Por: Edgardo López Huerta
Socio en MISHTECH Creative Business Agency
edgardo@mishtech.com / IG: @edgardolh
Tercer intento de comenzar esta colaboración que, mes a mes, me permite dialogar con no estoy muy seguro quién. Trato siempre de hablar como con un buen amigo y, de paso, hacerle un poco de marketing al marketing: compartir cómo la creatividad y mi oficio pueden aportar a un sinfín de industrias.
Y heme aquí, atorado. En un caluroso sábado la inspiración no llegaba, así que decidí cocinar. Entre la sartén y las verduras al fuego, comencé a pensar en el impacto de la comida mexicana en el mundo.
El viernes pasado estuve en Alcalde, reconocido recientemente por la Guía Michelin, disfrutando su menú de nueve tiempos. Una muestra de creatividad que va mucho más allá de la comida: ambiente, servicio, presentación. Algunos platos eran verdaderas obras de arte; sin probarlos, ya los estabas degustando con los ojos.
Quizá por eso llamó mi atención un artículo reciente de The New York Times que afirma que estamos viviendo la era dorada de la comida mexicana en Estados Unidos. Uno de cada diez restaurantes de ese país sirve comida mexicana. Pero lo interesante no es cuánto ha crecido, sino cómo ha cambiado.
Hasta hace algunos años, encontrarse con un restaurante mexicano en Estados Unidos significaba muchas veces un lugar para mexicanos que buscaban un pedacito de su tierra o un intento por adaptar nuestra comida al gusto estadounidense. Ya saben: tacos que no saben a tacos.
Durante mucho tiempo creímos que para conquistar el mundo había que traducirnos, quitándole un poco de México a lo nuestro. Parece que aquel intento casi absurdo de traducir una gordita de chicharrón como pork little fat quedó atrás. Hoy escribimos gordita, mole y birria con todas sus letras y en español.
Una lección para quienes construimos marcas: cuando una categoría madura, lo genérico pierde valor y lo específico comienza a ganarlo. Hoy un restaurante puede construir su reputación alrededor de una sola cosa extraordinariamente bien hecha: carnitas de Michoacán, tortillas de Sonora o chalupas de Puebla.
No necesitan esconder su origen. Su origen es precisamente su diferenciador. Pero ojo: reivindicar nuestro origen tampoco significa caer en clichés. “Sabor que se nota”, el título de esta columna, es el slogan de Bionda, una marca de quesos mexicanos que he tenido oportunidad de acompañar desde su nacimiento.
Su dueño quería hacer quesos extraordinarios y rendir homenaje a México. La respuesta fácil hubiera sido vestir la marca de verde, blanco y rojo, agregar un sarape y un sombrero.
Decidimos hacer lo contrario: dignificar su origen. Sofisticar su imagen con guiños a nuestra cultura, como lo hacía desde el producto: un queso Oaxaca perfectamente armado, casi como una rosa; un requesón tradicional presentado con enorme cuidado.
Aquella pequeña marca de Aguascalientes hoy compite frente a grandes jugadores y nos permitió ganar un Premio Effie en la categoría David contra Goliat. ¿Por qué importan los premios? Porque reconocer lo bien hecho eleva el estándar, empuja industrias y nos obliga a ser mejores.
Este septiembre, mes de los TOP Restaurants PLAYERS, dense la oportunidad de probar, recomendar y aplaudir a quienes lo están haciendo bien. El producto, el servicio, la experiencia, cada detalle. Todo eso también es marketing.
La gastronomía mexicana nos está recordando algo: la autenticidad no es una limitación. Es una ventaja competitiva.
Buen provecho.
