Desde niño, Rogelio Sada Pérez creció entre establos y entrenamientos: la equitación formaba parte de la vida familiar.
“Mi papá, Rogelio Sada Zambrano, monta desde muy joven e importó los primeros caballos lipizanos a México”, comparte. Ese contacto temprano con el mundo ecuestre marcaría su camino y lo llevaría, años después, a descubrir el polo.
Su formación continuó en el CESPAC, Centro Ecuestre San Pedro A.C., donde practicó equitación con su primer maestro, el capitán Álvaro Zamora, antes de explorar disciplinas como el salto y la alta escuela.

Fue durante su etapa estudiantil en la Culver Military Academy, en Estados Unidos, cuando conoció el polo. “Lo encontré verdaderamente adictivo”, confiesa.
Desde entonces, Rogelio no ha dejado de jugar. Su pasión lo ha llevado a recorrer canchas en todo México y en países como Estados Unidos, Costa Rica y Argentina, participando en torneos que combinan adrenalina, estrategia y disciplina.
“Este año cumplo 40 años practicando polo. Increíblemente, no he dejado de hacerlo ni un solo año”, dice.
Para Sada, el polo es mucho más que montar. “Es una conexión con cada caballo… y una conexión que también debe darse con tu equipo”, explica.

Cuatro jugadores, seis chukkers —los periodos del partido— y hasta seis caballos por encuentro conforman un rompecabezas físico, estratégico y emocional. “Tiene elementos que van desde el golpeo de la bola hasta la estrategia, el control y la velocidad de los caballos”, resume.
Los trofeos, asegura, son secundarios. Ha ganado torneos nacionales, competido en Argentina, Estados Unidos y Costa Rica, y disputado finales memorables en escenarios icónicos como Campo Marte, en la Ciudad de México.
Con una destacada trayectoria como asesor financiero, reconoce que combinar los negocios con el polo es un reto. “No es un deporte barato”, admite. La clave, dice, está en el orden y la disciplina, valores que también traslada a su vida profesional. “Te exige mucho orden en tu vida diaria”, agrega.
Ese compromiso fue reconocido a finales de 2025 con su nombramiento como Embajador de la Federación Internacional de Polo. “Nunca he dado para recibir. Creo mucho en el karma: cuando das sin esperar, las cosas llegan”, señala Rogelio, quien valora especialmente compartir la cancha con su primogénito, que lleva su mismo nombre.
Hoy, el polo sigue exigiéndole concentración absoluta, entrega física y una conexión constante con el caballo y el equipo.
“Sigo nervioso, aunque ya conozca a la mitad de los que van a participar”, admite. Esa tensión previa, lejos de desaparecer, confirma que la pasión permanece intacta.
Para Rogelio, no es solo un deporte: es un legado que se vive, se transmite y se disfruta con la misma intensidad del primer día.
Más allá del polo
Rogelio Sada Pérez, estudió la licenciatura en Administración de Empresas en el Tec de Monterrey y una maestría en la Universidad de Columbia, en Nueva York. Actualmente se desempeña como asesor financiero.
¿Qué es un Embajador FIP?
La Federación Internacional de Polo reconoce como embajadores a jugadores con una trayectoria extensa y un aporte activo al desarrollo del deporte, apoyando talento joven, clubes y competencias a nivel global.

