Abraham Hernández Paz, dirigiendo la Facultad más joven de la UANL

Abraham Hernández Paz llegó a Monterrey con nada y ahora desde sus aprendizajes de vida busca transformar la academia.

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La vida que vivió la califica como modesta, sin lujos. Abraham Hernández Paz vivía entre el Ejido Mesillas y Mazatlán; su papá era guía de turistas, y en los días cuando llegaban los barcos internacionales, “era un caos porque a veces nos quedábamos sin comer: mi papá llevaba a los estadounidenses a nuestra casa para que conocieran a una ‘familia mexicana real’, a desayunar nuestro desayuno”.

Gracias a eso, formaron amistades que les permitieron conocer lugares como Canadá con todos los gastos pagados. “Yo tenía unos seis años. El plan era que nos quedáramos un mes: una semana en casa de cada uno; pero mi mamá solo aguantó dos semanas”. A los 13 años aproximadamente entró al seminario, pero no le convenció y decidió servir a Dios desde afuera.

IN MEDIAS RES [A LA MITAD]

Se fue a Tijuana a estudiar Turismo en la UABC: mitad de la carrera en la ciudad y la otra en San Diego. “En ese tiempo trabajábamos para Álamo, una arrendadora de autos a nivel nacional. Mi papá era el gerente de la plaza de Tijuana y yo le ayudaba medio tiempo”. Desafortunadamente, fue víctima de un asalto a mano armada; esa situación los orilló a mudarse a Los Cabos.

Durante seis meses estuvo trabajando sin estudiar, pero decidió venir a Monterrey, solo. Un trabajo en Carl’s Jr. Garza Sada le permitió rentar un pequeño cuarto; luego, trabajó como ‘caddie’ en un campo de golf en San Pedro, donde hizo muy buenos amigos.

“Un caddie debe saber jugar; yo no sabía, jamás había jugado, es un deporte muy caro… pero era simpaticón, le echaba ganas, y los otros caddies me ayudaban. Hoy ya juego golf, después de muchos años”

Decidió estudiar su carrera porque heredó el gusto por lo internacional de su papá, y el de las ventas de su mamá. Una vez que entró a la facultad puso su primer negocio: vendía tacos de camarón y de pescado; con sus ingresos, que representaban la mayoría, y el apoyo de sus papás, costeó sus estudios en la Facultad de Ciencias Políticas de la UANL.

Abraham recuerda que, al llegar a Monterrey, sin conocer a alguien de apellido, y con vestimenta humilde, primero lo escaneaban. “Me generaba frustración que me juzgaran sin saber quién era, y pensé en cómo podía demostrárselos”.

Durante sus años de estudiante, lo invitaron a la mesa directiva y aceptó porque le llamó la atención ayudar a la gente. Después de convivir con los otros miembros y entender cómo funcionaba la dinámica, notó diversas áreas de oportunidad en su escuela. “No teníamos cancha de futbol, estacionamiento, gimnasio… la facultad tenía muchas carencias, y yo pensaba que me gustaría cambiar todo eso”.

Debido a su desempeño y propuestas, la institución lo contrató para encargarse de los asuntos estudiantiles. Después de graduarse y trabajar en una empresa de logística de noche y en la facultad de día, obtuvo el empleo de maestro en su alma máter a los 21 años. Abraham recuerda que fue un periodo en el que tuvo que leer mucho, comer poco y aprender todos los días para preparar sus clases, alternándolo con otros trabajos como la venta de casas.

EX AEQUO [DEL MISMO RANGO]

Mientras estudiaba una maestría en el IPADE, uno de sus amigos lo apoyó con el enganche para un Audi TT; él, sorprendido, le preguntó a qué se debía el gesto y qué tenía que hacer a cambio: “Nada. Tienes muchas habilidades, buenos valores, y sé que te va a ir muy bien. Este carro va a ser tu llave, un instrumento para que te vaya mejor”, le dijo su amigo.

Abraham recuerda con cariño y agradecimiento ese momento, al igual que los demás lazos que creó con la gente de Monterrey. Él se identifica como adoptado regio y vive en la ciudad junto a sus hijos, esposa y familia. De su historia y camino de vida resalta su habilidad para conectar con las personas, aun las que provienen de distintos orígenes y tienen una formación cultural diferente.

Ahora tiene tres restaurantes. Estudió una maestría, doctorado; de maestro ascendió a subdirector; luego lo eligieron como director y, por fin, pudo hacer los cambios que siempre quiso para su escuela.

“La academia me apasiona. Es el presente y el futuro. Ha sido padrísima la experiencia como director porque todas las cosas que tenía ganas de hacer, hoy las he realizado, y aún me quedan sueños por realizar dentro de la institución”, dice emocionado. Abraham le apuesta a la formación integral de los estudiantes. Ahora está trabajando en implementar la modalidad dual, en la que el 70% de la formación se lleva dentro de una empresa en el “aula laboral”, y el 30% de teoría en las aulas normales.

IN EXTREMIS [AL ÚLTIMO MOMENTO]

En verano de 2021 vivió un periodo de ansiedad fuerte: tenía la presión de no despedir a ningún trabajador, aunque cerraron sus tres restaurantes; y de ser el responsable de migrar a la modalidad digital a 6,500 estudiantes, 200 maestros y 20 administrativos.

“Me impactó tanto que terminé en el psiquiatra por ansiedad… Fue un punto muy crítico, me daba taquicardia, sudoración, me faltaba el aire de tanto estrés, pero después pensé que qué bueno que había sido yo, porque de haber sido un maestro más grande, quizás se hubiera infartado. Lo traté, gracias a Dios lo resolví, y hoy estamos aquí con muchas ganas. Convocamos elecciones, participé como candidato único con el apoyo de los maestros, y aún con estas experiencias decidí entrarle otra vez, con muchas ganas de seguir adelante, muchos proyectos y emoción”.

CAMBIOS QUE ABRAHAM IMPULSÓ:

·Piso completo para el área de internacionalización
·Estacionamiento
·Gimnasio
·Tercer edificio para clases de licenciatura
·Remodelación general
·Cafetería
·Área de salud con psicólogos, nutriólogos y enfermería
·Licenciatura en Gestión Turística
·Learning Center
·Maestría en Negocios Digitales
·Parque solar fotovoltaico

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