A veces, los grandes proyectos comienzan con algo tan sencillo como una necesidad, una conversación y las ganas de intentarlo. Para Benjamín Rodríguez Verástegui, emprender comenzó justamente así: con unas cajas de galletas, una universidad y la intención de generar sus propios ingresos.
Hoy, a sus 25 años, Benjamín es emprendedor y está al frente de One Cookie, un proyecto que comenzó junto a su novia, Caro, y que poco a poco se ha ganado un lugar entre las opciones favoritas para disfrutar una buena galleta en Saltillo.
Pero antes de convertirse en una marca reconocida en la ciudad, One Cookie fue simplemente una idea que dos jóvenes decidieron tomar en serio.
Un primer paso casi improvisado
Benjamín se describe como una persona que busca ver el lado positivo de la vida y de quienes lo rodean. Le gusta estar presente para las personas que quiere y, al mismo tiempo, encontrar espacios para desarrollar aquello que disfruta, desde editar videos hasta jugar basquetbol y compartir tiempo con sus seres queridos.

La inquietud por emprender, cuenta, siempre estuvo presente. Sin embargo, tomó forma cuando comenzó su relación con Caro. En ese momento era estudiante y no tenía ingresos, por lo que, después de quedarse sin dinero durante una salida, encontró una manera sencilla de comenzar a generar sus propios recursos: comprar cajas de galletas en Costco y revenderlas en la universidad.
Era un pequeño negocio, pero también fue su primer acercamiento real al mundo del emprendimiento.
La historia cambió cuando Caro le hizo una pregunta que terminaría dando origen a todo: “¿Y si hacemos las galletas desde cero?”
Así nació One Cookie
A partir de aquella conversación comenzaron las pruebas. Experimentaron con recetas, ajustaron ingredientes y fueron perfeccionando el producto hasta encontrar una propuesta que los representara.
También llegaron el nombre y el logo: One Cookie.
Para Benjamín, el proyecto dejó de ser solamente una idea cuando comenzaron a notar algo importante: las personas buscaban sus galletas.
Ese interés se convirtió en la señal que necesitaban para continuar.
Caro aportó su gusto y experiencia por la repostería, mientras que Benjamín encontró en las ventas una de sus fortalezas. Juntos descubrieron que podían complementarse y convertir sus habilidades individuales en un proyecto compartido.
“Ella vio mi potencial, yo el de ella y juntos nos hemos hecho creer en nosotros mismos”, comparte Benjamín.
Cuando vender se convirtió en salir a buscar a sus clientes
Los primeros días de One Cookie en Saltillo estuvieron lejos de ser sencillos. La demanda era pequeña y el esfuerzo, en cambio, era grande. Había que invertir tiempo, dinero y energía, incluso cuando las ventas no respondían como esperaban.
Pero decidieron continuar.
Cuando llegó la temporada de calor y las ventas de galletas comenzaron a bajar, surgió una nueva idea: crear un sándwich de galleta con nieve.
Y como todavía no contaban con puntos de venta, tuvieron que encontrar a sus propios clientes: Así llegaron a la Ruta Recreativa de Saltillo.

Benjamín se encargaba de acercarse a las personas y preguntarles si querían probar su producto, mientras Caro grababa el proceso. Al principio podían vender solamente siete sándwiches y pasar alrededor de dos horas recorriendo el lugar.
Sin saberlo, esa etapa terminaría siendo fundamental para el crecimiento de la marca.
Con el tiempo, comenzaron a aparecer personas que ya los reconocían y que incluso acudían a la Ruta Recreativa buscando específicamente su One Cookie.
Para Benjamín, ese fue uno de los momentos en los que entendieron que el proyecto podía convertirse en algo mucho más grande.
Emprender en pareja también es aprender a trabajar en equipo
Construir un negocio siendo joven tiene sus propios retos. Hacerlo además junto a la persona que amas implica aprender a separar, equilibrar y compartir muchas cosas.
Benjamín reconoce que no siempre es sencillo. Hay días en los que prácticamente todo gira alrededor del negocio, por lo que entenderse, escucharse y apoyarse se vuelve indispensable.
En ese proceso, ambos han aprendido a confiar en el otro y a reconocer que cuando uno no está bien, el otro puede estar ahí para sostenerlo.
Más allá de vender galletas, One Cookie se ha convertido en una experiencia de crecimiento para los dos.
Creer antes de tener la certeza
Hoy, One Cookie ya puede encontrarse en diferentes puntos de Saltillo, pero Benjamín no olvida aquellos primeros días en los que caminaban durante horas intentando encontrar clientes.
Su historia habla de algo que suele ser fundamental cuando se comienza un emprendimiento: continuar incluso cuando todavía no existen garantías de que funcionará.
Si pudiera regresar a aquel momento en el que vendieron su primera galleta, Benjamín le diría a ese joven que apenas comenzaba que vale la pena creer.
Creer en las propias capacidades, escuchar esa voz que dice “eres capaz de hacerlo” y atreverse a no seguir siempre el camino común, incluso cuando otros recomienden hacerlo.
Porque quizá emprender también consiste en eso: atreverse a comenzar antes de saber exactamente hasta dónde puedes llegar.
Y para Benjamín, la historia de One Cookie apenas está comenzando.
El siguiente capítulo tiene nombre propio: One Coffee.



