Dulce Yaahid: la ciencia del suelo 

La científica, que hizo del norte su hogar, promueve el manejo regenerativo de la tierra, la valoración de los ecosistemas y la inclusión de las mujeres en la ciencia

Nidia Martinez de Leon
9 Min Lectura

Piscar maíz o recoger tejocotes en el tranquilo pueblo de Temamatla, Estado de México, son recuerdos que Dulce Yaahid Flores Rentería atesora con cariño. Desde niña mostró gran interés por la naturaleza y los seres vivos, preguntándose siempre el por qué de las cosas. 

“Era curiosa y estudiosa, trataba de entender las cosas que no conocía”, cuenta con emoción desde el Parque Ecológico El Chapulín, uno de los espacios verdes más importantes de Saltillo, y en el que Dulce ha estudiado no solo sus plantas, sino lo que ocurre debajo de éstas.

La bióloga, que vive desde hace más de 10 años en Saltillo, es Investigadora por México, comisionada al Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del IPN, Unidad Saltillo, así como vicepresidenta de la Sociedad Mexicana de las Ciencias del Suelo. 

Sus primeros acercamientos a la ciencia se dieron en la preparatoria, con estancias en laboratorios donde recuerda hacer cultivos de bacterias en cajas de Petri, cazar insectos o hacer modelos de ADN

La Licenciatura en Biología y la Maestría en Ciencias Biológicas con énfasis en restauración ecológica por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), fueron la antesala para su doctorado en la Universidad Complutense de Madrid.

“Comencé a trabajar en cultivo de tejidos vegetales, a desarrollar una tesis y posteriormente a participar en artículos científicos. Con la maestría aprendí de restauración ecológica y micorrizas, los hongos que hacen simbiosis con las raíces de las plantas”, agrega.

Interesada en conocer una dinámica de investigación fuera de México, con el doctorado aprendió a desarrollar trabajo científico con mayor proyección internacional, y se centró en estudiar las relaciones de los encinares con los microorganismos de sus raíces y los suelos en los que crecen.  

Mujeres en la ciencia

Para Dulce, las mujeres son indispensables para hacer ciencia. “Durante décadas ha faltado nuestra visión y nuestra participación en muchos espacios. Mujeres científicas siempre ha habido, pero muchas veces sus aportaciones fueron invisibilizadas, menospreciadas o incluso atribuidas a otras personas”

Asegura que no se trata de incorporar mujeres por una cuestión de representación, sino de contar con la mayor diversidad de pensamiento posible. Las mujeres en la ciencia, dice, aportan otras experiencias, formas de plantear los problemas y maneras de buscar soluciones. 

De la selva a las cactáceas

Fue durante su estancia postdoctoral en la Facultad de Ciencias en la UNAM que comenzó con su trabajo como joven investigadora. 

Así, Dulce se adentró en las regiones cálidas, húmedas y siempre verdes de Veracruz. Allí realizó estudios sobre la importancia de los microorganismos, y después se incorporó al entonces programa de cátedras, hoy Investigadoras e Investigadores por México, llegando a Saltillo, su ahora hogar.

“A partir de ahí comencé a construir la línea de investigación que he desarrollado durante estos años”, comparte. 

Desde el Laboratorio de Sustentabilidad del Suelo, procura que la investigación responda a problemas que ocurren en nuestro entorno. 

Junto a su equipo, ha trabajado en la región sureste de Coahuila y hacia La Laguna, así como en Cuatro Ciénegas y Ocampo. En donde, muchas veces, los proyectos surgen de las inquietudes de estudiantes, agricultores o ganaderos.

“Estudiamos, por ejemplo, la salud de los suelos, su contenido y almacenamiento de carbono, la infiltración del agua y su actividad biológica”, menciona. 

Esto, les ayuda a entender no solamente en qué condición está un suelo, sino qué tan capaz es de seguir cumpliendo funciones fundamentales, con un enfoque integral y ecológico.

Para Dulce, entender cómo funciona el suelo y cómo lo estamos modificando, se convirtió en una de las preguntas centrales de su carrera. 

“Me parece fascinante, porque caminamos sobre él todos los días, pero muchas veces no lo vemos”.

La pasión y el amor de Dulce por su profesión se notan en cada una de sus palabras. En ese sentido, trabaja con ganaderos de Coahuila y de Chihuahua, particularmente con productores que están realizando prácticas de manejo regenerativo. 

Menciona que la degradación de la tierra es una responsabilidad compartida. “Participamos quienes producimos alimentos, quienes tenemos ganado, quienes construimos ciudades, quienes tomamos decisiones desde el gobierno y también nosotros como consumidores”.

¿Qué podemos hacer? 

Además de la agricultura y la ganadería regenerativas, la experta menciona que se puede conservar la cobertura vegetal, reducir la erosión, cuidar el agua, evitar cambios innecesarios de uso de suelo y restaurar los ecosistemas degradados.

Pero quizá, lo más importante es entender que la tierra no es un recurso infinito. “Podemos utilizarla y producir en ella, pero tenemos que hacerlo de una manera que permita que siga funcionando para las siguientes generaciones”.

Dulce alaba la extraordinaria diversidad que existe en Coahuila, reconoce que se le da valor a un bosque de Artega o la Sierra de Zapalinamé, con árboles altos y especies como el oso negro, “pero nos cuesta mucho más reconocer el valor de un matorral, de un pastizal o de las dunas”, agrega.

Asegura que todavía existe la idea de que si no vemos árboles grandes no hay nada, y no es así. En el matorral hay una enorme cantidad de vida. Las plantas que vemos ahí están adaptadas a condiciones muy particulares y están cumpliendo funciones.

Tenemos que aprender a reconocer el valor de los ecosistemas que naturalmente corresponden a nuestra región. No podemos proteger aquello que ni siquiera reconocemos como valioso”.

Estudiar la vida en todas sus formas

La bióloga ha tenido la oportunidad de participar en evaluaciones internacionales como las GEO-7 del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, y en dos ocasiones para el Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés).

Además, participa en “Terra Latinoamericana”, una revista científica con proyección internacional, y en “Voces del Suelo, Agricultura y Medio Ambiente”, que tiene una orientación hacia la divulgación y de la cual es editora.

La docencia también ha sido parte de su trayectoria, y es algo que le ha dado grandes satisfacciones, aunque le encantaría que en Saltillo exista la carrera de Biología, pues los jóvenes, dice, muestran interés en temas ambientales, cambio climático, conservación, biodiversidad, sustentabilidad y recursos naturales. 

Como bióloga, Dulce estudia la vida en todas sus formas, y en Saltillo ha podido desarrollar parte de su carrera, formar estudiantes, construir colaboraciones y hacer investigación directa con nuestro territorio.

“Me gustaría que, conforme siga creciendo la ciudad, pudiéramos conservar aquello que la hace habitable: sus espacios naturales, sus paisajes, su vegetación y también esa calidad de vida que muchos encontramos cuando llegamos aquí”.

A SABER:

  • He trabajado y colaborado con el Consejo Estatal de Ciencia y Tecnología, la Secretaría de Medio Ambiente, el Colegio de Biólogos de Coahuila, la Red de Mujeres en la Ciencia y la Innovación Social y el Museo del Desierto. 
  • El Ayuntamiento de Saltillo le otorgó en el año 2024, el Premio de Protección al Medio Ambiente en la categoría de Investigación Ambiental.
  • Es autora del libro infantil ‘El viaje de Mira, la micorriza valiente’, que surgió como una manera de acercar el mundo del suelo a los niños. 
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