Cevichería Caimán: cuando el amor, la cocina y el trabajo en equipo se sientan a la mesa

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Cevichería Caimán está por cumplir cuatro años en marzo de 2026, pero su historia comenzó mucho antes de que el primer platillo llegara a la mesa.

Para Adrián Covarrubias y Rocío Zamora, el proyecto nació desde la necesidad, sí, pero también desde un deseo profundo: vivir de lo que realmente los apasiona.

“Surgió de la necesidad, pero siempre fue un sueño para nosotros el poder hacer lo que realmente nos apasiona”, comparten.

Ese gusto por la cocina de mar se fue formando con el tiempo, viajando, probando y conociendo distintos estilos culinarios en varias regiones del país.

Cada experiencia fue sembrando una idea que, con paciencia y convicción, terminaría convirtiéndose en un espacio propio. Así nació El Caimán: un lugar que no busca pretensiones, sino autenticidad, frescura y cercanía.

Familia, frescura y confianza en cada plato

El nombre no es casual. Para Rocío y Adrián, “el Caimán” es familia y amistad. Es un homenaje a un amigo muy querido que ya no está, y al mismo tiempo una declaración de principios.

“Queremos darle ese sentido acogedor a todas las personas que nos visitan”, explican. Esa intención se percibe desde que alguien cruza la puerta.

La experiencia, dicen, es tranquila, alegre y cercana. “Es ese sentimiento de estar con tu familia y amigos, probando frescura y preparaciones al momento”.

La calidad de los alimentos y el cuidado en cada detalle no son negociables; son la base de la confianza que han construido con sus clientes, a quienes buscan atender como si fueran parte de su círculo más cercano.

Emprender en pareja y mirar hacia el futuro

Ser socios y pareja no ha sido un obstáculo, sino una fortaleza. Lejos de afectar su relación personal, el negocio la ha impulsado.

“La relación laboral se ha fortalecido por el crecimiento que hemos tenido y las ganas de seguir haciéndolo mejor”, afirman. La clave ha sido la claridad en los roles y el diálogo constante.

Adrián se encarga de la cocina y los temas operativos, apoyado en su experiencia, mientras que Rocío lidera el área administrativa y la gestión del personal.

Las decisiones importantes siempre se toman juntos, desde la conversación y el respeto. “Eso es lo que nos ha ayudado a que funcione”, asegura Rocío.

Hoy, el Caimán entra en una nueva etapa. De enero a marzo, el espacio será remodelado para ofrecer mejores instalaciones, ampliar el menú y optimizar el servicio.

“Queremos que la experiencia sea mejor”, dicen con entusiasmo, conscientes de que el crecimiento también implica escuchar a quienes los han acompañado desde el inicio.

Después de estos años, el Caimán les ha enseñado algo esencial: dialogar, ser pacientes, no desesperarse y aprender a disfrutar los procesos.

Tal vez esa sea la receta secreta que hace que, más allá del ceviche, la gente siempre quiera volver.

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