Mal fario

Mal fario

PLAYERS of life
8 marzo, 2018

Por Gonzalo Oliveros Coordinador General de RMX Radio

y Productor Ejecutivo del noticiario Hechos @goliveros

 

¿Qué se hace cuando parece que el poder es lo que mueve al político en lugar del bien común? ¿cómo cambiar el rumbo de una fatídica elección que parece clamar por una tragedia para cambiar cartas que parecieran marcadas? Porque, seamos honestos, las cartas están marcadas para desenlaces nada halagüeños en cualquiera de los casos: si gana el tibio, el calculador y el ebulliciente.

Nadie, en su sano juicio, espera levantarse el 2 de julio con un país esperanzado. Vamos, ni siquiera con un Jalisco esperanzado: la ruptura entre Enrique Alfaro y Alberto Uribe que se preveía desde meses atrás- habla de que el escenario jalisciense no será feliz y aislado del espejo nacional. Ninguno de los candidatos ha pensado que la división causada de forma intencional o accidental, por la circunstancia o destino- ha llevado al país a una encrucijada fatal: la tragedia sería la única catalizadora de un final distinto. Si el primero de julio el PRI logra ganar la presidencia, un sector amplio de la sociedad clamará fraude y desconocerá la autoridad del nuevo presidente. A diferencia de 2006, donde la elección era un referéndum sobre la llegada de López Obrador, en esta ocasión es un plebiscito sobre la permanencia del nuevo PRI. Las encuestas dicen que dos de cada tres mexicanos reprueban la opción, las apuestas de manifestaciones son enormes.

“La gente está en desilusión y hartazgo, esperando lo peor en todos

los escenarios del 2 de julio”

Aún en lugares como Jalisco, el repudio crece. Sin duda, esta será una elección de cambio y lo propuesto por el Revolucionario Institucional es lo contrario: con palabras suaves o amenazas veladas, el PRI insiste en las bondades de los últimos años, minimizando la percepción de corrupción y atraso, de violencia e inseguridad, de cinismo y complicidad que la mayoría de la población cree, siente y vive en este periodo.

La falta de autocrítica es similar entre la ambición frentista y el optimismo transformable -no transformador- de López Obrador. Por ello, la gente está en desilusión y hartazgo, esperando lo peor en todos los escenarios del 2 de julio.

Pero eso peor puede llegar antes y por vías que este país no debiera revivir. Sí. Focos amarillos a cuatro meses de la elección.





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