Hay aprendizajes y experiencias que tienen el poder de transformar el rumbo de vida de una persona. Para ella, un viaje a la India lo fue todo; atravesaba una etapa de búsqueda personal, decidida a construir su propio camino y es así como nació MUGHAL.
Comenzó profesionalmente en la empresa familiar, junto a su padre, pero con el tiempo surgió la inquietud de crear algo propio. “En esa etapa de mi vida sí tuve mi crisis existencial, pero yo creo que es de esas de donde nacen mejores oportunidades”
Egresada de comercio internacional, con estudios en finanzas y un profundo interés por el interiorismo y culturas del mundo, dio un paso decisivo. Inicialmente, planeaba desarrollar una línea de blancos inspirada en los textiles que descubrió durante su estancia en el país asiático.
No obstante, mientras estructuraba su plan de negocios, experiencias y conversaciones la llevaron a detectar una oportunidad: alfombras y tapetes, pues carecían de opciones atractivas en la ciudad. Así nació Mughal, hace 13 años.
Ana levantó el proyecto sola. Atendía clientes, realizaba entregas y llevaba la contabilidad. Poco después, su hermana Eli regresó de París y comenzó a apoyarla en la tienda. Lo que inició como una ayuda espontánea se convirtió en una sociedad que hoy impulsa el crecimiento de la marca, con tres sucursales: Guadalajara, CDMX y Los Cabos.

Mughal se distingue por la creación de tapetes de alta calidad, además de transformar un producto cotidiano en una obra de arte que puede ser vivida. La artesanía es su corazón. Cada diseño está inspirado en viajes, arquitecturas y culturas, dando como resultado la fusión entre técnicas milenarias, como nudos tibetanos y persas, y la contemporaneidad.
Mi enfoque siempre fue que la gente, cuando viera el catálogo o visitara la tienda, dijera ‘Ay, es no sé cuál llevarme porque todos están increíbles’”
Su portafolio abarca desde fibras naturales y propuestas minimalistas hasta patrones geométricos y composiciones audaces. Gracias a esta diversidad, Mughal se ha convertido en un referente para hoteleros, proyectos residenciales, interioristas y diseñadores.
Detrás de cada pieza existe un proceso profundamente humano. Cuentan con su propio taller en la India, donde las técnicas se transmiten de generación en generación. Ana mantiene un vínculo cercano con los artesanos y sus familias, cuidando cada eslabón con respeto, calidad y conciencia ambiental. Para ella, el verdadero lujo reside en valorar a quienes hacen posible cada creación.

Su visión no se detiene ahí. Un encuentro en el estudio del artista Ricardo Luévanos marcó un punto de inflexión. Impulsada por su interés en el arte, Ana apostó por una colaboración en la que Luévanos intervino un tapete, convirtiendo un objetivo cotidiano en una obra artística. Con éxito inmediato, abrió la puerta a una etapa más creativa y experimental.
Desde entonces, han colaborado con el artista Rocca Luis César y Eduardo Sarabia, así como el diseñador Sebastián Lara, consolidando una propuesta disruptiva dentro del sector.
Imagínate que tienes el diseño de un artista y es una pieza que puedes vivir, o sea, que la puedes pisar, que es parte de tu hogar. Siento que está muy al alcance de todo”

Hoy, Mughal es mucho más que una marca de tapetes. Es un puente entre culturas, disciplinas y personas. A través del diseño, la artesanía y el arte, Ana ha construido un proyecto que conecta tradición y contemporaneidad, funcionalidad y emoción. Más que vender productos, su apuesta es crear piezas con historia, propósito y alma pensadas para ser vividas de mil maneras.




