Quince años a fuego lento

Nóvament celebra 15 años ayudando a empresas familiares del norte a crecer sin depender de su dueño. Y anuncia hacia dónde va: que las familias sigan unidas y que su legado no muera en la segunda generación.

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Las brasas ya estaban listas cuando llegaron los primeros invitados. En el asador de la Sociedad Mexicana de Parrilleros, Capítulo Miravalle, se cocinaba la carne sin prisa, como se cocinan las cosas que valen la pena. No fue casualidad. Para celebrar sus 15 años, Nóvament eligió una experiencia de fuego, y su fundador, Jesús Enrique “Kike” Pérez Altamirano, explicó por qué: “Siempre he dicho que las cosas buenas se cocinan a buen fuego y a fuego lento”.

Alrededor de las mesas había clientes que llevan ocho, diez, doce y hasta quince años trabajando con la firma. Directores, dueños y familias empresarias que, entre corte y corte, contaban la misma historia con distintos nombres: la de una empresa que dejó de depender de una sola persona.

Una historia que empezó con una pregunta

Nóvament no nació como consultoría. Nació como una fundación que ayudaba a jóvenes a encontrar su propósito de vida. En ese entonces Kike trabajaba en CEMEX, después de una carrera en PepsiCo y Alfa, cuando empezaron a buscarlo empresarios con una petición poco común:

“Me pidieron que le ayudara a su gente a encontrar su propósito y a ver cómo lo alineábamos con el propósito de la empresa”.

Ahí apareció la pregunta que hasta hoy define a la firma: ¿cómo se une lo que la gente quiere con lo que la empresa necesita lograr? Hace 15 años, Kike renunció a CEMEX para dedicarse a responderla en más y más empresas.

“Ligar la parte de la gente con los objetivos de negocio se complica, y eso se llama cultura organizacional. Pocos en México han podido hacer ese puente: preocuparnos por la gente, pero también preocuparnos por que los objetivos se logren”.

El empresario que ya no puede soltar

Quien se sienta frente a Nóvament suele tener un perfil muy claro. Es dueño y director general al mismo tiempo. Es la segunda generación de una empresa que fundó su padre, y la tercera ya está entrando. Su empresa creció más rápido que su estructura, y él lo sabe. Lo dice con frases que el equipo de Nóvament ha escuchado decenas de veces: “Casi todas las decisiones pasan por mí”. “La operación nos está comiendo”. “Hicimos un protocolo familiar hace años y nunca lo volvimos a abrir”.

Parecen tres problemas, pero es uno solo visto en tres capas. Las decisiones pasan por el dueño porque la empresa no tiene una estructura que pueda tomarlas sin él. Esa estructura no existe porque el protocolo familiar que debía crearla se quedó en el papel. Y se quedó en el papel porque nadie acompañó a la familia a ponerlo en práctica. Mientras tanto, la operación se come el día del dueño.

Para ordenar ese nudo, Nóvament trabaja con un modelo que cualquier familia empresaria reconoce en cinco minutos: los Cuatro Cuartos. Arriba, cubriéndolo todo, está el Cuarto de la Familia. Debajo están el Cuarto de los Propietarios, el del Consejo y el de la Dirección. Cuando las conversaciones de un cuarto se discuten en otro, la empresa se traba. La sobremesa se convierte en junta de consejo, y la junta de dirección, en pleito de familia.

“La cultura no es un cuarto: es lo que conecta los cuatro”.

Lo que viene: que el conflicto no mate al legado

Durante 15 años, Nóvament ayudó a las empresas en su parte operativa: estrategia, procesos, talento y tableros de indicadores. La siguiente etapa mira más alto, al cuarto que está arriba de todos.

“Las empresas familiares en la segunda o la tercera generación se mueren por temas de conflictos o porque no están preparadas. Queremos ayudar a las familias a que la empresa deje un legado, que trascienda en el tiempo y que los conflictos no la maten”.

Por eso la firma está enfocada ahora en que las familias sigan unidas, en que sus valores y su cultura trasciendan, y en preparar a la siguiente generación antes de que la sucesión se vuelva urgente. Su línea de trabajo lo resume así: el reto no es crecer; el reto es construir una empresa que pueda crecer sin depender de ti.

Una noche para agradecer

La celebración fue, sobre todo, un agradecimiento. Todo el equipo de Nóvament cocinó, sirvió y convivió con clientes, aliados y amigos que han sido parte de la historia. Kike lo dijo frente a la cámara, sin discurso preparado:

“Cumplimos 15 años, gracias a Dios, de estar ayudando a empresarios y a empresas a que cumplan y encuentren su propósito. Estamos bien contentos, apapachando a todos nuestros clientes, que han confiado en nosotros estos 15 años”.

Quince años después, la receta sigue igual: buen fuego, paciencia y gente que se queda hasta que el trabajo está hecho.

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