La primera pasión de Ricardo Pollman no fue la pintura, sino la música.
Tenía apenas cuatro o cinco años cuando un tío lo acercó por primera vez a las composiciones de Johann Sebastian Bach en Morelia, su ciudad natal. Aquellas melodías despertaron una curiosidad que, con el tiempo, terminó convirtiéndose en la forma en que entiende el arte.
“La música fue mi primer encuentro con el arte”, recuerda.
Aunque en la escuela descubrió a Leonardo da Vinci, Picasso y otros grandes maestros, fue el piano el que marcó el inicio de todo. Desde los seis años estudia el instrumento y, hasta hoy, sigue siendo el punto de partida de prácticamente toda su obra.
“Si no tuviera la música, no tendría ningún interés de pintar”, afirma.

Hace dos décadas decidió dedicarse profesionalmente a la pintura, aunque nunca fue un plan trazado desde el principio. Mientras estudiaba gastronomía y diseño industrial, en Monterrey, comenzó a vender algunos dibujos para obtener un ingreso extra.
La respuesta de galerías y coleccionistas fue tan positiva que entendió que ese podía ser su camino.
“Esto es lo que sé hacer. Esto es lo que quiero hacer”, recuerda haber pensado.
Antes del primer trazo
Para Ricardo, una obra comienza mucho antes de llegar al lienzo. Cada pintura nace de un proceso de investigación que puede tomar semanas. Lee biografías, estudia partituras, revisa el contexto histórico de un compositor o de una época y desarrolla bocetos antes de pensar en el color.
“No te puedes inventar nada. Si voy a hablar de una ópera o de un compositor, tengo que entender la historia, la época y todo lo que hay alrededor”, señala.
Ese trabajo previo da forma al concepto de cada pieza. Después llegan la preparación del lienzo y una técnica que construyó de manera autodidacta: utiliza capas muy delgadas de pintura para crear profundidad, atmósferas y movimiento.
Más que reproducir una imagen, busca construir una idea. “Trabajo el lienzo hasta ver hasta dónde puede llegar”, advierte.
El lenguaje de la creación
Su estudio está lleno de libros, partituras y compositores. Bach, Antonio Vivaldi o Gustav Holst aparecen constantemente entre sus referencias, no porque quiera ilustrar sus obras, sino porque intenta traducir la música al lenguaje de la pintura.
Esa búsqueda también lo lleva a interesarse por la vida de quienes escribieron esas composiciones. Le gusta descubrir pequeñas anécdotas que los acerquen a su lado más humano.
“Todo tiene que ver con todo. La música está ligada a la historia, la filosofía y la religión”, explica. Actualmente trabaja en una serie inspirada en “Las cuatro estaciones” de Antonio Vivaldi, además de otra colección basada en “Los planetas”, de Gustav Holst, donde cada obra representa un planeta desde una visión mitológica.

Aunque suele imaginar sus proyectos como grandes series, reconoce que rara vez logra conservarlas completas.
“Siempre sueño con hacer series, pero nunca lo logro”, confiesa. Y es que muchas de las piezas encuentran dueño antes de que pueda reunir toda la colección.
El oficio del pintor
Su rutina también tiene un ritmo muy definido. Durante el día prepara lienzos, organiza pendientes y adelanta procesos técnicos. Conforme avanza la tarde comienza a escuchar música y a entrar en el estado de concentración que necesita para pintar.
La noche, asegura, es el mejor momento para trabajar. “Hay menos interrupciones y puedo entrar completamente en la música”, advierte el artista, para quien la disciplina pesa más que el talento.
Eso sí, no todas las jornadas son iguales. Hay días en que la inspiración fluye con naturalidad y otros en que una obra exige horas de trabajo sin ofrecer respuestas inmediatas.

“No todo se disfruta. Hay momentos de lucha y de roce. Eso también hace una vida en la pintura”, señala.
Después de veinte años de trayectoria, Ricardo sostiene que la pintura debe ofrecer algo más que una imagen atractiva. “Cada obra debería trascender porque es el legado que uno deja”, afirma. Por eso busca nuevas maneras de representar temas que parecieran agotados y evita conformarse con la primera idea.
Con el tiempo, dice, aprendió que lo importante es concentrarse en una sola cosa: tratar de hacer una buena pintura. Hoy prepara nuevas exhibiciones en Europa y Estados Unidos, pero su rutina permanece intacta. Todo comienza igual que hace veinte años.
No con un pincel, sino con la música.
Ricardo Pollman en breve
- Cumple 20 años de trayectoria como pintor profesional.
- Nació en Morelia y ha desarrollado su carrera artística en Monterrey.
- La música clásica es el eje conceptual de gran parte de su obra.
- Actualmente trabaja en las series “Las cuatro estaciones de Vivaldi” y “Los planetas” de Holst.
- Considera que la disciplina y el estudio son la base de todo proceso creativo.


