Hay casas que guardan más que muebles y fotografías. La de Rogelio Dingler y Susy Rivera, en Torreón, alberga una habitación singular: un cuarto de trofeos. No de esos exhibidos con calculada vanidad, sino ganados con destreza en canchas de tenis y pádel, con el mismo instinto competitivo que les permitió sobrevivir crisis económicas, renunciar a la seguridad del salario fijo y construir, desde cero, una empresa que hoy instala la electricidad de fábricas, hospitales y tiendas departamentales en México.
Corría el año 1984 en un partido universitario de futbol americano, cuando Rogelio Dingler, un brillante estudiante de Ingeniería Industrial Eléctrica del Tecnológico de La Laguna, vio a Susy Rivera, estudiante de Ingeniería Industrial Química y madrina del equipo. Fue un flechazo absoluto, un instante de magnetismo puro que ni el silbato del árbitro pudo perturbar. Ella, cautivada por la caballerosidad, la bondad y la ambición legítima de aquel joven que ayudaba a sus padres en su negocio y perseguía sus sueños con esfuerzo, supo que su destino estaba entrelazado al de él.
Cuatro años después, en 1988, ese romance universitario se transformó en una sociedad que cambiaría la infraestructura de más de 40 empresas internacionales en poco menos de 40 años: nació Constructora Dingler Ingenieros S.A. (CODINSA).
| LÍNEA DEL TIEMPO |
| 1975 Rogelio ingresa al Tecnológico de La Laguna |
| 1982 Egresa de Ingeniería; primera obra en el arranque de Renault en la Laguna |
| 1984 Rogelio y Susy contraen matrimonio |
| 1988 Nace CODINSA como sociedad anónima |
| 1994 La devaluación pone a prueba la empresa y la familia |
| 2008 La empresa sobrevive a otra devaluación global y crisis de violencia en Torreón. |
| 2020 -2022 CODINSA no deja de operar durante la pandemia de COVID-19 |
| Hoy Empresa líder en su rubro; segunda generación al timón |
Pasión electrizante
La electricidad no fue un accidente profesional para Rogelio. Fue vocación desde la infancia, algo que vibra en él con la misma intensidad que los tableros que supervisa en obra. Entró al Tecnológico de La Laguna con la claridad de quien ya sabe adónde va. Egresó en 1982 y realizó prácticas en la Comisión Federal de Electricidad — “el sueño de todos los estudiantes de esa carrera en ese momento,” recuerda — antes de incorporarse a la constructora de uno de sus profesores, justo cuando la planta Renault arrancaba operaciones en la región y buscaba ingenieros para enviar a Francia. Rogelio declinó esa oportunidad porque ya tenía trabajo, ya tenía rumbo.
Después llegó un año como coordinador de obras en una célebre tienda departamental lagunera — un puesto más administrativo, más sedentario, más lejos de lo que realmente le importaba. Llegaba primero que todos y se iba último, pero aún así, algo no encajaba. Fue entonces cuando le habló a Susy sobre cómo no le apasionaba lo que hacía. Ahí nació la idea. Con el respaldo de su esposa, así como de amigos y conocidos de sus experiencias previas, Rogelio se sintió listo para emprender.
Sus asesores le recomendaron prestar sus servicios de instalaciones eléctricas como persona física al principio. Rogelio se negó: CODINSA sería una sociedad anónima. Ese instinto fundacional, esa claridad sobre la forma correcta de hacer las cosas, marcaría el carácter de toda la empresa.
La ingeniería invisible del día a día
Sin embargo, el inicio de esta infraestructura fue un ejercicio de minimalismo y resistencia. Instalados en un pequeño despacho en las calles Bravo y 26 del Centro de Torreón, con dos mesas que distaban mucho de ser escritorios de diseñador, la pareja se dividió el mundo: Susy asumió la administración financiera y Rogelio la dirección técnica. En casa, un hijo de tres años aguardaba el regreso de unos padres que habían decidido renunciar a la comodidad de un empleo corporativo y un sueldo seguro para apostar por una visión propia.
El primer año fue una prueba de fuego doméstica y empresarial. Con una disciplina espartana, la pareja eliminó los viajes, los restaurantes y las salidas al cine. Cada centavo se reinvertía.
“No se rindan. El primer año es vital aguantar. Si se tiene la preparación y la pasión, todo se arregla”.
Susy Rivera a los futuros empresarios y emprendedres.
El mercado no tardó en reconocer su sofisticación técnica. El primer gran hito llegó cuando Productos Electrónicos de La Laguna confió en ellos para recibir e instalar la línea de producción francesa de televisiones de la multinacional RCA. A partir de ese momento, los gigantes industriales comenzaron a tocar a su puerta de manera constante.
Si alguna vez se ha hospedado en un hotel de cadena, ha recorrido los pasillos de una imponente tienda departamental, ha recibido atención en un complejo hospitalario o ha caminado por la nave de producción de una fábrica de alta tecnología, es muy probable que haya estado rodeado por la obra de CODINSA. En absoluto silencio, la energía que mueve varios de los proyectos más ambiciosos del país fluye a través de venas de cobre y transformadores diseñados por el equipo de Dingler.

