Viva La Mexa en Saltillo: El sueño de Krystal Marfileño

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Todo gran proyecto comienza con algo simple: una intuición, un antojo o una idea que se niega a quedarse quieta.

En el caso de Viva la Mexa, todo empezó con una pasión muy mexicana: lo dulce, lo picosito… y las ganas de crear algo propio.

Antes de convertirse en emprendedora, Krystal Marfileño era una mujer llena de sueños. La vida le puso una pista clara cuando comenzó a trabajar en una heladería. Ahí descubrió que lo suyo no era solo vender sabores, sino inventarlos.

“Siempre me han gustado los helados y las cosas picositas. Empecé a experimentar con helados poco tradicionales hechos a base de dulces mexicanos”, cuenta.

Ese laboratorio improvisado de sabores fue el primer paso hacia lo que hoy es su marca.

Pero los comienzos no fueron glamorosos. Durante años vendió gomitas en su universidad y fruta con chamoy los fines de semana. El toque especial, sin saberlo todavía, ya estaba en casa.

“El chamoy lo hacía mi mamá. Ese detalle empezó a darle algo único a mis productos”, recuerda.

Ese sabor casero se convirtió con el tiempo en la esencia de Viva la Mexa. Porque si algo distingue a sus famosos antojitos picositos es precisamente su chamoy artesanal: intenso, equilibrado y lleno de historia familiar.

El nombre de la marca tampoco es casualidad. Para Krystal, es casi una declaración de principios.

“Viva la Mexa es celebrar lo que somos. Representa orgullo, sabor, alegría y esa chispa mexicana que siempre encuentra cómo disfrutar la vida.”

Como todo emprendimiento real, el camino también tuvo vértigo. Dejar un empleo estable para apostar por su negocio fue uno de los momentos más duros. Hubo deudas, préstamos y meses difíciles.

“Recuerdo haber pedido dinero solo para pagar el primer mes de renta del local. Fue ahí cuando me dije: aquí dijimos que nos iba a ir bien.”

Esa convicción se volvió su brújula. Hoy Krystal resume su filosofía con una claridad casi contagiosa: “Creer en tu sueño abre la puerta, pero lo que hace que las cosas sucedan es el trabajo y no rendirte.”

¿Y qué espera que sienta alguien cuando prueba sus gomitas enchiladas? No solo el picor perfecto.

“Quiero que sientan alegría. Que sea un pequeño momento de felicidad.”

Porque, al final, Viva la Mexa es exactamente eso: un antojo convertido en sueño… y un sueño que decidió tomarse muy en serio.

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