Empresa familiar que ha sabido leer el pulso del comercio local, crecer al ritmo de sus clientes y sostenerse con valores inquebrantables. Su historia es una lección de constancia, lealtad y visión, donde el servicio, la disciplina y el arraigo construyen mucho más que un negocio.
Una empresa que creció junto a la ciudad
En Saltillo, donde la industria convive con una tradición comercial profundamente arraigada, existen empresas que han acompañado el crecimiento de toda una ciudad. MARSA es una de ellas.
Su presencia, silenciosa pero constante, ha tejido durante más de tres décadas una red que conecta mercados, restaurantes, comedores industriales y familias enteras.

Al frente está José Alfredo Martínez Sánchez, fundador y propietario, cuya historia comenzó lejos de oficinas corporativas y más cerca del aprendizaje directo en los mercados.
“Soy el sexto de una familia de 10 hermanos… siempre hemos sido comerciantes”, recuerda.
El origen: aprender desde el mercado
Antes de MARSA, existía el oficio.
Entre mercados sobre ruedas, frutas, verduras y especias, se forjó una visión del comercio basada en cercanía, intuición y esfuerzo. Influenciado por sus tíos, comerciantes reconocidos en Saltillo, Martínez dio sus primeros pasos con un pequeño puesto de especias.

En 1994 tomó la decisión que cambiaría su vida: independizarse.
“Me nació la idea de ponerme yo solo”.
Ese momento marcó el inicio de una empresa que hoy maneja más de 5,500 productos.

Crecer escuchando al cliente
El crecimiento de MARSA no respondió a estrategias rígidas, sino a una capacidad clave: escuchar al cliente.
“Los mismos clientes me empezaron a pedir más mercancías”.
Lo que comenzó como un negocio de especias evolucionó hacia un modelo integral que hoy abastece principalmente a comedores industriales, segmento que representa el 70% de sus ventas.
“Yo me especialicé en vender productos en tamaño institucional”.
Una expansión al ritmo de Saltillo
El crecimiento de la ciudad y el de MARSA han ido de la mano.
“La ciudad va creciendo… y me obliga a crecer también”.

Este desarrollo se ha traducido en la apertura de sucursales en distintas zonas: oriente, norte y sur, con planes de expansión hacia el poniente.
La clave: valores que no cambian
En un entorno competitivo, MARSA ha construido su permanencia sobre principios sólidos.
“La lealtad”, responde Martínez al hablar de su éxito.
A esto se suman la disciplina, la constancia y un servicio basado en confianza y transparencia.
“Si me baja el precio un producto, yo inmediatamente se lo bajo a mi cliente”.

ADN familiar: el verdadero motor
MARSA es una empresa familiar en esencia.
Sus hijos participan activamente en el negocio:
- José Alfredo Martínez lidera operaciones comerciales
- Christian Martínez dirige la planta de procesamiento de nuez
- Lorena Martínez, nutrióloga, desarrolla productos más saludables
- Lorena de Peña de Martínez, su esposa, administra las finanzas
“Mi motor es la familia”.

Impacto que trasciende el negocio
Con 172 empleos directos y alrededor de 400 indirectos, MARSA tiene un impacto significativo en la economía local.
Además, mantiene una relación cercana con productores del campo.
“Les compro todo el orégano regional y eso transforma comunidades”.

El legado: más allá de los números
A pesar de su trayectoria, Martínez mantiene una visión clara:
“Me falta mucho por hacer, ni el 10% de mis sueños he cumplido”.
Su objetivo no es solo crecer, sino dejar un ejemplo de honestidad, disciplina y humildad.

El valor de la confianza
La historia de MARSA demuestra que el éxito sostenido no depende solo de estrategia, sino de los valores que la sostienen.
Más allá de los números, su mayor logro ha sido construir algo esencial: confianza.
“Cuando das con amor, se te regresa mil veces más, sin esperar nada a cambio”.
Créditos
Entrevista: Constance Cifuentes
Diseño: Carlos Lemus
Fotografía: Alejandro Almaraz
BTS: Lily Quirino


