Iza López, 35 años, mercadóloga y repostera, convirtió su cocina en el corazón de un proyecto que hoy huele a mantequilla, cacao y perseverancia.
Lo que comenzó como un gesto íntimo —hornear para quienes quiere— terminó transformándose en una marca que crece a golpe de horno encendido y pedidos agotados: La Galletería.
“Empecé horneando galletas por gusto, para compartirlas con personas cercanas, y poco a poco las personas que las probaban comenzaron a hacerme pedidos”, recuerda.
No hubo un plan de negocios sobre la mesa ni una estrategia trazada al milímetro; hubo algo más poderoso: constancia y paladar.
De la cocina al taller; la historia
El punto decisivo llegó en Navidad de 2022. Hasta entonces, sus galletas eran obsequios. Una amiga la animó a venderlas.
Sin marca, sin cuenta profesional, solo con una publicación en su perfil personal, recibió más de 150 pedidos. El resultado: más de mil galletas horneadas en una temporada que la rebasó y, al mismo tiempo, la confirmó.

“Fue un poco abrumador, no estaba preparada para ese volumen y tuve varios contratiempos en el proceso. Pero también aprendí mucho sobre organización y me di cuenta que este proyecto tenía potencial”, comparte.
La demanda creció y su cocina se volvió insuficiente. En temporadas altas, como Navidad, el horno doméstico ya no daba abasto.
La solución fue clara: invertir en equipo profesional y transformar un cuarto de su casa en un taller de repostería. La Galletería dejó de ser improvisación y comenzó a tomar forma de empresa.

Técnica, intuición y antojo
Para Iza, lo gourmet no es un adjetivo vacío. Es una declaración de principios. “Hacer galletas gourmet no se trata solo de que se vean bonitas, sino de cuidar cada detalle: el equilibrio de sabores, la textura perfecta y lo más importante, que estén recién hechas”.
Aunque no estudió gastronomía, se ha formado a través de cursos y, sobre todo, práctica. Su estándar es alto: nada sale si no la convence primero.
“Nunca ofrezco un postre que no me encante primero a mí. Me gusta hacer pruebas una y otra vez hasta encontrar el balance perfecto”.
Esa exigencia convive con la curiosidad. No teme experimentar con tendencias como el “chocolate Dubai” o el “cookie croissant”.
En ese cruce entre disciplina y juego vive la esencia de su marca: recetas trabajadas con paciencia, intención y creatividad.

El peso real de emprender
Emprender en el mundo gastronómico, dice, es más demandante de lo que parece. Horas de pie, jornadas largas, temporadas de ritmo acelerado. La repostería no solo exige precisión; también resistencia física y mental.
“Es un trabajo físicamente pesado… pero tengo muy claro que quiero que esto siga siendo algo que disfrute”, afirma.
Mantener viva la parte divertida del proceso de La Galletería es su brújula, Recordar por qué empezó: porque ama hacer galletas y compartirlas.
En ese camino, los ingredientes se convierten en aliados decisivos. “Un buen ingrediente no necesariamente te garantiza un buen producto final, pero uno de mala calidad sí te limita mucho desde el inicio”.
El cliente quizá no identifique el porcentaje de cacao o la marca de mantequilla, pero reconoce la diferencia entre una galleta memorable y una común.
Si su historia tuviera sabor, sería el de una clásica chocolate chips: familiar, reconfortante y hecha con detalle.
“Refleja exactamente lo que es La Galletería: intención y mucho amor por la repostería”.
En cada lote que sale del horno, Iza López no solo vende galletas sino que comparte una historia que se sigue escribiendo.




