La cerámica es un arte milenario. Con un profundo arraigo histórico-cultural en México, esta tradición se ha manifestado de distintas maneras, desde utensilios hasta complejas piezas artísticas. Dentro de esta vasta tradición, un taller familiar se ha encargado de mantener vivo este oficio, logando trascender entre generaciones y formatos: Cerámica Suro.
Fundado en Tlaquepaque, en los años cincuenta, por Noé Suro Olivares, era un espacio donde se producían vajillas y objetos de decoración. Paralelamente, sus hijos, José Noé y su hermano, Luis Miguel, crecieron entre arcilla, raspadores y hornos. Aunque el vínculo con la cerámica era fuerte, José Noé decidió crear su propio rumbo y se formó en Derecho, ejerciendo brevemente su profesión. Sin embargo, ello solo bastó para confirmar que su pasión estaba en la cerámica y regresó al taller en 1994, un retorno que marcó el inicio de una etapa de renovación.

Segunda generación
Su hermano era un artista, mientras que Noé era un apasionado por el arte, motivo que lo llevó a empezar su propia colección. Sin pensarlo, empezaron a explorar y encaminar de forma natural diferentes posibilidades expresivas de la cerámica, situando entonces a Cerámica Suro no solo como un taller y fábrica artesanal, sino como un espacio activo en el panorama artístico.
“Poco a poco fui invitando a artistas, arquitectos, diseñadores y chefs a trabajar en la fábrica. Los artistas venían a verme y me pedían que si podían hacer algo y así pasó”, comparte. Tres décadas después, más de 600 artistas han pisado la fábrica de Cerámica Suro, hoy ubicada en Colón Industrial, Guadalajara.
En ese flujo constante de ideas y colaboraciones, José Noé Suro encontró su lugar: un facilitador de proyectos, un gestor que ha abierto las puertas a la imaginación de muchos, sin límites. “Lo que nosotros hacemos es facilitarles y permitirles producir y lograr crear proyectos que difícilmente se podrían hacer en otro lugar”.
Actualmente, Cerámica Suro articula su labor en distintas líneas. Desarrolla proyectos artísticos que van desde residencias para artistas, hasta comisiones de gran escala para museos, espacios públicos y privados como hoteles y proyectos internacionales. A la par, colabora con arquitectos y diseñadores en la creación de soluciones cerámicas arquitectónicas y para decoración. Finalmente, uno de sus proyectos más distintivos es el trabajo junto con chefs en el diseño y producción de vajillas hechas a la medida, pensadas como una extensión del lenguaje culinario.
Queremos acercar el arte contemporáneo a lugares donde vivimos y convivimos todos los días. El arte debe ser una experiencia cotidiana”

Impacto internacional
Gran parte de su producción y comisiones se desarrollan hoy fuera del país, con proyectos en Estados Unidos, Europa y el Caribe. Murales, obras públicas y colaboraciones internacionales han llevado la cerámica hecha en Guadalajara a escenarios globales. Para José Noé Suro, este alcance responde a una de sus convicciones: llevar el arte contemporáneo a la vida cotidiana y demostrar que la cerámica tiene un lugar legítimo en el mundo. Aún así, comparte que parte de sus objetivos es también hacer más proyectos dentro del país.
Esa misma lógica de apertura se extiende más allá de la fábrica. Como cofundador de Plataforma, un espacio independiente dedicado al arte contemporáneo en Guadalajara, ha contribuido activamente a fortalecer el ecosistema cultural de la ciudad. Tanto desde Cerámica Suro como desde sus proyectos paralelos, la colaboración se convierte en un valor central: trabajar con artistas, diseñadores y chefs, abrir procesos y compartir saberes como una forma de construir una comunidad creativa.
Actualmente, Cerámica Suro cuenta con más de 70 colaboradores y es una de las fábricas mexicanas con mayor presencia en el país, colocándolo en la mira internacional como una incubadora de creativos. De comenzar como un taller, hoy se ha convertido en un testimonio en donde la ambición puede hacerse realidad.




