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abril 4, 2025

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Samuel Sandler, un ‘standard’ que permanece

Conoce la historia de Mueblería Standard, un emblemático negocio familiar, al mando de la tercera generación

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Conoce la historia de Mueblería Standard, un emblemático negocio familiar, al mando de la tercera generación.

Mueblería Standard se ha mantenido en la preferencia de los regiomontanos por varias generaciones, gracias a su concepto de servicio y lujo accesible.

La inquietud de emprender un negocio les llegó a Marcos Sandler, y a su esposa Elisa Gurvitz, cuando tenían tres hijos y más de 15 años de radicar en Monterrey, tras sufrir los horrores de la Primera Guerra Mundial en su natal Lituania.

Él vendía artículos para el hogar en una carreta, en abonos, y se les ocurrió que una tienda de muebles era una buena idea. Originalmente se sumarían un par de socios, pero el trato se rompió cuando éstos cuestionaron la participación de Elisa: no querían que una mujer interviniera.

Elisa Gurvitz y Marcos Sandler

Cuando supo la noticia, ella le dijo a su marido: “Mira, les vas a decir que de ahora en adelante, tú tienes una socia, y esa socia soy yo”. Si bien ahora era ama de casa, había trabajado arduamente desde su infancia, al quedar huérfana de padre. Fue imposible negarse: tenacidad, coraje y resiliencia era algo que Elisa  tenía de sobra y Marcos lo sabía.

Monterrey, en 1939, tenía 186 mil habitantes y cerca de 13 tiendas de enseres domésticos. “¿Para qué van a abrir otra mueblería?”, cuestionó con preocupación uno de los fabricantes de muebles, cuando supo de su intención. En realidad, ellos creían que hacía falta un mejor servicio y estaban decididos a ofrecerlo.

En un terreno sobre la Calzada Madero, una avenida icónica, comercialmente hablando, para el Monterrey de aquellos años, construyeron el local, que abrió sus puertas en abril de 1939. Le llamaron Mueblería Standard. 

Primera sucursal de Mueblería Standard

Se inspiró en las iniciales del nombre y apellido de su fundador, y eligieron el vocablo inglés “standard” con una doble connotación: como una promesa de marca, de calidad y excelencia, pero también porque deseaban ofrecer muebles al alcance de todos los bolsillos.

La consigna era que, cualquier persona que cruzara la puerta, se sintiera muy agusto y bien atendido. Por más de una década, los Sandler Gurvitz vivieron en el segundo piso de su local comercial. Así, mantenían una cercanía insuperable con sus proveedores, vendedores y clientes.

Los hijos crecieron y se involucraron de lleno en la mueblería desde que realizaban sus estudios profesionales. Luego Marcos enfermó y falleció en 1974, por lo que Bernardo y José, los dos mayores, quedaron al frente del negocio, junto a su madre.

Elisa sobrevivió 23 años a Marcos. Hasta casi al final de sus días siguió al pendiente del negocio que ambos fundaron y a través del cual dieron empleo a 400 personas. 

Hoy, Mueblería Standard cuenta con tres sucursales en el área metropolitana de Monterrey y una en Saltillo, así como venta en línea.

El primer punto de venta de esta cadena mueblera aún permanece en su sitio. Hoy tiene nuevas dimensiones y una moderna fachada de cristal, que deja a la vista la puerta de granito negro que conducía a las escaleras por donde Elisa y Marcos accedían a su casa. Un tributo para recordar cómo comenzó todo. 

ESENCIA DEL NEGOCIO

A 86 años de distancia, en la sucursal de Calzada del Valle, Samuel Sandler, CEO de Mueblería Standard, observa el retrato enmarcado de sus abuelos paternos, en su juventud. 

Poco trató al abuelo Marcos, porque murió cuando apenas era un niño, pero la abuela Elisa le dejó grandes aprendizajes, en particular su alegría, ética de trabajo y dedicación. “Priceless”, dice espontáneo, para englobar lo que fue esa experiencia.

“Venía todos los días a trabajar, incluyendo los sábados, que era el día donde invitaba a toda la familia a comer a su casa. Se levantaba muy temprano a cocinar, venía a la mueblería a trabajar, y a la 1 de la tarde teníamos que estar en la casa, puntuales”, agrega.

