A sus 57 años, Ramiro Barrera Garza puede pasar hasta cuatro horas sobre una moto de carreras, en campo traviesa. Cuando sale de la pista de enduro está agotado, pero con ganas de volver.
Comenzó a practicar esta disciplina a los 5 años y fue después de la adolescencia que empezó a competir. Desde entonces, ha participado en carreras, dentro y fuera de Nuevo León, en las que ha conquistado podios pero sobre todo, grandes amistades.
Lo que más disfruta de este deporte, que le exige condición física y concentración, es algo insustituible: la adrenalina.
“Los pedacitos en donde puedes acelerar a fondo, 100 metros, 200 metros, es una sensación increíble. De pronto he intentado dejarlo y no he podido”, reconoce.
Pasión de toda la vida
Su padre también practicó motociclismo, aunque comenzó mucho después, alrededor de los 35 años. Para él, en cambio, la moto estuvo presente desde la infancia, primero como una práctica recreativa y luego como una constante.
Abogado de profesión, con 35 años de trayectoria en el ámbito corporativo y propiedad industrial, su trabajo le deja poco margen para entrenar entre semana, por lo que procura aprovechar los sábados para subir a la moto.

Corre principalmente en el municipio de García, donde se ubica la pista más cercana, aunque también ha participado en competencias de Parras y Saltillo, así como en otros puntos del circuito regional que comprende Torreón, Durango y Chihuahua.
No siempre puede competir tanto como quisiera. Hay temporadas en las que la carga laboral se intensifica y debe quedarse lejos de la pista.
“Muero de ganas de ir y lo extraño. Mi cuerpo me lo pide”, asegura sobre esas pausas.
Horas sobre la moto
El nombre de enduro viene de endurance, (resistencia), y eso explica buena parte de lo que ocurre durante una competencia.
En su categoría, 50 Expertos, lo habitual son tres vueltas, aunque algunas carreras llegan a cuatro. Cada recorrido puede durar entre una hora y una hora y media. El circuito combina diferentes tipos de terreno y varias pruebas, entre ellas tramos de velocidad y zonas más técnicas.
Los tiempos son fundamentales. Cada piloto lleva un transponder que registra su paso por los checkpoints y permite establecer si cumplió con los tiempos establecidos. Una vez que concluye una prueba, llega el momento de bajar el ritmo, descansar unos minutos y continuar.

En los pits aprovechan para revisar la moto, cambiar el filtro de aire, hidratarse y comer algo antes de volver a la pista.
“Te subes a la moto otra vez, te pones el casco y sigues”, dice.
Para Ramiro, el cansancio forma parte del reto. Una vuelta puede ser suficiente durante un entrenamiento, pero en una carrera no hay manera de elegir. Hay que completar las vueltas que establece la categoría.
Cuestión de disciplina
La preparación no se limita a los días de competencia. Ramiro acude al gimnasio todos los días y cuida su alimentación. Cuando se acerca una carrera, aumenta el trabajo cardiovascular y realiza ejercicios con intervalos de mayor intensidad para mejorar su resistencia.
También modifica algunos hábitos. Un mes antes procura no desvelarse y evita tomar alcohol. Aunque lo considera un hobby, reconoce que el motociclismo ha influido en su forma de vida. Moderarse con la bebida, por ejemplo.

Además, para él, terminar una carrera tiene algo en común con concluir un proyecto profesional. Una vez que comienza, hay que llevarlo hasta el final.
“Cuando tengo un proyecto, como las carreras, lo tengo que acabar. No me puedo ir a mi casa si no acabo”, asegura.
No faltarle el respeto
Entre las enseñanzas que recibió de su padre, hay una que todavía recuerda con claridad. “No le faltes el respeto a la moto”, le decía. Con los años, comprendió la trascendencia del consejo.
Para Ramiro, respetar la moto significa conocer el propio nivel y no intentar hacer algo para lo que todavía no se tiene la preparación. También significa no subir después de beber o cuando el cansancio impide estar en las mejores condiciones.
“Si tú quieres jugar con ella, te quieres burlar de ella, te va a dejar sentado en el piso”, dice.
La moto también ha encontrado un lugar dentro de la vida familiar. Disfruta que sus hijas lo acompañen en las competencias, donde pasa horas en la pista.
“Que vean un poquito el espíritu guerrero, de lucha y esfuerzo”, dice.
Que su papá siempre, a pesar del cansancio, termina la carrera. Una silenciosa lección, a toda velocidad.
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“Si tú quieres jugar con ella, te quieres burlar de ella, te va a dejar sentado en el piso”
Lo que sigue
La falta de tiempo para entrenar y el desgaste físico que implica el enduro lo han llevado a buscar una alternativa. Su idea es pasar a una motocicleta de doble propósito para continuar recorriendo la montaña, pero por caminos menos técnicos y sin la exigencia de una competencia.


