Karla Planter llega tarde a su cita en el Paraninfo de la Universidad de Guadalajara (UdeG). Viene apresurada y se disculpa. Su agenda, que inició muy temprano, terminará en un concierto en el Auditorio Telmex ya por la noche. Lo sabremos por Joaquín Sabina y el anuncio de un futuro honoris causa. Es la rectora electa y su tiempo ya no es tan solo de ella. Se multiplica por dos, tres o hasta cuatro. Hoy es uno de esos días. Por la mañana estuvo en la Preparatoria 19 y más tarde se reunió con directivos del Sistema de Educación Media Superior. A esta cita llega cuando el sol ya se va recostando y la luz comienza a chisporrotear.
La sesión de fotografía planeada se apresura tanto como es posible. Las prisas, sin embargo, no la inundan. Ni para responder a las preguntas que le haré en unos momentos como tampoco para asumir el cargo que cambiará la historia de la universidad.
Su llegada a la rectoría no es solo un logro personal, sino un hito histórico para una institución bicentenaria que ha sido pilar fundamental en el desarrollo de Jalisco y sus jóvenes. La maestra en Estudios Políticos y Sociales se convierte en la primera mujer en asumir este cargo, abriendo camino para las generaciones futuras.
Quizá porque desde muy pequeña mostró una inclinación natural hacia la comunicación, sonríe y pide que la hagan reír. Se muestra como es: una mujer que ha construido su trayectoria con firmeza, empatía y un profundo compromiso con la educación, pero no quiere poner una barrera de seriedad. A los cuatro años ya jugaba a ser entrevistadora, grabando a sus hermanas con un micrófono imaginario. La primera pregunta que responde es si cumplió lo deseó ser de niña. Lo hace en el asiento 18 de la fila F, el mismo lugar donde fue electa y dejó de ser Karla para ser rectora. “Yo era la artista y la entrevistadora”. Aquellos cassettes, que aún busca recuperar, son testimonio de una vocación que la llevaría a convertirse en una destacada periodista y académica.
Su sueño de trabajar en los medios de comunicación se materializó a los 16 años, cuando ingresó a Radio Universidad de Guadalajara. Más tarde, fue una de las fundadoras del periódico Siglo 21, donde consolidó su carrera como comunicadora. Aunque estudió Ciencia Política en la UdeG, porque en ese entonces no existía la carrera de Comunicación, su formación autodidacta y su experiencia práctica le permitieron destacar en el ámbito periodístico. “Yo ya sabía más cosas que los recién egresados porque lo hacía”, afirma con modestia.
Docencia: Una pasión innata
Planter no solo ha sido una comunicadora excepcional, sino también una profesora apasionada. Tras completar su posgrado en la Ciudad de México, regresó a la UdeG para impartir clases de Introducción a la Ciencia Política. Para ella, ser profesora es una oportunidad de aprender de los alumnos y llenarse de energía y esperanza. “Es un reto saber comunicar, llegar al corazón y transmitir algo que no se quede solo en la mente”, explica.
Su estilo como maestra es cercano y amoroso, pero también estricto. “Soy muy de tocar, muy materna, pero relajada. Dejo mucha libertad, aunque con límites. Y más que memoricen, lo que me interesa es que entiendan, que comprendan los procesos, las cosas”. Esta combinación de firmeza y empatía ha marcado a sus estudiantes, muchos de los cuales hoy son sus asesores o continúan su formación académica.
Y es que la UdeG no es solo una institución educativa, es un motor de transformación social. Con más de 336 mil estudiantes, 19 centros universitarios y preparatorias en todo el estado, la universidad ha llevado educación a los rincones más necesitados de Jalisco. A esa comunidad, dentro y fuera del aula, le habla. “No creo que la universidad le haya quedado a deber a nadie. Quizá algunos universitarios o gobernantes le han quedado a deber a la universidad”.
Sabe del impacto que tiene la institución no sólo para la educación media y superior, sino en los entornos donde se encuentra. Y no se amilana y ni se echa para atrás al afirmar que seguirá buscando a sus alumnos, “a esos que no iban a poder venir porque no tenían dinero o porque no los iban a dejar, que son los más pobres, los más necesitados. La Universidad de Guadalajara salió de la Zona Metropolitana y ahorita se encuentra con prepas en prácticamente todo Jalisco y tenemos centros universitarios que cubren las regiones. Y esas regiones se han ido transformando”. La llegada de la universidad a una comunidad implica cambios inmediatos y a largo plazo. Desde la pavimentación de calles hasta la transformación de vidas, la UdeG ha sido un agente de cambio en Jalisco.
Karla Planter: Feminismo y la lucha por la igualdad
Karla Planter asume su cargo en un momento crucial para las mujeres en México. Como la primera rectora de la UdeG, es consciente de la responsabilidad que implica romper techos de cristal. Sin embargo, para ella, el verdadero reto está en lo que las feministas llaman el “piso pegajoso”: esas actitudes y patrones culturales que, aunque parecen normales, perpetúan la desigualdad.
