Con gran sensibilidad para comunicar el origen, la tradición y el esfuerzo detrás de cada etiqueta, además de promover el mundo vitivinícola de manera accesible, Romina Argüelles es una sommelier que está transformando la industria del vino en México. Destaca por romper los mitos que rodean a esta bebida, la cual históricamente estaba siempre presente en las mesas, buscando recuperar su cercanía y eliminar pretensiones.
Busco orientarte desde un lugar más fácil de entender. Romper los mitos de que el vino más caro es el más bueno o la uva más conocida es la más pedida. El vino es un producto que está en la mesa y que se puede contar de muchas maneras, pero la clave es que siempre se debe compartir“
Un instinto natural cultivado en familia

Esta práctica ha estado presente en ella durante toda su vida: “En mi familia el vino siempre estuvo presente en los domingos de carne asada. Mi abuelo era el encargado del vino y lo ponía sobre la mesa, y me daba a oler y probar un poco, pidiéndome siempre prestar mucha atención”.
Desde niña le gustaba oler todo que lo que tenía a su alcance y descifrar los aromas. “Siempre olía todo, como que era mi instinto. Sabía que mi olfato estaba muy desarrollado, pero nunca pensé que por ello me convertiría en sommelier”. Sin saberlo, su abuelo comenzó a acercarla a su verdadera vocación.
Ese instinto natural para descifrar aromas encontró un propósito años más tarde, tras sus prácticas de la Licenciatura en Hospitalidad. Romina trabajó durante cuatro años en una organización civil de agroecología en Chiapas enfocada en la producción de café. Ahí descubrió una conexión sensorial y profunda con la tierra, el producto y las historias de quienes lo cultivaban, y entendió el esfuerzo detrás de cada cosecha, así como la importancia de cuidar el suelo, un aprendizaje que hoy define los vinos que elige y en la forma en que da a conocer las etiquetas.
El clic profesional: De las raíces a la copa

El punto de quiebre ocurrió cuando un importador de vino detectó su agudo sentido del olfato y del gusto, y la invitó a unirse como submanager en su bar de vinos. Ahí, durante un entrenamiento le dieron de probar un Borgoña y el clic fue inmediato: unió sus experiencias y entendió que esa sensibilidad podía ser su profesión. “Lo olí y cuando le di el primer trago, entendí el perfil y algo se encendió”, recuerda Romina Argüelles.
Romina no solo descubrió una habilidad, sino una forma de compartir y de conectar con otras personas, especialmente cuando interpreta sus gustos y logra el maridaje o la recomendación perfecta. Afirma que hay vinos para distintos momentos y su verdadera esencia reside en compartir y pasar un buen rato, lejos de ser un mundo exclusivo.
Hoy como cofundadora, socia y sommelier principal del restaurante Plonk, busca democratizar el vino e invita a probar, preguntar y experimentar con el vino, mientras construye una propuesta en la que cada botella tiene algo que contar. En su selección de vinos procura tener solamente productores pequeños y medianos que trabajan de manera sustentable, además de que le gusta sorprender con etiquetas que normalmente quedan fuera de la conversación.
El manifiesto Plonk

- ● Propuesta: Cuenta con un wine bar con cocina abierta que ofrece buen vino y buena comida mexicana fusionada con técnicas asiáticas
- ● Experiencia: El ‘flight degustation’ es la experiencia insignia y consta de cinco medias copas para explorar varietales desde clásicos hasta audaces
● Filosofía: Se busca ser un espacio que devuelve el vino a la mesa, su lugar de origen. Sin etiquetas, ni discursos pretenciosos, el intercambio y la convivencia prevalecen
● Cava: Una selección de vinos con mínima intervención, provenientes de productores pequeños o medianos, de cultivo sustentable o con tradición
● Misión: Que los amantes del vino sigan descubriendo y experimentando para conocer lo que les gusta
El vino no tiene que ser esnob, es un producto que al final, históricamente, siempre ha estado en las mesas para compartir y creo que esa es la clave, compartir”
Por que, para Romina Argüelles, recomendar un vino también es una forma de conocer a quien está frente a ella: entender qué busca, qué le gusta y hasta qué quiere sentir en ese momento. Su verdadero propósito como sommelier es guiar el descubrimiento, crear conexiones y despertar emociones a través de cada copa.
