Para Arturo de la Fuente, la moda no comienza con un patrón ni termina frente a un espejo. Su proceso creativo parte de un lugar mucho más personal: las emociones. Diseñador y artista, encontró en la ropa una manera de expresarse, comunicar lo que siente y hacer que quienes portan sus prendas también conecten con el presente.
Su acercamiento al diseño de moda comenzó cuando tenía apenas 14 años. Desde entonces, su formación artística también se extendió hacia el teatro, el canto, la danza, la pintura y la escultura, disciplinas que ayudaron a construir una visión creativa que hoy se refleja en cada una de sus prendas.
Aunque reconoce que construir una carrera en la moda puede ser costoso y difícil de sostener, Arturo decidió confiar en su proceso. Una coincidencia en un mercadito de arte y diseño en el Museo Arocena terminó por abrirle una nueva oportunidad y llevarlo de regreso al camino del diseño.
Una vocación artística desde los 14 años
Arturo recuerda que desde pequeño tuvo el respaldo de sus padres para explorar su lado artístico. Al terminar la secundaria tenía claro que no quería seguir necesariamente el camino tradicional y decidió apostar por aquello que realmente le interesaba.
“Siempre me ha gustado expresarme y comunicar mis emociones. Siempre he creído que tengo algo que decir, algo que comunicar”, comparte.
Con apenas 14 años comenzó a estudiar diseño de moda y, a los 17, ya había terminado su formación técnica. Esa posibilidad de comenzar desde joven le permitió experimentar con distintas disciplinas y acercarse de manera temprana a la industria creativa.
Sin embargo, el reto económico apareció pronto. Crear una marca de moda requiere inversión y Arturo no contaba entonces con el capital necesario para poner en marcha un proyecto propio.
Cuando el arte encontró nuevamente a la moda
Ante la dificultad de comenzar una marca, Arturo decidió continuar creando desde otras disciplinas. Pintó, realizó exposiciones y comenzó a relacionarse con diferentes personas dentro del mundo del arte.
Fue alrededor de los 19 o 20 años cuando encontró una convocatoria para artistas y diseñadores en el Museo Arocena. Aunque originalmente pensaba llevar únicamente obra gráfica, pinturas y otros trabajos artísticos, antes de asistir decidió tomar una prenda que había realizado como parte de su tesis.
Se trataba de un vestido elaborado con manta de algodón crudo, un material que él mismo había teñido y trabajado a mano.
Aquella decisión aparentemente espontánea terminó siendo determinante. Durante el mercadito conoció a Verónica Maldonado y Jorge Cantú. Después de conocer su trabajo, Verónica le propuso realizar una prenda y, poco después, lo invitó a conversar sobre la posibilidad de hacer negocios juntos.

Una sociedad que hizo posible el proyecto
Verónica ya contaba con una empresa dedicada a textiles para el hogar, como colchas, almohadas y cortinas, y compartía un interés particular por el trabajo artesanal y los textiles orgánicos hechos a mano.
Durante aquella conversación le contó a Arturo que uno de sus sueños había sido tener un vestido de novia elaborado con textiles artesanales, pero que nunca encontró a alguien que pudiera llevar esa idea a la realidad.
Ella quería impulsar una marca de ropa, mientras que Arturo tenía el conocimiento creativo, pero no los recursos para sostenerla.
Así nació una sociedad en la que cada uno aportó algo diferente: Verónica proporcionó los textiles y financió el proyecto, mientras Arturo se concentró en diseñar, crear y expresar sus emociones a través de la ropa.
La colaboración llegó precisamente en un momento en que Arturo había comenzado a pensar que dedicarse al diseño de moda sería demasiado costoso.
La confianza de su socia le permitió regresar a un camino que nunca había abandonado completamente: el de utilizar la moda como una forma de arte.
De La Laguna a escenarios internacionales
A partir de su proyecto, Arturo ha tenido la oportunidad de colaborar con distintas personalidades y artistas.
Entre sus experiencias destaca haber vestido a Leslie Gallardo para una pasarela, además de participar en portadas con Edna Alanís e Isabel Fernández. También recuerda con especial emoción una ocasión en la que una de sus prendas apareció en una fotografía junto a Galilea Montijo y Bárbara de Regil.
Su trabajo también ha comenzado a cruzar fronteras. Arturo ha realizado ventas en Francia y Estados Unidos, y una tienda en Francia recientemente solicitó prendas de su propuesta para llevarlas a ese mercado.
Estos proyectos representan para él una oportunidad para demostrar que desde La Laguna también es posible construir una propuesta de moda con identidad propia y conectar con públicos fuera de México.
La ropa como una invitación a estar presente
Uno de los principales diferenciadores de Arturo de la Fuente como diseñador está en la manera en que construye sus prendas.
El diseñador evita los cierres y broches convencionales. En su lugar, sus piezas utilizan principalmente tirantes, lo que obliga a quien las viste a detenerse y prestar atención al proceso de ponerse la ropa.
La intención es romper con el automatismo de vestirse.
“Mis prendas no. Tú tienes que tomarte el tiempo de ponértelo y pensar cómo lo vas a sujetar”, explica.
Incluso los materiales forman parte de esta búsqueda. Entre los elementos que utiliza se encuentra el barro negro de Oaxaca, además de materiales orgánicos y textiles trabajados artesanalmente.
Para Arturo, una prenda no debe ser simplemente algo que se coloca sobre el cuerpo. También puede convertirse en una experiencia que ayude a quien la usa a regresar al momento presente.
Diseñar sin patrones ni bocetos
Su proceso creativo también rompe con algunas de las estructuras tradicionales del diseño de moda.
Arturo no trabaja a partir de patrones ni bocetos. Prefiere colocarse frente al maniquí y comenzar a construir directamente desde lo que está sintiendo.
“Hoy me siento triste, hoy me siento feliz, hoy me siento próspero. Y lo voy a expresar”, cuenta.
El resultado son prendas que pueden modificarse, deformarse, ajustarse y reinterpretarse de distintas maneras. Para él, la ropa no tiene que responder necesariamente a una estructura rígida.
“No me gustan las estructuras. Para mí no es blanco, es negro, para mí es un millón de grises”, explica.
Esa filosofía se refleja en piezas deconstruidas y versátiles, donde la persona también participa en la manera final de llevarlas.

Crear con pasión antes que con reglas
Para quienes buscan dedicarse profesionalmente a la moda, Arturo tiene claro que el punto de partida no necesariamente son los recursos, sino las ganas de crear.
Su consejo es apostar por la pasión y por la emoción detrás de cada proyecto.
“No importa lo que hagan, no importa cómo lo hagan. Lo importante es que lo hagan con pasión”, señala.
Para él, incluso un material tan cotidiano como el mantel de una cocina puede convertirse en una pieza extraordinaria si detrás existe una intención genuina de crear y compartir.
Más que vestir a las personas, Arturo busca que sus prendas les permitan sentirse bien consigo mismas. Esa es, al final, la razón por la que entiende la moda como una forma de arte: porque cada pieza puede comunicar algo, provocar una emoción y recordarle a quien la lleva que también puede expresarse a través de lo que viste.
En un mundo donde la ropa muchas veces se utiliza de manera automática, Arturo de la Fuente propone detenerse, experimentar y volver a sentir. Para él, diseñar es crear desde la emoción y convertirla en algo que pueda llevarse puesto.