Para Samuel y sus primos, los periodos vacacionales de la infancia transcurrían entre los muebles de la tienda. Cuando se acercaba el fin de año, enrollaban los cromos (calendarios) que se regalaban a los clientes. 

Samuel Sandler

“Me encantaba venir, era muy divertido. Brincábamos en los colchones y nos escondíamos”, añade.

La abuela Elisa murió en 1997, a los 92 años, seis meses antes que su hijo Bernardo, padre de Samuel. Un año tristísimo, recuerda.

En 1985 se inauguró la sucursal de San Pedro, sobre Gómez Morín, con un diseño que Samuel realizó como estudiante de primer semestre de arquitectura. Era una especie de mansión, imponente desde la fachada, que hoy ya no existe.

“Sentíamos que teníamos que llegar con algo que fuera muy aspiracional, que iba a encontrar otro tipo de muebles, de más alto nivel”, explica.

En su etapa universitaria, cuenta que su primo Moisés, quien dio inicio a la tercera generación al mando de la mueblería, lo fue involucrando poco a poco, hasta que tomó las riendas junto con él a principios de los años 90.

Posteriormente, se le encomendó a Samuel la creación del departamento de diseño de interiores, que aún opera, y luego las remodelaciones de algunas tiendas. 

“Poco a poco me di cuenta que mi carrera se compaginaba perfectamente bien con este mundo, y que las dos cosas me encantaban”, dice.

Después abrió San Nicolás, que además es un centro de distribución, y otras sucursales, de las cuales no todas permanecen, por diferentes motivos. También trajo a México la marca italiana Natuzzi, revolucionando al sector, misma que posteriormente vendieron.

“Siempre estamos viendo opciones de crecimiento”, dice. 

Posicionar la mueblería también representa un orgullo para Samuel.

“Los arquitectos y decoradores de Monterrey encuentran en Standard lo que buscan, así que ya no es necesario ir a Dallas o a otros sitios”, comenta.

VIVIR BONITO

A Samuel le apasiona ofrecer un buen diseño en muebles, accesible a todos los niveles. Así como hay piezas de importación, con materiales y finos acabados, también ofrece burós o sillas que no rebasan los 2 mil pesos. 

“Vivir bonito es vivir bien. Me encanta cómo podemos transformar la vida de los clientes, dar un buen servicio y hacerlos vivir mejor”, asegura.

Además se encarga del diseño de todas las tiendas, al 100%, y trabaja en cada detalle para que los muebles luzcan de la mejor manera

Sucursal Valle de Mueblería Standard

“La iluminación es importantísima. Yo digo, si no tienes presupuesto para otra cosa, hay que aplicarlo en la iluminación, es importantísimo, Y también la accesorización. Hay que tener la sensibilidad para exhibir un mueble, porque lo pones en un lugar y no gusta, y lo cambias de lugar, y fascina, explica.

Seleccionar productos en las ferias de muebles es otra de sus actividades preferidas. 

“Normalmente vamos a las ferias de Guadalajara, Carolina del Norte, Milán y Asia”, señala. 

Conocer las tendencias internacionales no resta al propósito de Samuel, que es impulsar a los fabricantes mexicanos, con quienes constantemente desarrollan productos.

“Trabajamos muy de cerca con ellos, primero que todo para desarrollar la industria mexicana, pero en segundo lugar porque creemos que hay un gran potencial y grandes fábricas y podemos dar un súper valor al cliente fabricando en México”, añade.

“Hemos podido ofrecer a los regiomontanos ese vivir bien a precios muy accesibles, dándoles un gran valor, con un buen servicio y atención. Y traerles las novedades de todo el mundo, en muebles y decoración”

Samuel Sandler

Por su profesión, igual le encanta realizar proyectos de diseño de interiores, que en ocasiones tardan meses en gestarse, pero el resultado final y la satisfacción del cliente coronan la experiencia.

“Siempre estamos tratando de estar a la vanguardia, buscando ideas nuevas, trayendo los mejores productos, el mejor valor. Nos describimos, en inglés, como affordable luxury, que es lujo accesible. Una manera de vivir bonita, pero a precios muy accesibles para todos”, dice

Los momentos difíciles no se han hecho esperar, pero siempre han salido avante. Justo hace 31 años, posterior al famoso “error de diciembre”, tenían una deuda en dólares y además sus proveedores estaban al borde de la quiebra.

