Sergio López empezó como muchas cerveceras artesanales: en una cocina, con cacharros, con fermentadores que eran garrafones de 20 litros y con sus hijos batiendo, lavando y llenando botellas. Comenzó como un acto de gusto por la cerveza y por el proceso. Ingeniero bioquímico de formación, estaba acostumbrado a trabajar entre formulaciones, verificaciones en tablas y valores.
La cerveza se convirtió en la forma más placentera de llevar la fórmula del papel a la realidad, con un resultado que además se puede disfrutar. La producción empezó a prueba y error, siendo únicamente para consumo personal. Entre conocidos, familiares y amigos, las primeras tandas se compartían y se terminaban rápido. Pasó de hacer un garrafón, a dos, luego a cuatro.
“El proceso era un acto de placer y de gusto. Huele rico, sabe rico, se siente rico. Tiene mucho más que ver con la simple acción de acompañar, de estar con amigos y de hacer una cerveza, más allá de un plan de negocios”.
Ese mismo espíritu fue el que motivó a Sergio y a sus amigos a crear Cerveza Loba y compartirla con más personas. “Ahí alguien dijo del grupo: ‘Esto puede ser algo que se puede vender, porque la gente quiere y nosotros queremos hacer más’. El hecho de hacerla, de compartirla, de disfrutarla fue el motor en aquel momento y sigue siendo el motor aquí en planta”.

La esencia de Cerveza Loba
Lo que comenzó con pequeños lotes entre amigos hoy se ha convertido en una operación con capacidad para producir hasta 50,000 litros al mes. Aun así, la esencia permanece. A diferencia de las cervezas industriales, la artesanal conserva cierta variabilidad entre lotes, resultado de la producción en menor escala y las características naturales de sus ingredientes; ello provoca que se viva una experiencia nueva en cada ocasión, sin perder estabilidad y calidad.

Es esa misma esencia que convierte a Cerveza Loba, cuya fábrica se ubica en el corazón de Guadalajara, en una propuesta cercana al consumidor: “una cerveza que nace de abajo, del barrio”. Cerveza Loba nació, se produce y se consume entre amigos, ese es parte de su lema.
El disfrute va más allá de la bebida, y también se puede acompañar con alimentos y un ambiente agradable dentro de su restaurante Loba Gastropub, ubicado en el mismo sitio. Así, el proyecto reafirma su compromiso de compenetrarse no solo con quienes la consumen, sino con la ciudad y su entorno.
Para Sergio, Loba es más que una marca o una fábrica. Es una manera de hacer cerveza y de disfrutarla: una experiencia que comenzó entre amigos y que, con el tiempo, terminó por convertirse en comunidad.
Es una cerveza de barrio, se compenetra con la ciudad y con su entorno. Esto hace que se sienta una marca familiar y cercana. Es una cuestión compartida”
Experimentación continúa
La sed de seguir creando, el sentido de
experimentación, de la aventura y de integrar la riqueza de productos del estado los llevó a ampliar su portafolio. De cervezas artesanales, dan un paso más hacia los destilados.
Loba Polar London Dry, una dualidad
entre la cerveza artesanal y el universo
de la ginebra teniendo el lúpulo polaris
como ingrediente principal.
Asimismo, tienen una versión especiada que refuerza la mexicanidad preparada con hierbas endémicas del Bosque La Primavera.
Las pruebas persisten. Al día de hoy,
continúan explorando con productos mexicanos.



