LA REFORMA EDUCATIVA

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En las últimas semanas se ha desatado una gran polémica en cuanto a la educación en nuestro país a raíz de las declaraciones sobre la Reforma Educativa. Se argumenta que la educación en México es una de las más deficientes, comparada con los resultados de las mismas evaluaciones aplicadas en los países que forman la OCDE.
   En cuanto a las evaluaciones, se aplican las pruebas PISA para conocer el rendimiento en lectura, matemáticas y ciencias, en las cuales hemos salido mal calificados. La finalidad de estas evaluaciones es analizar el sistema educativo y disminuir sus deficiencias. La prueba se aplica lo mismo a niños de escuelas particulares de ciudades industrializadas que a comunidades rurales o marginadas, y se asigna una lista de desempeño.
   Actualmente el SNTE está llevando a cabo una campaña en defensa de la educación pública, habrá que reflexionar acerca de si en realidad es por la defensa de ésta, o solo por el interés de no perder los supuestos beneficios de algunos que perjudican a muchos.
   La situación educativa en nuestro país continúa siendo desigual, poco competitiva y sujeta a modas sexenales (de las que tengo memoria, se utilizó el conductismo en la década de los setenta del siglo pasado, el cognoscitivismo en los ochenta, el constructivismo en los noventa y parte del 2000, y el aprendizaje por competencias en el último sexenio), sin embargo nada ha resultado porque en función del control ideológico, planes y programas de estudio se diseñan desde la ciudad de México, pasando por encima de los Estados libres y soberanos.
   Se trata de importar modelos sin adaptación cultural alguna, como son el modelo finlandes, las competencias, la educación japonesa o los modelos de desarrollo de habilidades de pensamiento, olvidándonos de los modelos tradicionales, que debidamente actualizados, funcionan. Y qué decir de las famosas tecnologías de la comunicación, en las que se privilegia que los niños tengan iPad sobre el hecho de enseñarles a pensar, confundiendo los medios con los fines.
   En síntesis, la llamada lucha por la educación pública no es otra cosa que un acto desesperado por parte del SNTE y sus líderes, un afán de continuar ejerciendo un poder en la educación, en detrimento de los alumnos.

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