Notaría 73: la pasión por servir de Emilio Darwich Garza

Hay una imagen que resume mejor que cualquier título universitario la forma en que Emilio Darwich entiende su trabajo: la de un hombre enfocado en su objetivo. La carrera de montaña y el buceo no son sus pasatiempos decorativos, son el mismo ejercicio de disciplina que exige su despacho: no hay margen para la improvisación cuando lo que está en juego es el patrimonio de una familia.

Pedro Pérez
8 Min Lectura

Con una amplia trayectoria, Darwich es Notario Público Titular de la Notaría 73 de Torreón y socio director del área corporativa de Darwich Garza Consultores. Pero antes de la fe pública llegó la vocación privada: viene de una familia de abogados, no de notarios, y fue justamente esa doble mirada —la del litigio y la del servicio público— la que terminó por definir su camino.

El oficio heredado y la vocación construida

“Vi las dos partes, tanto el servicio privado por parte de mi papá como el servicio público”, cuenta Darwich sobre sus primeros años observando el derecho desde la mesa familiar. La paradoja que descubrió pronto es la que sostiene a todo el gremio notarial en México: el Estado otorga la fe pública, pero no la paga; son los clientes quienes sostienen, con sus honorarios, una función que en el fondo es un servicio social.

Esa tensión —entre lo público y lo privado, entre la vocación y la empresa— es la que Darwich dice haber aprendido a “compaginar” en la Universidad Panamericana y, después, en el IPADE, donde cursó el programa de Alta Dirección de Empresas. De ahí, afirma, se llevó algo que trasciende lo técnico: “la vocación de servicio, el servir con humanismo y el poder tomar el trabajo como una herramienta de crecimiento personal, profesional e incluso espiritual.”

La Notaría 73 nació en 2019 con dos abogados, una secretaria y él. Hoy son trece. El crecimiento, sin embargo, no ha sido lineal: la pandemia golpeó de lleno una de sus líneas de negocio más importantes, la titulación de vivienda. “Sí nos llegó a afectar, pero fue un breve periodo”, resume, con la misma economía de palabras con la que describe una escalada difícil.

Un traje a la medida

Preguntarle a un notario por su estándar de calidad suele producir respuestas de manual. Darwich prefiere una metáfora de sastrería.

Como hacer un traje a la medida para cada uno de los clientes. No hay asuntos pequeños ni asuntos grandes; a final de cuentas todos los clientes que llegan con nosotros es para  darles certeza jurídica en su patrimonio.

Esa certeza jurídica —ya sea al constituir una sociedad, comprar una casa o dejar un testamento— adquiere un peso distinto cuando se recuerda un dato que él mismo subraya: para la mayoría de las familias mexicanas, la casa en la que viven es su único patrimonio. No hay espacio para el error.

De Torreón a Nueva York, y de vuelta

Antes de sentarse frente al sello notarial, Darwich litigó Derecho Mercantil y concursos mercantiles en la ciudad de Guadalajara, Jalisco así como en la Ciudad de México y tuvo a su cargo importantes tareas en el sector público orientadas al cumplimiento normativo ambiental en el Estado de Coahuila.

Otro momento clave en su carrera fue la Universidad de Fordham, en Nueva York, uno de los referentes internacionales en derecho comercial, donde compartió aulas con jueces, magistrados y estudiantes de todo el mundo. La experiencia, dice, le dio algo más valioso que un diploma: la capacidad de leer un mundo globalizado y traducirlo en certeza jurídica, tanto para las familias mexicanas como para los inversionistas que hoy buscan invertir en nuestro país y tocan la puerta de su despacho.

El notariado frente al espejo digital

Cuando se le pregunta hacia dónde va su rubro, Darwich no habla de expedientes atrasados sino de una transformación estructural: la digitalización del notariado. Reconoce que buena parte del trabajo ya opera de manera digital, pero advierte que la firma certificada digital —apoyada en herramientas como el blockchain— es la frontera pendiente. “Nos pueden permitir, junto con nuestra fe pública, seguir dando servicio y certeza a las partes.”

Y sobre el fantasma que sobrevuela cualquier profesión hoy, responde sin rodeos: ¿podría la inteligencia artificial reemplazarlo? “En esta parte sensible de entender al cliente, de hacer este trabajo de la mano con el cliente, con esta parte muy subjetiva, creo que hay muchísimos trabajos en los que no nos va a poder sustituir la IA.” La tecnología, dice, ayudará en la revisión y elaboración de documentos, pero no en el criterio humano que exige cada firma.

El tabú del testamento

Hay una estadística que Darwich repite como quien repite un diagnóstico incómodo: solo el 2% de los mexicanos tiene testamento. La campaña nacional del Mes del testamento, nacida en 2002 e impulsada hoy por todas las entidades federativas —con descuentos de hasta 50% en Coahuila—, busca revertir un tabú que, según él, tiene menos que ver con el dinero y más con la superstición: la creencia de que hacer testamento trae mala suerte, o el temor a que el contenido se haga público.

Detrás de ese dato hay años de ver familias fracturadas por herencias mal resueltas —terrenos, casas, negocios— que un trámite relativamente accesible pudo haber evitado.

 El futuro, medido en pasos firmes

Preguntado por el horizonte de su notaría, Darwich no habla de expansión desmedida sino de consolidación regional: Continuar posicionándose como una oficina especializada en estructuración de negocios y corporativización de organizaciones empresariales, un actor de referencia para el acompañamiento de sus clientes en el noreste del país.

Es la misma lógica que aplica a la montaña o al fondo del mar: no se trata de llegar rápido, sino de llegar bien. “El mejor momento para emprender es cuando una persona tiene ganas de hacerlo”, dice sobre quienes dudan si es tiempo de invertir o constituir una empresa —pero matiza de inmediato que las ganas, sin formalidad, no es avanzar. “Que se estructuren desde el inicio las reglas del juego, para evitar lo más posible los roces entre socios.”

Con una notaría consolidada, una cátedra de derecho mercantil en la Universidad Autónoma de Coahuila y una lista de montañas y arrecifes por recorrer, Emilio Darwich condensa su filosofía en una idea que podría estar tallada en piedra —o en un acta notarial:

Es una obligación que todos tenemos: lo que sea que sepamos, que sea de utilidad para la sociedad.

Emilio Darwich sobre la docencia.

Emilio Darwich Garza es Licenciado en Derecho por la Universidad Panamericana Campus Guadalajara, Maestro en Derecho Corporativo y Desarrollo Empresarial por la misma institución, con especialidades en Sociedades Mercantiles, Obligaciones y Contratos, y Derecho Anglosajón por la Universidad de Fordham. Es egresado del programa de Alta Dirección de Empresas del IPADE. Actualmente es Notario Público Titular de la Notaría 73 de Torreón y socio director del área de derecho corporativo de Darwich Garza Consultores, S.C.

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