En noviembre de 2024, en Saltillo, nació una agencia decidida a cuestionarlo todo. The Bang Bang Club surgió “literalmente desde cero”, recuerdan, con una idea clara: sacudir la manera en que se entiende el marketing en la ciudad.
Al frente están Maar, COO y CMO, y Vidal Carmona, fundador y director creativo; una dupla que combina estructura y riesgo con una premisa contundente: la creatividad no es adorno, es estrategia.
“Queríamos poner sobre la mesa el ‘¿por qué no?’”, explica Maar. La inquietud era evidente: en un entorno donde la creatividad suele subestimarse, hacía falta una agencia que no jugara a lo seguro.
No se trataba de hacer ruido por capricho, sino de darle a las ideas el valor que merecen y construir proyectos que incomoden lo suficiente para generar conversación.

Creatividad con propósito: estrategia antes que ocurrencia
En The Bang Bang Club no hay fórmulas prediseñadas pues cada campaña parte de preguntas incómodas y conversaciones reales con el cliente.
“La creatividad pierde fuerza cuando se vuelve automática”, afirma Maar. Por eso, el proceso comienza con ordenar la estrategia: qué se quiere decir, a quién, por qué y para qué.
Lejos de ver la estrategia y la creatividad como fuerzas opuestas, la agencia las entiende como aliadas. “Una campaña distinta no nace de una ocurrencia, sino de un entendimiento profundo de la marca”, señala. Con el rumbo claro, la audacia deja de ser un riesgo y se convierte en una decisión consciente.

Para Maar, su rol es ser el puente entre la idea y su ejecución. Aporta estructura para que el equipo fluya sin caer en el caos.
“El orden también puede ser creativo cuando está al servicio de una buena idea”.
Esa disciplina, aprendida al emprender en una industria altamente visual y competitiva, se traduce en criterio: saber cuándo decir sí y, sobre todo, cuándo decir no.
La imagen como lenguaje: el sello visual de Vidal Carmona
Desde lo visual, The Bang Bang Club apostó por una identidad fuerte y contrastada. “Queríamos que cada pieza se sintiera, que dejara marca”, explica Vidal Carmona.
Más que incomodar por incomodar, la intención es entender la esencia de cada cliente y reinterpretarla con el sello Bang Bang.
Para Vidal, la fotografía no es un complemento: es lenguaje. “La estrategia puede estar muy clara, pero es la fotografía la que define cómo se va a sentir”.

Encuadre, luz, textura y atmósfera son decisiones que construyen significado. No es casualidad: su relación con la imagen comenzó en el cuarto oscuro, observando cómo la fotografía se revelaba lentamente en el papel.
“Para mí no empezó con un click, empezó con un proceso. Eso me enseñó que cada imagen se construye”.
Su estilo es directo: provocar, conectar, arriesgar. “Prefiero empujar una idea antes que quedarme en lo seguro”. En esa búsqueda, el error no existe si hay intención. Lo memorable surge cuando se rompe la estructura.
Dupla creativa: impulso y dirección
El equilibrio entre ambos es parte esencial del ADN de la agencia. “Yo soy impulso, ella es dirección”, dice Vidal.
Maar coincide desde la otra orilla: sensibilidad creativa y decisiones de negocio no compiten, se sostienen mutuamente.
El contraste entre ambos permite que las ideas encuentren forma y viabilidad.

Fuera del marketing, Maar encuentra inspiración en lo cotidiano: viajar, observar y, sobre todo, crecer junto a su hija de cinco años.
“Me permite explorar desde un lugar más simple, sin juicios”. Esa mirada honesta se filtra en cada campaña. El valor que buscan imprimir es claro: autenticidad y valentía. “Que las ideas se sientan reales, no disfrazadas”.
A pocos meses de su fundación, The Bang Bang Club ya planteaba una postura firme: en un mercado saturado de fórmulas, la diferencia no está en hacer algo distinto por hacerlo, sino en construir ideas que conecten, se sostengan y, sobre todo, se sientan.
Hoy la agencia está bien cimentada, porque cuando una campaña logra que alguien se detenga un segundo más de lo normal, como dice Vidal, “ya ganamos”.

