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abril 22, 2024

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Arte y marketing – Por Edgardo López Huerta

Hoy es una realidad que los medios y plataformas digitales son un escaparate del proceso creativo, de la obra finalizada, su interacción y reacción con la gente.

Por

Socio MISHTECH Creative Business Agency

edgardo@mishtech.com

Ig: edgardolh

Hablemos del papel del marketing en la difusión del arte. La tecnología aceleró la dinámica de todas las industrias, y el arte no es la excepción.

Mientras la tecnología avanza, la cultura también y el arte, al ser un reflejo de la expresión del individuo en su interacción con un contexto social, evidentemente llega para establecer su declaración y presencia en la huella de la humanidad.

En el pasado, la dinámica era lenta y pausada, el artista trabajaba a la sombra del anonimato y la soledad, es por ello que muchas de las obras tuvieron que esperar, incluso, la muerte de su creador para consagrarse, en otras palabras, el autor nunca supo el grado de trascendencia de su idea.

Hoy es una realidad que los medios y plataformas digitales son un escaparate del proceso creativo, de la obra finalizada, su interacción y reacción con la gente.

El marketing digital, el comercio electrónico y las redes sociales parecen ser un nuevo lienzo para el arte, esto permite a muchos artistas estar presentes, vivos, confrontar y polemizar a la par de la construcción de su obra.

La aparición de los NFTs (tokens no fungibles) legitimizan las obras digitales y toman un valor muchas veces absurdo en criptomonedas. No me creen, pregúntenle a Mike Winkelmann, mejor conocido como Beeple, el artista con una de las transacciones más grandes en las ventas de arte, que bajo la afamada casa de subastas Christie’s alcanzó una oferta de 57 millones de euros para su pieza, que cabe resaltar es 100% digital, es decir, no se obtuvo un objeto físico resultado de la transacción.

Beeple creó una ilustración a diario, sin excepción, durante 14 años de su vida, ‘Todos los días: los primeros 5000 días’; cinco mil ilustraciones integradas en una pieza digital, una locura.

Si además de estos fenómenos digitales sumamos que los nuevos artistas pueden expandir su obra con realidad aumentada, experiencias inmersivas e interactivas, que también se valen de colaboraciones, vinculaciones con influencers para dar más nombre y relevancia a la obra, y que popularizan sus propuestas, al grado de hacerlas arte objeto; nos damos cuenta que en estos tiempos quedarse oculto sería casi imposible.

En la medida que todo se acelera, también las expresiones se vuelven más abstractas e incomprensibles.

Pero así es el arte (creo). Y esto me recuerda una leyenda urbana del mismísimo Salvador Dalí. Se cuenta que alguna vez él coincidió con una duquesa en un restaurante español, de esos de alcurnia, y ella desde su arrogancia y frivolidad le dijo: “Maestro, sinceramente no entiendo su arte” a lo que el excéntrico personaje respondió: “Mi querida duquesa, veo que usted está aquí porque disfruta comer de este manjar” a lo que ella responde de inmediato “sí, desde luego”, y aquí viene Dalí replicando: “¿pero lo entiende? ¿Entiende la lógica de su platillo?.. de la misma forma mi arte no es para que se entienda, es para que se disfrute… igual que su suculento plato”.

Entonces, el arte está en la pieza en sí o en el contexto, en la historia que envuelve la pieza.

La famosa Mona Lisa, ¿sería tan famosa sin la noticia que el cuadro de Leonardo Da Vinci había sido robado apareciendo como la gran nota de todos los diarios del mundo? o ¿sin la mística de pensar si el cuadro expuesto es el original o una réplica falsificada tras la recuperación?

O como el caso de la obra de Elías García Martínez en el Siglo XIX: “Ecce Homo” (He aquí el hombre), colocado hace 100 años en la iglesia del Santuario de la Misericordia en Borja, un pueblo español de 5,000 habitantes muy golpeado por la economía. Sí señor, una obra que por cien años pasó desapercibida.

El cuadro que plasma el rostro de Jesucristo se fue deteriorando por los años y la humedad, por ello Cecilia Giménez en 2012 con buena voluntad se atreve a restaurarlo, dándole una pintada por encima. Pero, hay un pequeño problema, ya no se parecía en nada a la imagen original, lo arruinó por completo, haciéndolo parecer casi ridículo, así se ganó la burla del poblado, la noticia se expandió y ya era nota nacional y pronto internacional.

Borja se puso en el mapa, y mientras España sufría de recesión, Borja prosperaba. 160,000 visitas de turistas pagaban un euro para ver el famoso cuadro, más la derrama por sitios que dejaban la compra de souvenirs de la imagen y consumo local. Entonces, ¿la polémica le gana a la técnica?

Pensemos, el arte se vale de utilizar las técnicas y herramientas que están en su propio contexto para crear.

Las pinturas rupestres, por ejemplo, tomaban las herramientas y técnicas que estaban a la mano, expresando así, a partir de la sangre de una presa que sirvió de banquete, pigmentos minerales o carbón.

Años después se evolucionó a tintas, óleos, acrílicos y más. El artista siempre ha trabajado con los elementos que le ha proporcionado el propio entorno.

Hoy una polémica que genera ruido y conversación es la inteligencia artificial, ya que muchos consideran que no es una autoría original, sino que es resultado de aprendizajes y data que se han adquirido en internet, y que por lo tanto, es un robo.

Pero ¿no es la realidad a la que se enfrentaron los artistas revolucionarios del pasado, aquellos que salían de los cánones establecidos, que salían del ámbito aceptado y que hoy vemos como grandes maestros? Entonces ¿será que la inteligencia artificial es una nueva técnica o herramienta para que el artista pueda crear a partir de ella y que algunos no estamos entendiendo?

Sea como sea, la polémica y confrontación siempre han estado vinculadas en la difusión del arte, y a pesar de que la obra pueda estar perfectamente ejecutada, sí, también puede ser perfectamente ignorada. Hacer marketing en el arte, tiene su arte.

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