A los 26 años, la vida de Lorena Elizabeth González Valdés parecía seguir un guión tradicional y amable. Sin embargo, el diagnóstico de multidiscapacidad de su hija, Elisabetta, transformó su realidad en un proceso de aprendizaje profundo, doloroso y, a la postre, luminoso.
Esta es la historia de cómo una madre convirtió el duelo en un puente y la incertidumbre en un legado de esperanza.

El diagnóstico: El arte de soltar para recibir
Recibir la noticia de la condición de Elisabetta no fue un golpe seco, sino un proceso lento que, en palabras de Lorena, la fue “desarmando poco a poco”. En medio de la confusión médica y emocional, el reto más grande fue la honestidad interna.
Tuve que dejar ir la idea de la hija que pensé que iba a tener, para recibir a la que llegó”, confiesa Lorena.
Ese acto de soltar permitió que Elisabetta no ocupara un vacío, sino que redefiniera por completo el concepto de hogar y familia.

Amor de mamá: Vivir en alerta constante
La rutina desapareció para dar paso a una vigilancia 24/7. La vida con Elisabetta se convirtió en un territorio donde el descanso era un lujo y el miedo a la pérdida una sombra constante.
Sin embargo, Lorena destaca una hazaña que pocas veces se reconoce en la maternidad con discapacidad: mantener la salud mental mientras se vive en un estado de emergencia permanente. A pesar de las crisis y hospitalizaciones, la familia logró construir una vida plena donde no faltaron:
- Cumpleaños celebrados con alegría.
- Viajes en familia.
- Tardes de películas.
- Abrazos que curaban el cansancio.

Elisabetta: El lenguaje de lo esencial
Aunque Elisabetta no utilizaba palabras, su comunicación era poderosa. Su madre la describe como la persona más valiente que ha conocido, no por una lucha externa, sino por la dignidad extraordinaria con la que habitó su cuerpo.
Disfrutaba de lo más puro: el sabor de algo dulce, el aroma del mar y la cercanía física. “No necesitábamos hablar, solo abrazarnos”, recuerda Lorena. La sonrisa de Elisabetta tras cada recuperación se convirtió en la lección de vida más grande para quienes la rodeaban.

Convertir el dolor en un legado: Eli, la jirafa sin manchas e IMAGIRA
Lorena comprendió que su experiencia podía iluminar el camino de otros. Con el objetivo de normalizar la discapacidad, escribió el libro Eli, la jirafa sin manchas, una obra que explica esta condición de forma natural y amorosa.
Además, su visión social la llevó a fundar IMAGIRA, un espacio de apoyo donde las familias en situaciones similares pueden:
- Encontrarse y reconocerse.
- Sostenerse mutuamente en momentos de crisis.
- Encontrar refugio y comunidad.

La esperanza del después: Un amor que trasciende
Para Lorena, la resiliencia no es un concepto de marketing, sino algo que se encarna en las noches sin dormir. Hoy, aunque el “después” es una realidad, asegura que “Elisabetta nunca se irá del todo”. Su presencia vive en sus hermanos, en los proyectos que inspiró y en la mirada compasiva de su madre.
Algunas veces la vida te da regalos inesperados, y el verdadero aprendizaje es encontrar la forma de ver lo bueno, abrazar lo difícil y aprender a vivir con ambos”.