“Yo voy desde ponerte un foco en tu casa hasta hacer la instalación de una fábrica completa”, explica Rogelio con el orgullo de quien domina cada milímetro de su oficio.
Marcas como Fiesta Americana, Costco, Hospital Ángeles y Grupo Carso han estado en la cartera de clientes de CODINSA.
Los inviernos financieros y las batallas del desierto
El verdadero carácter de una dinastía no se mide en las épocas de bonanza, sino en su capacidad para resistir los embates de la historia. En diciembre de 1994, con una enorme cartera de obras en ejecución y una cantidad considerable de capital comprometido, la devaluación del peso mexicano sacudió las estructuras de la empresa. Rogelio recuerda el impacto de intentar cobrar un cheque millonario y descubrir que las reglas del juego financiero habían cambiado para siempre. Las deudas con los proveedores apretaban y las líneas de crédito se congelaron.
Estuvieron a punto de perder la casa familiar a la que recién se habían mudado. La solución exigió sacrificios: la firma se desprendió de su maquinaria pesada y activos para cubrir cada compromiso ético con sus proveedores y colaboradores. Rogelio es categórico al mirar al pasado: la clave para sobrevivir a ese momento fue tener a su lado a una compañera incondicional como Susy.

Pero el destino volvería a poner a prueba el proyecto que construyeron juntos. El año 2008 llegó con un doble desafío que congeló los mercados mundiales e hirió profundamente a la región: por un lado, la crisis financiera global inmobiliaria y, por el otro, la dolorosa ola de inseguridad que azotó con fuerza las calles de Torreón. Mantener las obras activas, la moral en alto y los empleos seguros bajo esa atmósfera requirió algo más que estrategia corporativa; demandó coraje. Décadas más tarde, cuando la pandemia de COVID-19 paralizó al planeta, CODINSA volvió a demostrar de qué está hecha su estructura, sorteando la crisis sanitaria con la misma resiliencia que ha definido su apellido.
“Lo más importante no es lo material, sino la familia y la salud. Nuestra familia no es lo que tiene, sino los valores, la unidad y el amor suficiente para trabajar en equipo”
Susy sobre el valor de la familia.
La habitación de los trofeos
Hoy en día, el panorama de CODINSA es majestuoso. Convertida en la empresa líder en construcciones eléctricas de gran formato en todo el territorio nacional, la compañía destaca por su bajísima rotación de personal y una cultura laboral basada en la capacitación continua, la seguridad y el apego estricto a las normas internacionales.
Rogelio considera que la electricidad es, literalmente, el motor del mundo. Esa convicción —casi filosófica— explica por qué una empresa de instalaciones eléctricas puede también ser una historia de amor, de familia, de valores transmitidos.
“Es bueno voltear hacia atrás, así puedes observar lo que no tenías al principio y sí tienes ahora, para volver a empezar.”
Rogelio sobre cómo aplicar los aprendizajes.
Aquella residencia que estuvo a punto de ser absorbida por la crisis del 94 es hoy el epicentro de la familia. En su interior, una habitación resguarda decenas de trofeos de tenis y pádel de la pareja. Esos galardones no solo celebran triunfos deportivos, sino también las victorias privadas de un matrimonio que supo jugar en equipo dentro y fuera de la cancha, sobreviviendo a devaluaciones, crisis mundiales y tormentas sociales.
El legado, además, está asegurado. Rogelio, el hijo mayor que desde los seis años jugaba en las obras bajo un cartel que su padre le colocó con la leyenda “Futuro Gerente General”, es hoy el director de proyectos y el sucesor natural de la empresa. Su hermana Jenny aporta su talento en las estrategias de comunicación y traducciones, mientras Estefanía celebra los éxitos de los Dingler desde Mérida.
Rogelio y Susy continúan inspirando a la nueva ola de empresarios de México bajo dos premisas innegociables: no dejar de soñar, trabajar con los más altos estándares éticos de calidad y recordar que el éxito verdadero solo pertenece a quienes construyen con honradez.

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