Reflexiona, pausa y luego responde. “Yo he aprendido de mis alumnas y mis alumnos. Cosas que veía y pensaba que eran normales. Yo decía: ‘Qué exagerada’. Y me enseñaron que no era normal. Me han abierto los ojos. Entonces, el piso pegajoso que es un tema más cultural, más profundo donde repetimos cosas que no nos damos cuenta”.
Explica que “el reto no es solo romper el techo de cristal, sino hacer que los hombres entiendan que son parte del mismo sistema “, explica. Planter ha tenido que enfrentarse a hombres que reproducen modelos patriarcales, pero también ha encontrado aliados dispuestos a construir juntos un futuro más equitativo.
“Sí me ha tocado explicarles a algunos hombres que no están ni arriba ni abajo. Y que no los queremos ni arriba ni abajo, los queremos en el mismo escalón y queremos construir juntos. Porque sí hay, de parte de muchos hombres, una sensación de temor”.
Sabe que ahora ella es el ejemplo que seguir, la referencia para muchas mujeres. Sin embargo, prefiere mirar dentro cuando le pregunto por sus faros. Elije la respuesta menos pensada y reconoce a aquellas mujeres que, desde la cotidianidad, construyen un legado silencioso pero poderoso. “Me gusta mucho pensar en las mujeres anónimas. En todas aquellas que, desde su espacio, desde su casa o desde su trabajo, van trabajando y haciendo para que esto vaya cambiando en lo cotidiano”.
Estas mujeres, cuyos nombres no suelen aparecer en los titulares ni en los libros de historia, son, para Planter, una fuente invaluable de motivación.
“Me parece que ahí también hay una riqueza muy grande. A mí me gusta siempre pensar y recordarlas. En todas esas que aparentemente no tienen nombre o que no reconocemos el nombre, pero sí podemos sentir su trabajo y su influencia”.
Y luego vuelve al punto de partida. Su madre como ejemplo. María Elizabeth, de 91 años, es el nombre que convierte su rostro en sonrisa y la voz en un caudal de dulzura. “Es una mujer fuerte, entregada, comprometida. Ella me marca”.
Con esta perspectiva, Karla Planter no solo quiere honrar a su madre y a las figuras históricas que han allanado el camino, sino que también visibiliza el poder transformador de las mujeres comunes, aquellas que, con su esfuerzo diario, contribuyen a construir un mundo más justo y equitativo. Su mensaje es un recordatorio de que la inspiración no siempre proviene de los grandes escenarios, sino también de los pequeños actos de valentía, dedicación y amor que ocurren en el día a día.
Cine, música y sabores
Karla Planter es una mujer de intereses diversos. Su amor por el cine es evidente, aunque reconoce que el trabajo le ha impedido disfrutarlo tanto como quisiera. “La última película que vi fue ‘Cónclave’“. Se sorprende ante la pregunta si puede cerrar la Cineteca para ver una película sin interrupciones. “Qué horrible estar ahí sola”.
En cuanto a las series, admite que puede pasar horas enganchada a una trama. “Puedo estar cinco horas un domingo viendo una serie, aunque ya esté cansada”, dice entre risas.
La música es otra disciplina que ocupa un lugar especial en su vida. Criada en un hogar donde se escuchaba de todo —desde música clásica y jazz hasta boleros y rock—, Planter heredó un gusto ecléctico. “Mis papás escuchaban Pink Floyd, Led Zeppelin, Janis Joplin y los Beatles, pero también José Alfredo Jiménez y Pedro Infante“, recuerda. Hoy, su elección musical depende de su estado de ánimo, aunque el tango tiene un lugar especial en su corazón. “Me gusta bailar en general, pero quiero retomar clases de tango”, comenta. Aunque vuelve al mariachi, porque tras resultar electa rectora, un mariachi de mujeres comenzó la celebración afuera del Paraninfo.
También comparte su amor por la cocina, una actividad que heredó de su familia. “Mi mamá y mis abuelas tenían buena mano, buena sazón”, recuerda. Aunque reconoce que el trabajo le ha impedido cocinar tanto como quisiera, disfruta preparar platillos italianos y mexicanos. “Cuando los invite, voy a ponerme días antes a practicar”, comenta entre risas.
La trayectoria de Karla Planter
- Tiene una maestría en Estudios Políticos y Sociales
- Su trayectoria en la UdeG es de más de 30 años
- Antes de ser rectora general fue es rectora del Centro Universitario de los Altos
- Fue directora de Medios y conductora titular del noticiario Medios UdeG Noticias de Canal 44
- Trabajó como conductora en Radio UdeG y Coordinadora General de Comunicación Social de la universidad
- Fue reconocida con el Premio Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez en 2002, que otorga la Feria Internacional de Libro de Guadalajara