Entrevista: Jania Salcedo
Retratos: Juan Pablo Vigueras
Diseño: Carlos Lemus
Multimedia: Santiago Camargo
Locación: Campos de agave “Cuatro vientos” y hacienda de la familia Orendain
Entre los majestuosos e imponentes campos de agave azul que se extienden en las faldas del Volcán de Tequila y los valles circundantes, el viento no solo mueve las hojas espinosas, sino que también arrastra el eco de mitos, pasajes históricos y memorias.
Sus caminos de tierra resguardan la leyenda de su origen como un regalo de los dioses y evocan los días en que las enormes hileras de pencas se convirtieron en trincheras improvisadas durante la Revolución Mexicana. Pero también custodian las historias de familias que crecieron a través de agaves, casonas y grandes patios de producción.
Entre el murmullo del pasado y del presente, nace la historia de unos niños que corrían en los campos como si fuera el patio de juegos, creciendo a la sombra de la guía y el trabajo incansable de sus padres. Enclavado en el corazón mismo de Tequila, el apellido Orendain ya respiraba en la tierra roja mucho antes de que el tequila tuviera su nombre.
Su historia se venía tejiendo desde el siglo XVIII entre los vapores del vino mezcal en la Hacienda La Magdalena y el fuego de los hornos de La Chiripa. Sin embargo, el siglo XX puso a prueba el temple de la familia: en 1914, la Revolución cruzó por sus campos y la reforma agraria fragmentó un patrimonio construido durante décadas.

El nacimiento de una casa tequilera
La verdadera piedra angular de Casa Orendain nació en 1926, un año convulso en el que la Guerra Cristera azotaba a Jalisco y la muerte del patriarca, José Eduardo Fausto Orendain, amenazaba con disolver el esfuerzo familiar. Fue la entereza de María Guadalupe González Chávez la que sostuvo el patrimonio.
Con ese respaldo, su joven e inquieto hijo, Eduardo Orendain González, junto a su hermano Roberto y con el apoyo de su tío Delfino González Chávez, dio origen al primer proyecto propio: Viuda de Orendain, un homenaje a su madre, quien mantuvo a la estirpe de pie. Durante casi dos décadas, la producción sobrevivió en tabernas antiguas con hornos de mampostería y pequeños alambiques de cobre.
Esa austeridad fue la fortaleza que les permitió atravesar la crisis nacional hasta que, en 1944, la adquisición de la histórica destilería La Mexicana, a orillas del río Atizapán, consolidó el hogar definitivo de la empresa.
Eduardo entendió antes que nadie que la categoría necesitaba unión y visión de gremio e impulsó:
- En 1933: la primera Asociación de Productores de Tequila.
- En 1959: fue fundador y presidente de la Cámara de la Industria Tequilera, que abrió el camino para la declaratoria de la Denominación de Origen Tequila.
Con ello, convirtió a la empresa en una de las casas tequileras fundacionales e históricas de México: un grupo de familias pioneras que dieron forma a la industria moderna del tequila, fijaron los estándares de calidad y abrieron las puertas del mundo al tequila cuando apenas era una bebida regional.
Cien años después, Casa Orendain se erige como un testimonio vivo que conserva la tradición, cultiva sus propios campos de agave y mantiene intacta la maestría de su oficio.
La segunda generación: consolidación de la empresa