“Dije: “algo tenemos qué hacer”. Le llamé a la directora comercial de Cintermex, que era amiga mía, y decidimos hacer una feria, abierta al público, que le llamamos Expo Standard. Fue una locura, en un fin de semana recibimos a 50 mil personas. La hicimos durante muchísimos años, hasta que sentimos que podíamos dar una mejor experiencia en las tiendas. Pero es algo que nunca nadie había hecho antes en México”, comenta.

Ni qué decir de la época de pandemia del Covid-19, cuando su actividad se paralizó por completo, por el cierre que ordenaron las autoridades. Es más, ni siquiera podían realizar entregas a domicilio.

“Aún así, no se dejó de pagar los sueldos a nadie”, comenta, al recordar el retador momento.

Standard ha amueblado las casas de varias generaciones de regiomontanos, que a decir de Samuel, ubican a la mueblería como un sinónimo de calidad y tradición. Él recibe gustoso los testimonios de los clientes, algunos incluso en video.

“Usan mucho la palabra confianza, buena calidad, respaldo, saben que hay eso. Creo que sí hemos traído el buen vivir a los regiomontanos, un estándar de servicio alto y a un precio accesible”, añade.

Si bien la industria mueblera tiene su faceta desafiante, para Samuel es muy divertido el día a día. Desde la selección de producto y el trato con proveedores, hasta la elección de telas, muchas de ellas de importación, y la formación de las colecciones. 

“La capacitación del personal de ventas es permanente, porque nos aseguramos de que el  cliente esté bien atendido, y luego está el servicio de postventa, entregar en tiempo y forma, que es algo importantísimo”, comenta.

LEGADO QUE PERMANECE

Una imagen en gran formato y tonos sepia, de la primera fachada de la mueblería, está pegada en uno de los muros de la tienda de Valle.

Si Marcos y Elisa pudieran ver hasta dónde ha llegado el emprendimiento que iniciaron con tanta ilusión y voluntad, seguro estarían satisfechos y encantados, asegura Samuel.

Quizá les sorprendería saber que ya no existe ninguna de las 13 mueblerías con las que competían. O quizá no. 

En la última venta del Buen Fin, no uno, sino varios clientes se acercaron a Samuel para destacar el nivel de atención que habían recibido, tan diferente a otros.

En la capital regiomontana, que en su área metropolitana cuenta con 5.5 millones de habitantes, 86 años después, sigue haciendo eco ese sencillo y a la vez contundente propósito de Marcos y Elisa: ofrecer otro estándar de servicio.

SU OTRA PASIÓN: ARQUITECTURA

A la par del negocio, Samuel ha desarrollado una brillante trayectoria como arquitecto, con reconocimiento internacional. Justo hace tres años ganó el Florida’s Finest Design Award by IFDA, en la categoría Living Room/Family Room.

“Aunque el premio estaba basado en Florida, como concursamos con varios proyectos que hicimos ahí, nos permitieron participar también con una casa en la Ciudad de México, y fue la que recibió el reconocimiento”, explica.

Recién graduado, a los 23 años, Samuel comenzó a realizar proyectos residenciales. Y así como la mueblería ha fidelizado a sus clientes, ha hecho lo propio en su quehacer como arquitecto.

“Ya estoy en la tercera generación, o sea, les he diseñado sus casas a los abuelos, a los papás y a los hijos. También tengo clientes a los que les he hecho cuatro o cinco proyectos. Eso es algo muy satisfactorio”, comenta.

Además de Monterrey, Ciudad de México y Acapulco, el arquitecto de 61 años también ha realizado proyectos en San Diego y Miami. En su mayoría son residenciales y comerciales, además de amenities para desarrollos.

El ámbito mueblero enriquece su rol como arquitecto, y viceversa, reconoce. Tanto en una como en la otra, la satisfacción del cliente es vital. 

“No podría dejar ninguna de las dos, las necesito, ambas me nutren”, expresa.

Frida, su esposa y madre de sus tres hijas Yael, Michelle y Debbie, es su gran consejera.

“Me apoya mucho en mis decisiones. Ella es escultora y siempre ha tenido un sentido de la estética muy alto, sabe mucho de arte, así que cuando tengo dudas, me apoyo mucho en ella”, dice.

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