A los 29 años, este productor y DJ originario de Saltillo ha construido una carrera que lo ha llevado de los clubs del noreste mexicano a festivales en la nieve de Europa y noches memorables en Asia.
Su historia es un recordatorio de que el talento local puede resonar en cualquier rincón del planeta.
Toda trayectoria tiene un punto de inflexión. Para Rubén Homero Livas Jiménez, ese momento llegó en Colombia, durante su primera presentación internacional.
“Al terminar mi primera fecha en Medellín, algo hizo clic: a pesar de las diferencias culturales, la conexión con el público fue total. Ese momento me confirmó que la música trasciende fronteras de una forma que pocas cosas logran.”
Lo que comenzó como una oportunidad se convirtió en una certeza: había algo universal en lo que hacía, algo que no necesitaba traducción.

Europa, el reto que se volvió diversión
Tres años después de aquella noche en Medellín, Rubén emprendió su primer tour europeo. No fue sencillo. Venía de una escena orientada hacia los clubs comerciales y el sonido que dominaba allá era otro lenguaje.
“Con el tiempo fui encontrando mi lugar, y en este último ciclo pude presentarme en Madrid, Austria y Tailandia, cerrando con cerca de 10 shows en total. Ya no lo viví como un desafío, sino como pura diversión.”
La adaptación no fue solo musical, sino también una lección sobre leer al público y entender que, aunque las culturas sean distintas, la emoción frente al ritmo es la misma.

MAJA: el festival que dejó huella
Entre todos los escenarios que ha pisado, hay uno que menciona con un brillo particular: MAJA, un festival que se celebra en medio de la nieve en distintas locaciones de Europa.
Lo que más me ha marcado no es el escenario en sí, sino la comunidad que lo rodea: se siente como una familia en cada evento. Formar parte del line-up ha sido muy especial, y compartir cartel con Adriatique es algo que todavía me parece increíble.”
Más allá del prestigio, lo que Rubén valora es el sentido de pertenencia. Y eso conecta directamente con su filosofía sobre cómo mantenerse vigente.

El secreto de la continuidad: relaciones humanas
En una industria donde cada semana surge un nuevo nombre y las tendencias cambian con la velocidad de un drop, Rubén ha encontrado su ancla en algo que no tiene nada que ver con algoritmos ni seguidores.
“Lo que realmente me ha mantenido vigente es la relación humana que construyo con los dueños y promotores de los clubs que me invitan. Con el tiempo, lo laboral pasa a segundo plano y cada fecha se convierte más en un reencuentro con amigos que en un compromiso de trabajo. Eso genera lealtad, y la lealtad genera continuidad.”
Una lección que aplica mucho más allá de la cabina del DJ.
La escena local: un momento de transición
Ahora que regresa al noreste mexicano, Rubén observa el panorama con optimismo. La música electrónica en México está viviendo un resurgimiento real, y eso abre puertas que antes parecían cerradas.
“Durante mucho tiempo estuvimos muy enfocados en el open format, pero en el último año eso ha empezado a cambiar. Eso abre la puerta a propuestas distintas y a nuevos proyectos musicales que antes habrían tenido menos espacio. Me emociona ser parte de ese cambio.”
Saltillo y Monterrey tienen frente a sí una oportunidad: construir una escena con identidad propia, y Rubén quiere aportar a esa construcción.

Un consejo para quien empieza
Si pudiera hablar con su versión más joven —el que apenas soñaba con tocar fuera de México—, el mensaje sería directo:
“Deja de lado la envidia, trabaja, investiga, escucha sets de otros DJs y sobre todo conecta con la gente.”
Y añade algo que convierte el consejo en invitación:
“Si hubiera actuado bajo esa mentalidad desde el principio, estoy seguro de que habría crecido mucho más rápido.”
La música como puente
La historia de Rubén Homero Livas no es solo la de un DJ que logró tocar en Europa y Asia. Es la de alguien que entendió que la música conecta, que las fronteras son más pequeñas de lo que parecen y que el trabajo constante, combinado con relaciones genuinas, construye carreras que duran.
Desde Saltillo hasta los festivales en la nieve, el camino sigue sonando.



