SANTIAGO ROEL MELO ABOGADO, POLÍTICO E HISTORIADOR

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Escrito por Juan José Silva Benitez
En la metropolitana Monterrey de mediados del siglo XIX no se conocía el desánimo ni el escepticismo, sino todo lo contrario, regiomontanos y extranjeros de esos heroicos tiempos se entregaron al trabajo fecundo con titánico esfuerzo, clara inteligencia y gran tesón. Entre esa raza de titanes del comercio y la industria destacaba Don José Calderón Penilla como el más audaz, exitoso y creativo.
      Nació en esta capital el 24 de marzo de 1838. Sus padres de quienes heredó talento y carácter, fueron Pedro Calderón y María de la Luz Penilla. La distinguida familia disfrutaba de una posición acomodada, según los cánones en boga, mas sin embargo, a Don José se le educó con la frugalidad que desde entonces distingue a nuestra ciudad. Participó como accionista de la gran fábrica de hilados y tejidos La Fama en 1854 (fecha de la erección de esta empresa considerada la más importante de la época).
     Fundó, sin haber realizado estudios formales, la Casa Calderón; echando mano de su inteligencia, espíritu empresarial y gran capacidad de trabajo, y con el decidido apoyo moral y material de su padre. Aún en nuestros días se levanta la hermosa casona de cantera de la vieja calle del Padre Mier, donde bajo la enérgica admiración de Don José y sus socios Issac Garza y José Muguerza, inició la firma comercial, que hacia fines de la década de los 80 del siglo XIX se había convertido en una auténtico emporio de la región noreste y la frontera. En estos años, bajo la administración del General Reyes, vientos de cambio empujados por la llegada del ferrocarril a nuestra ciudad trajeron emprendedores y capital extranjero, costumbres, hábitos y toda una cultura que no pasó desapercibida para nuestro personaje. Entre las variadas mercancías que la Casa Calderón ofrecía a su distinguida clientela, estaba la excelente cerveza Schneider, de la cervecería del mismo nombre, situada en St. Louis, Missouri.
     Observando el clima caluroso de la región, que dura más de siete meses, tuvo la idea de establecer una cervecería donde producir esta bebida, disminuyendo así los costos. En primera instancia les compró a unos empresarios alemanes una pequeña fábrica establecida a orillas del río Santa Lucía, que fue el germen de la futura Cervecería Cuauhtémoc. Se asoció con el empresario yanqui Joseph Marie Schneider, quien aportó técnicas y maquinaria. Con su peculiar mística de trabajo, Don José se entregó a planificar la fundación de su empresa, pero el destino tenía una cita con él, pues falleció el 25 de marzo de 1889, a los 46 años. Al cabo de un año su amado sueño se cristalizó: el 8 de noviembre de 1890 se estableció la gran Cervecería Cuauhtémoc de Monterrey, irrumpiendo en la historia productiva de nuestra ciudad y del país.

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