejor.
“Desde el momento en que quise darles una mejor calidad de vida, entendí que no era solo una idea: era una necesidad real. Busqué en el mercado algo que estuviera a la altura de lo que ellas merecían… y no lo encontré. Entonces decidí crearlo”.

La travesía de Dahlí Pachelli y el resultado de OMD
Lo que siguió no fue inmediato. Emprender en Saltillo implica paciencia, pero también carácter. En una ciudad donde la cultura del cuidado consciente animal apenas toma forma, OMD se construye como una declaración firme.
“Se construye con paciencia, pero sobre todo con convicción. La cultura ya empezó, y cada vez somos más quienes vemos a nuestras mascotas como familia”.
Pero detrás del afecto hay decisiones contundentes. Dalhí no negoció la calidad desde el inicio. “Todo comenzó con ingredientes de grado consumo humano.
Si no es algo que yo confiaría en consumir, tampoco se lo daría a ellas”. Esa lógica, simple y radical, redefine lo esencial: alimentar bien también es amar bien.

El reto, sin embargo, ha sido otro: cambiar la conversación. “No se trata solo de vender, sino de ayudarles a entender que la alimentación impacta directamente en la vida de sus perros”.
En una ciudad de costumbres arraigadas, educar se vuelve parte del emprendimiento.
OMD dialoga con Saltillo desde un punto íntimo: el vínculo. “Cuando amas a tu mascota, quieres lo mejor para ella. Ahí es donde tradición e innovación se encuentran”. No es una ruptura, es una evolución.

Y en el centro de todo, dos nombres sostienen la historia: Chula y Chía.
“Chula, mi pastor alemán, con una energía inagotable que marcó mi vida y que hoy ya descansa, pero sigue siendo parte esencial de todo esto. Y Chía, mi bulldog francés… ella me recuerda todos los días por qué empecé”.
No es casualidad que Chía sea la imagen de la marca. OMD no solo tiene origen: tiene alma.
Si hubiera que resumirlo todo en una promesa, no sería un slogan, sería un deseo compartido:
“Que podamos tener más tiempo juntos. Que nuestras mascotas vivan más, mejor y felices… y que cada día a su lado valga completamente la pena. Ellos son parte de nuestra vida, pero para ellos nosotros somos su mundo entero”.
En una ciudad que aprende a mirar distinto a quienes siempre han estado ahí, OMD no solo alimenta perros. Alimenta una nueva forma de amar.