Contar la historia de Casa Orendain a través de cifras no es más que mirar la envoltura; su verdadera esencia habita en el apellido y en la unión incansable de una familia. Alfonso, Jaime, Juan José y Carlos Orendain Hernández, recibieron el legado de su padre, Eduardo Orendain González, y lo encaminaron hacia una etapa de consolidación.
Sentado con la calma y la transparencia de quien ha visto pasar la vida en Tequila, Carlos Orendain Hernández —Don Carlos—, quien toma la voz de esa generación en estas páginas, no habla de reconocimientos, sino de un profundo arraigo:
Yo sigo queriendo y adorando el tequila, y a Tequila como pueblo. Aquí nací. Para mí, ha sido un orgullo jugar muchas veces dentro de la fábrica, dentro de la destilería. Muchas veces mi papá me ponía a hacer trabajos acorde a mi edad… era una diversión muy grande”
Con una sonrisa que evoca a otros tiempos, recuerda las tardes en la plaza jugando al trompo o a la chichilegua cuando apenas pasaba un carro cada tanto. Al hablar de su juventud, comparte que su incorporación formal no fue forzada, sino el paso más natural del mundo. A sus veinte años tomó las riendas del negocio fuera del cobijo familiar, mudándose a la CDMX para abrir mercado a la marca.
Somos una empresa auténtica y de tradición de primer mundo sin perder nuestras raíces originarias de Tequila, porque cien años de legado no se aprenden de un día a otro“
— Don Carlos Orendain Hernández (Segunda generación / Ex director de finanzas y exportación)
Fueron diez años de trabajo continuo, de aprendizaje a pie de calle, de añoranza de sus tardes de campo y de resolver la operación diaria con la disciplina que le había inculcado su padre. Ese esfuerzo consolidó la presencia de la firma en la capital y le dio el conocimiento práctico de la cadena productiva y la logística internacional que mantendría durante décadas de trayectoria como director de finanzas y exportación.
Para Don Carlos, el prestigio de Casa Orendain no se heredó como una medalla: se trabajó desde la juventud, entrega tras entrega, viaje tras viaje, demostrando que el apellido se honra con el esfuerzo diario. Hoy, además de transmitir su conocimiento, enfatiza en una filosofía donde la calidad del tequila y la honestidad son innegociables. Pero su mayor deseo con las nuevas generaciones es que jamás se pierda la convivencia ni el cariño familiar, que es lo que realmente sostiene el legado:

Yo lo único que quiero y pido para las generaciones que vienen es que no se pierda la convivencia de la familia. Eso es lo más valioso que tenemos. Y en el negocio, que mantengan la calidad, porque a la gente no se le puede engañar: tú puedes engañar a alguien una vez, pero no dos. Nosotros vendemos calidad y honestidad, y eso es lo que debe continuar”
Hoy, Casa Orendain permanece como empresa familiar, integrada por distintas ramas de la familia Orendain, que comparten la responsabilidad de preservar y proyectar su legado.
La tercera generación: El rigor de la madurez

Recoger esa herencia y traducirla en decisiones estratégicas ha sido la responsabilidad de la tercera generación, encabezada por Carlos Eduardo Orendain Zamudio, quien es respaldado por sus primos, socios y consejeros. A él le ha tocado dirigir a Casa Orendain en un entorno global mucho más agresivo, volátil y competitivo, sin ceder un solo centímetro de la identidad de la casa.
Consciente de que no tiene bajo su liderazgo simplemente una empresa que produce y comercializa tequila, sino un patrimonio invaluable, lo tiene claro: en un mercado donde abunda la industrialización acelerada, el verdadero activo de Casa Orendain no se compra en la bolsa:
El legado que tenemos de cien años de destilar un tequila no se aprende de un día para otro, y eso no se compra con nada. No existe ninguna empresa en el mundo que, con la cartera más profunda que pueda tener, pueda comprar cien años de historia”
Junto al Consejo de Familia, Carlos Eduardo encabezó la profesionalización de la estructura corporativa y la apertura de mercados internacionales. Con la confianza de sus socios y primos, también retomó el timón operativo cuando fue necesario proteger la esencia del negocio, acompañado por Juan Pablo Orendain Fabris y Eduardo Orendain Giovannini, también miembros del Consejo.
A mi me gustaría que Casa Orendain le dé un rostro al tequila en el mundo. No somos nosotros, no es la familia, no es la empresa, no es el municipio, no es el estado…es México”
— Carlos Eduardo Orendain Zamudio (Tercera generación / Presidente ejecutivo de Casa Orendain)
Fue bajo esta visión que la casa reafirmó sus decisiones técnicas más audaces:
- No ceder ante la tentación de los difusores industriales.
- Mantener los alambiques de olla tradicionales.
- Defender la cocción lenta en hornos de mampostería.
- Proteger como un tesoro familiar esa cepa viva de levadura propia que se fermenta con lentitud deliberada, aquella que le da el sabor inconfundible de sus destilados.

