“Eres mujer, vete a tu casa”. Ese tipo de comentarios escuchaba Jessica Ponce de León hace más de 25 años, cuando comenzaba su carrera en un sector históricamente dominado por hombres: la logística. Recién graduada, la joven ingeniera se enfrentaba a la incredulidad de quienes dudaban de su capacidad, simplemente por su género.
Lejos de detenerla, esos obstáculos la impulsaron a demostrar su talento, disciplina y resiliencia. Actualmente es Directora de Sostenibilidad de FEMSA y la primera mujer en integrarse a su equipo directivo, convirtiéndose en un referente de liderazgo femenino en México y Latinoamérica.
Esta es su historia.
CARRERA ASCENDENTE
Originaria de la Ciudad de México, Jessica Ponce de León inició su trayectoria profesional en Coca-Cola FEMSA en 1997, al poco tiempo de haberse graduado como Ingeniera Industrial y de Sistemas en el Tecnológico de Monterrey.
Por aquellos años, la compañía tenía presencia solo en dos regiones: Valle de México y el sureste del país.
“Me quería comer el mundo, yo quería hacer de todo y trabajar incansablemente. Siempre quise que lo que hiciera tuviese un impacto, que se notara”, recuerda la directiva, acerca de su versión veinteañera.

Su primer proyecto fue en el área comercial, específicamente en la implementación de preventa, donde debía diseñar rutas de camiones y coordinar centros de distribución.
“Me tocaba hacer, literal, rutas. Ahí inició mi carrera”, recuerda.
Durante los primeros años, Jessica pasó por distintos roles de distribución y ventas en México, a nivel gerencial. Estos puestos le permitieron liderar equipos, optimizar redes de distribución y consolidar centros de operación.
Entre 2008 y 2010 trabajó en Danone México, en el área de Supply Chain. Posteriormente regresó a Coca-Cola FEMSA como Gerente Corporativo de Efectividad Organizacional, donde participó en la definición y validación del modelo organizacional de la empresa para asegurar su alineación con la estrategia corporativa.
Posteriormente, entre 2012 y 2015, asumió un rol internacional como Directora de Procesos Comerciales en Brasil.
De regreso a México, lideró proyectos estratégicos en logística y distribución, al desempeñarse como Directora del Centro de Excelencia de Logística y Distribución y Directora de Distribución y Operaciones de la División México.
En enero de 2022, Jessica fue nombrada CEO de Solistica, la empresa logística de FEMSA, posición que ocupó hasta enero de 2025. Previamente había fungido como Directora Global de Transporte, dentro de la misma compañía. Desde junio de 2024 se desempeña como Directora de Sostenibilidad.
FUTURO QUE SE CONSTRUYE HOY
Para Jessica, la sostenibilidad no es un accesorio ni un gasto adicional: es parte del ADN del negocio. Desde que asumió el cargo, ha trabajado para demostrar que la rentabilidad y el impacto social positivo pueden ir de la mano.
“Históricamente ha existido un mito de que la sostenibilidad implica recursos adicionales y que implica algo adicional al negocio. Y creo que el enfoque que hemos hecho es que en realidad es parte del propósito de la compañía, esto es que la sostenibilidad es parte de nuestro modelo de negocio”, explica.
Esto significa garantizar que la operación tenga efectos positivos en tres dimensiones: las comunidades donde se opera, sus colaboradores y el medio ambiente. Un ejemplo concreto es el trabajo de Coca-Cola FEMSA en gestión del agua.
“Se invierte muchísimo en tecnología para garantizar que el agua que se usa para producir sea la menor posible”, dice.

A través de la Fundación FEMSA, implementan programas de reforestación y recuperación de cuencas hídricas, además de colaborar con gobiernos para reducir fugas en los sistemas de agua.
Entre sus proyectos favoritos están los relacionados con la seguridad hídrica y la primera infancia. Por ejemplo, el Centro de Primera Infancia que abrieron con el Tecnológico de Monterrey hace dos años, donde se investiga cómo la inversión en los primeros cinco años de vida se traduce en sociedades más equitativas y saludables.
“Este proyecto me gusta muchísimo porque es super innovador y, además, en América Latina no hay nada igual”, dice con entusiasmo.
Jessica también subraya que la sostenibilidad conecta directamente con la innovación y la competitividad.
“Sostenibilidad conecta con esto porque es un básico: al final, es la forma en la que podemos seguir operando y existir en el futuro. Además, cada vez más los consumidores y la sociedad en general tienen conciencia y te exigen que como empresa, tus productos cuiden el ambiente y a las personas”, explica.
Para ella, ser líder en sostenibilidad implica pensar a largo plazo, medir impacto y asegurarse de que cada acción sea estratégica y tangible, desde la reducción de recursos hasta la transformación social.
“Sostenibilidad significa asegurar que nuestro negocio va a impactar de forma positiva en el mediano y largo plazo, tanto con las comunidades como con los colaboradores, y que además vamos a tener conciencia de cómo minimizar nuestro impacto ambiental”, advierte.
