Salud mental en Saltillo: Susana López y Mariana Rodríguez incentivan a Sumar

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En una ciudad donde el ritmo cotidiano suele dejar poco espacio para detenerse a sentir, pensar y procesar, el trabajo de Susana López Siller y Mariana Eliza Rodríguez Herrera irrumpe como una pausa necesaria. Desde Iniciativa Sumar Saltillo, ambas han construido un proyecto que no solo habla de salud mental, sino que la vuelve experiencia, conversación y, sobre todo, comunidad.

Susana López Siller, de 35 años, es mamá, licenciada en psicología, conferencista y escritora. Mariana Eliza Rodríguez Herrera, de 34, es maestra en psicopedagogía, conferencista y escritora.

Juntas, han logrado consolidar un espacio donde lo emocional deja de ser un tema pendiente para convertirse en prioridad.

Su historia comienza en un escenario poco habitual para lo que hoy representan: un concurso de modelaje en Saltillo. Ahí, en medio de una competencia, encontraron algo más fuerte que cualquier rivalidad.

“Conectamos muchísimo y pudimos apoyarnos la una a la otra a pesar de estar en una competencia”, recuerdan.

Años más tarde, el destino las volvió a reunir en el Gobierno Municipal de Saltillo, donde su vínculo se fortaleció a partir de un propósito compartido: trabajar por las mujeres y su comunidad.

Lejos de surgir de un momento aislado, Sumar fue tomando forma con el tiempo. “Fue un proyecto que se fue cocinando poco a poco”, explican.

Entre conversaciones, escritura y una inquietud constante por crear espacios seguros, ambas entendieron que estaban listas para dar el siguiente paso: comprometerse al cien por ciento con una iniciativa propia.

El nombre no es casual. “SUMAR para nosotras es comunidad”, afirman. Más allá del juego simbólico entre Susana y Mariana, el concepto encierra una filosofía clara: rodearse de personas y experiencias que aporten, que impulsen, que acompañen.

En un contexto donde la individualidad suele imponerse, ellas proponen lo contrario: crecer en colectivo.

Esa visión encuentra su urgencia en el presente. Para ambas, hablar de salud mental ya no es opcional. “No es solamente importante, es urgente”, subrayan, desde su experiencia, la falta de atención a lo emocional impacta no solo en la vida individual, sino en la estructura familiar y social.

Por eso, insisten en la educación emocional como una herramienta clave: aprender a reconocer, atravesar y canalizar las emociones sin dañarse a sí mismo ni a los demás.

Cada taller, conferencia o experiencia que diseñan responde a esa lógica. No se trata únicamente de transmitir información, sino de provocar un encuentro personal.

“Queremos que las personas puedan reconocerse y conectar con su lado más creativo y compasivo”, explican. Su metodología mezcla lo académico con lo emocional, creando espacios que se sienten tan cercanos como transformadores.

Mantener ese nivel de conexión también ha implicado cuidar su propia dinámica. La amistad, lejos de diluirse en el trabajo, se ha convertido en uno de sus mayores pilares.

“La inspiración y admiración que sentimos la una por la otra ha sido clave”, comparten. Incluso en los desacuerdos, han aprendido a sostenerse desde la escucha, el respeto y el entendimiento de que cada proceso es distinto.

Entre los momentos que han marcado su camino, hay uno que sigue resonando con fuerza: su primer curso de journaling. “Estábamos súper nerviosas y dudosas si este concepto iba a funcionar”, recuerdan. Sin embargo, la respuesta de las asistentes cambió todo.

“Nos sentimos acompañadas y muy seguras de que íbamos por el buen camino”. Fue ahí donde Sumar dejó de ser una idea para convertirse en certeza.

Hoy, su trabajo continúa expandiéndose, pero su esencia permanece intacta. Si tuvieran que condensar su mensaje en una sola idea, sería tan simple como profunda: “

Todas las personas somos merecedoras de amor”. Un principio que, en su visión, comienza por el autoconocimiento. Reconocer la luz, pero también la sombra. Abrazar los procesos, incluso los más difíciles.

Porque, al final, el verdadero acto de sumar no está en lo que se agrega desde afuera, sino en lo que cada persona descubre dentro de sí misma cuando encuentra el espacio correcto para hacerlo.

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