Para ellos, no existen los atajos para transformar sin comprometer aromas o texturas. Además, aunque la tecnología ya permite controlar temperaturas y seguir la evolución microbiológica del mosto con precisión, para Casa Orendain, los instrumentos confirman lo que el conocimiento del maestro ya sospecha. Nadie puede acelerar aquello que la naturaleza necesita concluir por sí misma.
Esa visión de equilibrio entre tradición y vanguardia en este año del centenario se ve reflejada en la nueva línea Orendain 100% (en sus variantes Blanco, Reposado y Cristalino), un lanzamiento que sintetiza su filosofía:
- Cien por ciento agave.
- Cien por ciento Orendain.
- Cien años de oficio pensados para conectar con las nuevas barras del mundo sin traicionar la memoria de los alambiques tradicionales.
La cuarta generación: lealtad y futuro

Hoy, la tercera generación continúa escribiendo la historia, pero a su vez, ya hay una nueva tinta que no busca borrar lo aprendido, sino trazar sus propios renglones con una narrativa fresca ante un mundo diferente al de hace un siglo. Con un pulso natural y arraigado a la familia, la cuarta generación no busca reemplazar lo aprendido, sino honrarlo, resguardarlo y mostrarle al mundo que Casa Orendain tiene nombre y apellido.
En esta etapa surge Natalia Orendain, hija de Carlos Eduardo Orendain, quien, como marketing manager, tiene como objetivo transmitir con verdad y cercanía que detrás de cada botella no hay un grupo financiero frío y lejano, sino una familia de cien años que sigue trabajando en la destilería.
Para ella, crecer en una familia tequilera es sinónimo de orgullo, de unión y de lealtad por el apellido. Los campos de agave y la destilería nunca fueron ajenos, sino una extensión de su vida y ello se traduce en la adopción natural de la empresa como propia: “Siento que hay algo muy bonito en trabajar en tu empresa y es que te pones la camiseta… das todo, pones las manos al fuego por la empresa”.
A nosotros nos toca aprender a contar todo esto de una manera que conecte más con la gente de hoy, con los nuevos mercados, sin obviamente traicionar ni cambiar nada de nuestra esencia”
— Natalia Orendain (Cuarta generación / Marketing manager)
Natalia busca aprovechar las herramientas digitales para contar su historia a las nuevas generaciones. “Aparte de agarrar todo esto que nos pasan con mucho orgullo —y que nos ponen la presión—, a nosotros nos toca contarlo y conectar con más gente. Que Casa Orendain esté en boca de la gente que genuinamente aprecia lo que ofrecemos y que valore no solo calidad, sino también autenticidad”.
Cien años de un legado vivo: El siglo que comienza

Llegar a este 2026 no representa un simple hito en el calendario ni un punto de llegada para Casa Orendain; es la reafirmación de una filosofía de vida donde el tiempo no se mide en trimestres financieros, sino en ciclos de maduración del agave, paciencia de alambique y lealtad inquebrantable a la familia.
El valor de este centenario radica en su autenticidad. No solo ha sobrevivido a las transformaciones del México moderno, sino que se erige como un guardián del origen, del tequila y de la herencia. Sus campos de cultivo siguen perteneciendo a la misma tierra roja que vieron sus fundadores, sus procesos sostienen un equilibrio entre la tradición y la vanguardia, y las decisiones más importantes del negocio continúan tomándose alrededor de la mesa familiar, con la firma de un apellido que ayudó a trazar las reglas del destilado para todo el país.
El presente encuentra a Casa Orendain en su punto de mayor madurez estratégica. La experiencia acumulada por Don Carlos en la segunda generación, la visión corporativa y la firmeza técnica impuesta por Carlos Eduardo en la tercera, y la frescura comunicativa que aporta Natalia desde la cuarta, convergen en una estructura sólida y preparada para proyectar la marca hacia el futuro.
Estos cien años son la base sobre la que se construyen los próximos cien con legado, familia e innovación. Mientras el viento siga cruzando las faldas del Volcán de Tequila, los alambiques mantengan su fuego encendido y las nuevas generaciones sostengan el lema grabado en su escudo de armas —‘Primero morir que traicionar’—, el nombre Orendain seguirá siendo sinónimo de dignidad, respeto a la tierra y orgullo tequilero.

