En el corazón de Tequila, a orillas del volcán, donde los campos de agave embellecen y los minerales volcánicos de las tierras rojas respiran, nace una historia de esfuerzo y dedicación: Tequila Arette. Fundada en 1986 por los hermanos Eduardo y Jaime Orendain, esta casa tequilera se levanta con una narrativa apasionada, entrañable y cargada de recuerdos.
Desde su origen, Arette ha sido más que un negocio. Es una forma de vida, una extensión de su propia historia familiar. A través de las generaciones, los Orendain han crecido entre aromas, jimadores, conversaciones sobre el agave y, por supuesto, el tequila.
Inspirados por su abuelo, Don Eduardo Orendain González, los hermanos dieron el primer paso para crear su propia marca de tequila en la antigua Destilería El Llano. Amantes de los caballos, el nombre nació en honor del caballo campeón olímpico de los Juegos de Londres 1948, Arete. Montado por el General Humberto Mariles, demostró que las deficiencias del animal no eran un obstáculo. Esa premisa de excelencia y constancia ha marcado la trayectoria de su bebida.
Por otro lado, entre sus memorias, Eduardo conserva una frase de su abuelo: “Hacer tequila es bien fácil, hacer una marca es a través de muchos años”. Esa sentencia se ha convertido en brújula y recordatorio para la marca, donde lo importante no es solo producir tequila, sino construir identidad y legado.
Y ese arraigo y pasión se ha convertido en una herencia viva que hoy reciben Eduardo Jr. y Alex Orendain, quienes mantienen vivo el legado familiar como sinónimo de familia, respeto y tradición, mientras impulsan una visión renovada que dialoga con los tiempos actuales. Crecieron en una familia de tequileros, una realidad que normalizaron. Solo al viajar y ver cómo el mundo valora lo que para ellos era cotidiano, conocieron su peso cultural, un entendimiento que guía parte de sus decisiones.
Para la familia, lo más importante permanece dentro de la botella: la calidad. Ante un fuerte crecimiento de la industria tequilera, eligen tener un firme compromiso por proteger los procesos tradicionales y los valores de la marca. “La historia y el pasado no se pueden comprar”, dicen con orgullo.
El legado que hemos recibido de nuestros antepasados ha sido un legado de amor a lo que hacemos”
Esta coherencia se refleja también en sus estrategias para llegar al consumidor. Viajan, visitan distribuidores y centros de consumo, ofrecen pláticas y se acercan a las personas. Buscan derribar los prejuicios contra el tequila y construir una apreciación hacia la riqueza que hay detrás de esta bebida.
Actualmente tienen presencia en 46 países y casi todos los continentes, con África como región pendiente. Su expansión no se mide en cifras, sino porque consiste en entrar al mercado de manera correcta. Así, la tradición permanece intacta dentro de la destilería y hacia afuera impulsan nuevas formas de conectar, abriendo sus puertas hacia lo que hay detrás de cada botella de Arette que está hecha con pasión, legado y familia.
Su portafolio actual abarca dos líneas de producción, artesanal y clásica, pensadas para mercados distintos. La clásica, con dos perfiles, está pensada especialmente para el mundo de la coctelería, ofreciendo versatilidad sin sacrificar carácter. En cambio, la artesanal, integrada por cinco expresiones, fue creada para disfrutarse sola, revelando sus matices del tiempo de fabricación. Cada una responde a una intención distinta, pero ambas comparten un profundo respeto por el proceso.
Este 2025, la Destilería El Llano cumplió 125 años de tradición y para conmemorar, lanzaron una edición especial limitada: Aniversario 125 años, un tequila blanco reposado durante 7 años en vidrio dentro del primer horno de cocción original de El Llano. Este lanzamiento representa la esencia de Arette: tradición y compromiso con la excelencia.
Además de su cuidado por el producto, la familia ha impulsado la responsabilidad social. Hoy, Tequila Arette es una empresa socialmente responsable, con transparencia en todos sus procesos y los materiales que utilizan, cuidando el medio ambiente y asegurando prácticas éticas desde el campo hasta la botella. Este compromiso refleja la importancia no solo de proteger su tradición, sino también el entorno, dejando un legado que trasciende el sabor y genera un impacto positivo.
Con una convicción inquebrantable de transmitir la esencia de su legado, Arette se convierte en una marca con espíritu propio y un corazón que late por su pasado, presente y un futuro que vela por realzar la riqueza que encierra una bebida ancestral. Cada botella de Tequila Arette es una invitación no solo para deleitar su sabor, sino para conocer la historia y dedicación que hay detrás de la marca, un verdadero espíritu que refleja tradición, memorias y familia en cada sorbo.


