En una ciudad donde lo artesanal aún se abre paso entre hábitos tradicionales, José Ángel Reyes, ingeniero químico administrador de 36 años, ha decidido apostar por la paciencia, el conocimiento y el oficio con Luna de Arteaga.
Con una maestría en elaboración de cerveza y destilados, su historia no parte de una casualidad, sino de una curiosidad sostenida: entender el proceso detrás de una cerveza y convertirlo en proyecto de vida.
“Me llamó mucho la atención cómo se hace una cerveza… y decidí estudiar la maestría”, recuerda. Lo que comenzó como inquietud durante la carrera pronto tomó dirección.
La idea de crear un bar con cerveza artesanal se transformó en algo más ambicioso: construir una marca propia.
Así nace Luna de Arteaga, en una etapa de transición personal y profesional. Después de trabajar en una cervecera y colaborar con inversionistas, Reyes eligió independizarse.
“Quise hacer mi propia marca y tomar mi propio camino”, afirma.
El nombre no es casualidad: surge de aquellas primeras producciones en pequeños lotes, en Arteaga, trabajando hasta altas horas bajo la luna.
Primero fue la cerveza oscura; después, la exploración lo llevó también al gin, ampliando su universo creativo.
Para él, el proceso no se divide entre trabajo y vida. “No lo veo como trabajo sino como un estilo de vida”, dice.
En esa lógica, la mejora constante y la experimentación son parte del día a día. La belleza, explica, está en “el lado creativo y la innovación”.
Sin embargo, emprender en el mundo artesanal en Saltillo implica más que producir: requiere educar.
“Es un gran reto crear cultura”, reconoce. En un mercado donde aún hay desconocimiento, su labor también consiste en romper paradigmas, acercar al consumidor a la calidad del producto y enseñar a disfrutarlo “evitando el exceso”.
La ciudad, considera, está en proceso. La coctelería gana terreno, pero la cerveza artesanal aún necesita impulso.
“Es mi deber como cervecero seguir fomentando esa cultura”, señala.
En el fondo, más allá de recetas o procesos, hay una motivación clara: su familia y la idea de seguir construyendo.
“Tengo mucho camino por recorrer”, admite. Y en ese trayecto, Luna de Arteaga no solo destila bebidas, sino también una visión: la de alguien que entiende que lo artesanal no es tendencia, sino permanencia.