Adriana Riddle y su liderazgo educativo en Harmony School Saltillo

Dirección, educación y vida: Adriana Riddle y los cimientos de una formación con sentido en Saltillo

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Las bases de una vida dedicada a la educación importan. Son los cimientos que moldean a las siguientes generaciones; por ello, la directora de Harmony School Saltillo cree que toda edificación comienza en la esperanza colectiva.

La historia de la saltillense Adriana Riddle de los Santos comienza en una casa donde el diálogo era constante y la disciplina tenía sentido. Creció en un entorno donde la libertad canalizaba el aprendizaje. “Mis padres fomentaron una comunicación abierta, rutinas claras y, al mismo tiempo, mucha libertad”, recuerda.

Con decisiones pequeñas que resolver por sí mismos, ella y sus hermanos aprendieron autonomía, resiliencia y responsabilidad. Hoy, esas mismas cualidades atraviesan su manera de dirigir Harmony School.

Lo que me mueve es una decisión consciente que renuevo todos los días”, Adriana Riddle, directora del Harmony School Saltillo

El momento en que todo hizo sentido

Su camino profesional inició en la Ingeniería Química, pero a los 18 años una experiencia como guía en una academia en el extranjero redefinió su rumbo. “Ahí descubrí que mi verdadera vocación estaba en la educación”.

Es licenciada en Educación y suma casi cuatro décadas en el ámbito educativo. Comenzó como maestra de inglés mientras estudiaba, coordinó proyectos pioneros como el Museo del Niño El Chapulín y, con la llegada de su primer hijo, fundó un preescolar para equilibrar maternidad y desarrollo profesional.

Más adelante, por la salud de su tercera hija, tomó una decisión profunda: vender el kínder y dedicarse por completo a su familia. Una pausa que, con el tiempo, se convertiría en visión.

Volver con una visión más amplia

Su regreso al ámbito profesional se dio en la Asociación Nacional Pro Superación Personal, A.C. (ANSPAC), donde trabajó durante varios años en educación de adultos y llegó a desempeñarse como presidenta.

Ahí nació el proyecto de Harmony School. Desde 2015 comenzó a involucrarse: primero desde el consejo, luego en la dirección operativa y, desde 2019, como directora general.

Asumir ese rol ya implicaba una enorme responsabilidad, pero pocos meses después llegó la pandemia. “Fue el reto profesional más grande de mi vida”, admite. Un periodo de decisiones complejas, aprendizaje acelerado y compromiso profundo con la comunidad educativa.

Un día como directora

Sus días comienzan recibiendo estudiantes, dialogando con familias y coordinando equipos. “Más allá de lo operativo, lo que guía mi trabajo —y muchas veces me quita el sueño— es cómo seguir enriqueciendo la experiencia de aprendizaje y el bienestar de cada estudiante”.

Adriana lidera desde la colaboración. “Somos un equipo de liderazgo”, afirma. Cada decisión busca coherencia con la misión de la escuela: crear un entorno donde los estudiantes se sientan felices, seguros y acompañados, reconociéndose como parte activa de su comunidad.

Aprender para la vida

Para Adriana, uno de los mayores retos de la educación es mantenerla significativa. En Harmony, el aprendizaje se vive. Cree en una educación que da voz y lleva a la acción.

Recuerda con emoción cuando alumnos de quinto grado construyeron, a través del diálogo, un reglamento para el uso de la cancha. “Sus caras de orgullo cuando supieron que su propuesta sería impresa lo dijeron todo”. Ahí, las ideas se transformaron en impacto real.

Hoy, con hijos autónomos y una vida familiar sólida junto a su esposo —con quien está por cumplir 34 años de matrimonio—, Adriana vive una etapa plena.

La labor de Adriana Riddle impacta directamente en el tejido educativo de Saltillo. Su liderazgo forma infantes capaces de pensar, decidir y actuar con sentido. Bajo su visión, la educación es un acto profundo de responsabilidad y esperanza colectiva.

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