Ningún elemento de las ofrendas de Día de Muertos está ahí por casualidad. La sal, el agua, el papel picado y hasta los juguetes tienen un propósito dentro del ritual con el que México recibe a sus difuntos los primeros días de noviembre; una tradición que la UNESCO inscribió como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2008. ¿Te interesa saber más? Aquí repasamos qué representa cada elemento y por qué no debe faltar. Toma nota y prepara tus compras, pues se aproxima el Día de Muertos.

¿Qué es la ofrenda de Día de Muertos y por qué es Patrimonio de la Humanidad?
La UNESCO inscribió las fiestas indígenas dedicadas a los muertos en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2008, tras proclamarlas en 2003 como Obra Maestra. Se celebran al terminar el ciclo anual del maíz y recuerdan el regreso temporal de los seres queridos fallecidos.
La ofrenda mezcla dos mundos. Los europeos aportaron flores, ceras, velas y veladoras; los pueblos indígenas sumaron el copal, la comida y la flor de cempasúchil. En la cosmovisión prehispánica, la muerte era el inicio de un viaje al Mictlán, el lugar de los muertos.
Día de Muertos en México: ¿Cuándo se coloca la ofrenda?
La ofrenda se puede comenzar a colocar desde mediados de octubre; lo que importa es que esté lista para recibir a los difuntos. El 1 de noviembre se dedica a los niños, los “muertos chiquitos”; no obstante, en muchos hogares la ofrenda se arma desde el 31 de octubre. El 2 de noviembre, es un regalo a los fieles difuntos. Esta se puede quitar a partir del 3, pero muchas familias la mantienen hasta mediados de mes.
En 2026, el 31 de octubre cae en sábado, el 1 de noviembre en domingo y el 2 en lunes.
Elementos de la ofrenda y su significado
- Flor de cempasúchil: su nombre en náhuatl significa “veinte flor”. Su amarillo se asocia con el Sol, en tanto que la tradición pide trazar senderos de pétalos desde la entrada de la casa hasta el altar para guiar a las almas de los difuntos.
- Velas y veladoras: se consideran una luz que orienta a las ánimas en estas fechas.
- Copal e incienso: limpian el espacio de malos espíritus para que el alma entre a su casa sin peligro. El copal lo ofrecían los pueblos indígenas a sus dioses; el incienso llegó con los españoles.
- Sal y mantel blanco: el blanco representa pureza y la sal purifica para que el cuerpo del difunto no se corrompa en su tránsito.
- Cruz de ceniza: sirve para que el alma expíe culpas pendientes y regrese limpia al descanso.
- Agua: simboliza la fuente de vida y la pureza del alma. A los difuntos adultos también se les suele ofrecer vino.
- Calaveritas de azúcar o chocolate: aluden a la muerte según la tradición mesoamericana. Las medianas recuerdan que la muerte siempre está presente, las pequeñas se dedican a la Santísima Trinidad y las grandes al “Padre Eterno”.
- Pan de muerto: significa fraternidad y afecto hacia quienes ya partieron. La Iglesia lo presenta como el “Cuerpo de Cristo”.
- Platillos y bebidas favoritas: en la ofrenda se suele compartir la comida que los muertos disfrutaban en vida. Pueden ser guisados como mole con pollo o barbacoa, o frituras, como cheetos o hasta cigarros. Este elemento es muy íntimo y no tiene normas establecidas.
- Papel picado: da color a la ofrenda de Día de Muertos, al tiempo que representa el aire.
- Fotografía: deja ver a quién está dedicada la ofrenda; se coloca en la parte más alta del altar, aunque pueden variar por niveles.
Niveles del altar
Los altares de dos niveles representan cielo y tierra; los de tres, cielo, tierra e inframundo; y los de siete, los pasos que debe recorrer el alma. La tradición popular pide al menos 2, 3 o 7 niveles.
Una tradición que cambia según cada región
Las ofrendas varían según la tradición, el arte y la creatividad de cada familia y comunidad, pero casi siempre incluyen cempasúchil, la “flor de los muertos”.