INSPIRAR Y ACOMPAÑAR
De grandes y expresivos ojos enmarcados por gafas, Jessica transmite calidez y serenidad en su trato. Proyecta, justamente, la ecuanimidad que es indispensable en un líder, según su opinión.
Desde sus primeros años en la compañía entendió que el conocimiento técnico, aunque fundamental, no era suficiente. Liderar implicaba algo más profundo: lograr que otros comprendieran el rumbo y quisieran avanzar en él.
“Un momento importante en mi carrera fue entender que sí, lo que yo sabía era importante, pero que es más importante ayudar a que las personas entiendan el propósito y, en base a eso, juntos construyamos”, recuerda.
Con el tiempo, su visión sobre el liderazgo evolucionó. “Al inicio creía que lo iba a hacer todo yo”, confiesa. Si sabía cómo hacerlo, simplemente lo hacía. Pero ascender significó dejar atrás el control directo de la operación para asumir un rol más estratégico. Comprendió que crecer no era ejecutar más, sino influir mejor.
“Si bien tú ya no estás haciendo las cosas, tienes que asegurarte de que tienes la suficiente capacidad de influir en los otros, de explicar por qué estás pidiendo lo que estás pidiendo, de buscar los mecanismos para que las personas, puedan dar resultados”, señala.
La directiva define su estilo de liderazgo como inclusivo e inspirador, sustentado en la disciplina, la ecuanimidad y una escucha activa que le permite adaptarse a contextos cambiantes. La resiliencia y la flexibilidad, asegura, son también cualidades imprescindibles: “Tienes que ser muy flexible y adaptarte, y además resistir un montón de cosas que no tienes planeadas”, comenta.
Sin dirección estratégica y comunicación efectiva no hay equipo que funcione, dice. Cada persona debe entender cómo su trabajo impacta en el objetivo común. Para Jessica, ahí radica la verdadera fuerza del liderazgo: en alinear voluntades con claridad y propósito.
VOTO DE CONFIANZA
En la historia profesional de Jessica hay un punto de inflexión decisivo: alguien creyó en ella. Cuando era una joven ingeniera en un entorno tradicionalmente masculino, José Antonio Gutiérrez, en aquel momento Director de Operaciones de México, la nombró responsable de un equipo que implementaba procesos de preventa.
Esa oportunidad no fue menor. Pasó de ser la joven que diseñaba rutas a asumir una responsabilidad real sobre equipos y resultados. Con el paso de los años, otras figuras marcaron momentos clave en su trayectoria.
“Alguien que también me ayudó muchísimo, sin duda, fue José Antonio Fernández Carbajal en esta oportunidad que me dio de ser directora de sostenibilidad, la primera mujer en formar parte del equipo directivo de FEMSA”, afirma.
Ahora ejerce la mentoría de manera activa, tanto en programas institucionales de FEMSA como fuera de ellos. Lo hace principalmente con mujeres, que de manera espontánea, se acercan a ella.
“Siempre es importante ayudar a otras personas y sobre todo, a las siguientes generaciones para que lleguen a donde quieren llegar”, dice.
EN BUSCA DEL EQUILIBRIO
Mantener un equilibrio entre la vida profesional y personal ha sido otra lección aprendida. Sus rutinas matutinas incluyen meditación, caminata o ejercicio, y durante el día procura estar presente en cada actividad, al 100%.
“Si estoy en mi casa comiendo con mi esposo, estoy con él y no tengo el teléfono. Si estoy en una sesión, voy a estar en esa sesión. El orden, la puntualidad y la disciplina son clave”, comparte.
Tras más de 25 años de carrera, Jessica sigue inspirando a otros no solo por sus logros, sino por su capacidad de transformar organizaciones y comunidades.
Su historia es un ejemplo de cómo la disciplina, la equidad y la determinación permiten romper barreras, redefinir estándares de liderazgo femenino y generar un impacto duradero.
“Hoy estoy muy consciente del impacto que tengo. Más allá del negocio, hay un propósito y un beneficio para la sociedad y las comunidades que cuando estás del lado puro de negocio no es tan tangible. Y eso me gusta muchísimo”, concluye.
EQUIDAD Y DECISIONES CONSCIENTES
Al describir los retos estructurales que todavía enfrentan las mujeres en el mundo corporativo, Jessica no evade uno de los temas más sensibles: la brecha salarial.
Sin embargo, también es clara al distinguir la práctica dentro de su organización. Explica que en FEMSA los salarios están definidos por tabuladores y responsabilidades del puesto, no por género. La compensación, subraya, corresponde a la posición y al nivel de responsabilidad, lo que garantiza condiciones de equidad interna.
Para Jessica, el avance en estos temas requiere intención y consistencia. “Si hacemos las oportunidades equitativas, hombres y mujeres pueden avanzar de la misma manera”, afirma.
Más allá de las políticas corporativas, también insiste en la dimensión personal de las decisiones conscientes sobre prioridades y compromisos. “Al final, la vida son elecciones”, reflexiona.
Su mensaje directo para las nuevas generaciones es contundente: “Persigan sus sueños, prepárense y tengan muy claro para qué quieren eso que quieren”, dice.

