Emprender joven siempre es un reto. Hacerlo entre hermanas, a los 22 y 16 años, y además apostando por una experiencia que rompe reglas, lo vuelve una declaración de intenciones. Así nace Artea, un espacio en Saltillo donde el arte no se observa: se vive, se lanza, se mancha y se siente.
Detrás del proyecto están Ana Sofía Carranza Aguilar y Elsa Vanessa Carranza Aguilar, dos jóvenes que decidieron convertir la creatividad en un refugio emocional para otros… y también para ellas.

Emprender jóvenes, emprender juntas
La idea de Artea no surgió solo del deseo de emprender, sino de una necesidad más profunda: crear algo con propósito. “Sabíamos que queríamos brindar experiencias nuevas a las personas de Saltillo y, al mismo tiempo, ayudar a la comunidad de alguna manera”, explican.
Así, la combinación de rage room y paint room apareció como una propuesta distinta, capaz de liberar emociones a través del movimiento, el color y el desorden.

La diferencia de edades no ha sido un obstáculo, sino una fortaleza. Ana Sofía aporta una formación estratégica; Elsa Vanessa, una mirada fresca y espontánea.
“Como hermanas tenemos una gran red de apoyo entre nosotras. Hemos funcionado muy bien como equipo”, comparten.
Ese vínculo ha sido clave para sostener el proyecto y hacerlo crecer sin perder su esencia.

Hacer un desastre también es hacer arte
En Artea no existen líneas rectas ni lienzos pulcros. Aquí se pintan paredes, se lanzan globos, se ensucia uno sin culpa. Romper con la idea tradicional del arte era parte del manifiesto.
“Creemos que todos llevamos un artista interior y que el arte expresivo es universal, porque depende de lo que sientes en el momento”, explican.

La frase que guía el espacio lo resume todo: “MAKE A MESS. MAKE ART.”. Aventar pintura, mancharse las manos o reír a carcajadas también es una forma válida de creación. Para ellas, el arte no está en la técnica perfecta, sino en la honestidad de la emoción.
“Cuando las personas buscan diversión, lanzan globos; cuando quieren liberarse, avientan pintura. Así se van expresando”.
Un espacio necesario para soltar y volver a sonreír
En un mundo acelerado y demandante, Artea funciona como una pausa necesaria. Un lugar donde la única regla es disfrutar.
“Queremos sacar sonrisas, carcajadas, que las personas se vayan con un peso menos”, dicen. Y lo han logrado: quienes pasan por el espacio se llevan una experiencia memorable, tan liberadora que incluso hay quien bromea diciendo que ya no necesita terapia.

A futuro, las hermanas imaginan a Artea como un escenario de momentos importantes: cumpleaños, aniversarios o simples días comunes convertidos en recuerdos inolvidables.
Si este proyecto tuviera una emoción, lo tienen claro: la felicidad. Porque al final, entre pintura, risas y paredes manchadas, eso es lo que queda.
Artea no solo propone una nueva forma de hacer arte en Saltillo. Propone algo más urgente: permitirse sentir, ensuciarse y soltar. Y hacerlo, además, de la mano de dos jóvenes que entendieron que emprender también puede ser un acto profundamente humano.



