Daniel Héctor Saldívar Rovera nos recibió en las oficinas de Imagen Radio Saltillo. Frente al micrófono que lo escucha en su noticiero del acontecer saltillense, de lunes a viernes de 17:30 a 18:30 horas.
Nació y creció en Saltillo. Lo dice con orgullo, casi como una declaración de origen: una ciudad que representa su hogar, donde aprendió que la vida se construye entre el trabajo y la familia.
Es el segundo de cinco hermanos y, al hablar de su infancia, no menciona privilegios materiales. Habla de otra cosa. “Creo que fui un niño muy privilegiado, no por la cuestión material, sino por el amor en el cual crecí”, dice.
Recuerda que en casa había risas, discusiones, reconciliaciones. La vida cotidiana de una familia grande que aprendió a mantenerse unida. Su padre, ingeniero agrónomo; su madre, maestra. Ambos trabajando con una idea clara: la educación y los valores eran el verdadero patrimonio.
“Provenimos de la cultura del esfuerzo”, dice, evocando aquella frase célebre de Luis Donaldo Colosio. Ese ambiente familiar, admite, moldeó su manera de mirar el mundo.

Hay gente que no tiene voz, y hoy tengo el privilegio de ser un eco de esas voces”
El impulso de la justicia
A la edad de 30 años, Daniel combina dos vocaciones que para muchos parecen distantes: el derecho y el periodismo. Para él están profundamente conectadas.
Desde niño le incomodaba la injusticia. Ver que alguien se aprovechara de otro le provocaba una inquietud difícil de ignorar. “Me dolía el dolor ajeno”, explica. “Me dolían las injusticias, sobre todo cuando se aprovechaban de los más vulnerables”.
Esa sensibilidad lo llevó a estudiar Derecho. Encontró en la carrera una herramienta para construir algo más grande que una profesión: una forma de defender a quienes no podían hacerlo por sí mismos.
Ejerce en materia penal mientras continúa su trabajo en medios. Y lejos de ver una contradicción, encuentra una coincidencia de fondo. “Ambos buscan lo mismo: una sociedad más justa”, explica.

Un casting que cambió el rumbo
Daniel platica que la comunicación no estaba en sus planes. Durante la carrera estudiaba por las mañanas y trabajaba por las tardes para cubrir sus gastos. Pero al llegar al séptimo semestre, los horarios universitarios cambiaron y tuvo que dejar su empleo.
Fue entonces cuando apareció una oportunidad inesperada. Su hermana, periodista de profesión, le habló de un casting para un noticiero local. “Pues tú que te encanta andar en la punta de todo, ve”, le dijo.
Daniel fue sin expectativas. Nunca había estado frente a una cámara. No sabía qué era un chícharo ni cómo funcionaban las luces de un estudio.
Le pidieron leer dos notas, presentar el programa e improvisar unos minutos. Lo hizo apoyado en algo que sí conocía: los exámenes orales de la carrera de Derecho.
Al día siguiente lo llamaron. Había quedado. “Yo jamás pensé dedicarme a la comunicación… pero encontré ahí una pasión”.

El vértigo de las grandes ligas
El camino lo llevó pronto a escenarios mayores. Primero a noticieros regionales, después a proyectos nacionales y finalmente a espacios como Milenio, donde el alcance de la audiencia se multiplicó; sin embargo, ese momento también trajo dudas.
“¿Qué estoy haciendo aquí? No estoy lo suficientemente preparado”, pensó la primera vez. Era el síndrome del impostor, reconoce ahora. Pero con el tiempo entendió algo esencial: si estaba ahí era por algo.
Entre las experiencias que más lo marcaron de su paso por Milenio está el haber observado de cerca el trabajo de periodistas consolidados. “Su profesionalismo, su ética, su entrega…”, confiesa, “eso se me quedó muy grabado”.
Una voz para los demás
Conduce un noticiero en radio enfocado en lo que considera esencial: los problemas reales de la gente. “Todo aquello que tenga que ver con justicia social es lo que más me mueve”, afirma.
Su postura periodística es clara: objetiva, analítica, pero también cercana con la gente. Y hay algo que no está dispuesto a negociar: “Mi ética, mis valores ni mi libertad para decir lo que pienso”.

Vivir con conciencia
Detrás del periodista hay también un hombre reflexivo. Disfruta la soledad, leer, escribir y pensar. Hay una idea que guía su manera de vivir: “Memento mori”.
Para él no es un pensamiento oscuro, sino un impulso. “Recordar que vamos a morir se convierte en un gran motor para vivir al máximo”.
La trayectoria
Daniel es un periodista profundo, su trayectoria toca lo esencial: el periodismo sigue siendo, ante todo, un servicio.
Su mirada jurídica, su sensibilidad social y su convicción ética construyen una voz que busca algo más que informar. Busca explicar, cuestionar y amplificar a quienes rara vez son escuchados.
En una ciudad como Saltillo, donde las historias de trabajo y comunidad siguen marcando el pulso cotidiano, esa voz puede convertirse en un puente entre la realidad de la gente y las decisiones que la afectan.
Porque al final, como él mismo lo resume, el periodismo tiene una tarea simple y profunda: que las voces de los demás no se pierdan en el silencio.


